El liberalismo según el juicio de la Iglesia

Una condena reiterada y coherente
La encíclica Mirari Vos de Gregorio XVI
Gregorio XVI (Papa de 1831 a 1846) publicó su primera encíclica, Mirari Vos, sobre los errores modernos, el 15/08/18321.
Aunque no utiliza los términos “liberal” ni “liberalismo”, se suele considerar que esta encíclica contiene la primera condena pontificia del liberalismo, porque condena la libertad de conciencia, la libertad de prensa y la separación de la Iglesia y el Estado. Comento que esos conceptos son condenados en su sentido liberal, vale decir en conexión con el indiferentismo religioso.
La encíclica Quanta Cura de Pío IX
El Beato Pío IX (Papa de 1846 a 1878) publicó su encíclica Quanta Cura el 08/12/18642.
Esta fue acompañada por un anexo (el Syllabus) que condena los principales errores de la época, enumerando 80 proposiciones erróneas rechazadas en distintos escritos del mismo Pío IX. Se condenan por ejemplo el panteísmo y el racionalismo. Las últimas cuatro proposiciones (77-80) se refieren al liberalismo. Se destaca la última:
“El Romano Pontífice puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, con el liberalismo y con la moderna civilización3.”
La encíclica Libertas Praestantissimum de León XIII
León XIII (Papa de 1878 a 1903) publicó la encíclica Libertas Praestantissimum sobre la libertad y el liberalismo el 20/06/18884.
Como ya vimos, en esa encíclica León XIII define y condena tres grados del liberalismo.
Primer grado: rechazo del orden natural y el orden sobrenatural tanto en la vida privada como en la vida pública.
Segundo grado: aceptación del orden natural y rechazo del orden sobrenatural en ambos ámbitos (privado y público).
Tercer grado: aceptación de ambos órdenes en la vida privada, y aceptación del orden natural y rechazo del orden sobrenatural en la vida pública. Este grado corresponde a la desviación denominada “cristianismo liberal”.
La encíclica Rerum Novarum de León XIII
León XIII publicó la encíclica Rerum Novarum sobre la situación de los obreros el 15/05/18915.
En esta encíclica, León XIII analiza los problemas traídos por el capitalismo liberal y rechaza la solución socialista.
“Es urgente proveer de la manera oportuna al bien de las gentes de condición humilde, pues es mayoría la que se debate indecorosamente en una situación miserable y calamitosa, ya que, disueltos en el pasado siglo los antiguos gremios de artesanos, sin ningún apoyo que viniera a llenar su vacío, desentendiéndose las instituciones públicas y las leyes de la religión de nuestros antepasados, el tiempo fue insensiblemente entregando a los obreros, aislados e indefensos, a la inhumanidad de los empresarios y a la desenfrenada codicia de los competidores. Hizo aumentar el mal la voraz usura, que, reiteradamente condenada por la autoridad de la Iglesia, es practicada, no obstante, por hombres codiciosos y avaros bajo una apariencia distinta. Añádase a esto que no solo la contratación del trabajo, sino también las relaciones comerciales de toda índole, se hallan sometidas al poder de unos pocos, hasta el punto de que un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios6.”
La encíclica Quadragesimo Anno de Pío XI
Pío XI (Papa de 1922 a 1939) publicó la encíclica Quadragesimo Anno el 15/05/1931 para celebrar el 40º aniversario de la Rerum Novarum7.
“Ahora bien, no toda distribución de bienes y riquezas entre los hombres es idónea para conseguir (…) el fin establecido por Dios. Es necesario, por ello, que las riquezas, que se van aumentando constante-mente merced al desarrollo económico-social, se distribuyan entre cada una de las personas y clases de hombres, de modo que quede a salvo esa común utilidad de todos, tan alabada por León XIII, o, con otras palabras, que se conserve inmune el bien común de toda la sociedad. (…)
A cada cual, por consiguiente, debe dársele lo suyo en la distribución de los bienes, siendo necesario que la partición de los bienes creados se revoque y se ajuste a las normas del bien común o de la justicia social, pues cualquier persona sensata ve cuán gravísimo trastorno acarrea consigo esta enorme diferencia actual entre unos pocos cargados de fabulosas riquezas y la incontable multitud de los necesitados8”.
“Salta a los ojos de todos, en primer lugar, que en nuestros tiempos no sólo se acumulan riquezas, sino que también se acumula una descomunal y tiránica potencia económica en manos de unos pocos (…)
Dominio ejercido de la manera más tiránica por aquellos que, teniendo en sus manos el dinero y dominando sobre él, se apoderan también de las finanzas y señorean sobre el crédito, y por esta razón administran, diríase, la sangre de que vive toda la economía (…)
Esta acumulación de poder y de recursos, nota casi característica de la economía contemporánea, es el fruto natural de la ilimitada libertad de los competidores, de la que han sobrevivido sólo los más poderosos, lo que con frecuencia es tanto como decir los más violentos y los más desprovistos de conciencia.
Tal acumulación de riquezas y de poder origina, a su vez, tres tipos de lucha: se lucha en primer lugar por la hegemonía económica; cabe mencionar luego el rudo combate para adueñarse del poder público, para poder abusar de su influencia y autoridad en los conflictos económicos; finalmente, pugnan entre sí los diferentes Estados, ya porque las naciones emplean su fuerza y su política para promover cada cual los intereses económicos de sus súbditos, ya porque tratan de dirimir las controversias políticas surgidas entre las naciones, recurriendo a su poderío y recursos económicos9”.
La encíclica Centesimus Annus de Juan Pablo II
San Juan Pablo II (Papa de 1978 a 2005) publicó la encíclica Centesimus Annus el 01/05/1991, en el centenario de la Rerum Novarum10.
En esta encíclica Juan Pablo II retomó la crítica del liberalismo hecha por León XIII. Éste critica una concepción del Estado que deja la esfera de la economía totalmente fuera del propio campo de interés y de acción. Existe una legítima esfera de autonomía de la actividad económica, donde no debe intervenir el Estado. Sin embargo, al Estado le corresponde salvaguardar las condiciones fundamentales de una economía libre, que presupone una cierta igualdad entre las partes.
La Rerum Novarum señala las vías de las justas reformas que devuelven al trabajo su dignidad de libre actividad del hombre. Históricamente esto se ha logrado de dos modos convergentes: con políticas económicas dirigidas hacia el crecimiento equilibrado y el pleno empleo y con seguros contra el desempleo y políticas de capacitación profesional. Por otra parte, la sociedad y el Estado deben asegurar unos salarios mínimos adecuados y buenas condiciones de trabajo.
En el fondo el error del liberalismo consiste en una concepción de la libertad humana que la aparta de la obediencia de la verdad y, por ende, también del deber de respetar los derechos de los demás hombres. Así la libertad degenera en afianzamiento ilimitado del propio interés.
La libertad económica no debe ser absolutizada, porque es sólo un aspecto de la libertad humana. Existe un derecho natural a la propiedad privada, pero no es un derecho absoluto. Cada propiedad privada está gravada por una hipoteca social. Debo utilizar mis bienes, no sólo en mi propio beneficio, sino también en beneficio de los demás.
“Si por ‘capitalismo’ se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de ‘economía de empresa’, ‘economía de mercado’, o simplemente de ‘economía libre’.
Pero si por ‘capitalismo’ se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa11”.
La encíclica Caritas in Veritate de Benedicto XVI
Benedicto XVI (Papa de 2005 a 2013) publicó la encíclica Caritas in Veritate sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad el 29/06/200912.
“La actividad económica no puede resolver todos los problemas sociales ampliando sin más la lógica mercantil. Debe estar ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política. Por tanto, se debe tener presente que separar la gestión económica, a la que correspondería únicamente producir riqueza, de la acción política, que tendría el papel de conseguir la justicia mediante la redistribución, es causa de graves desequilibrios.
La Iglesia sostiene siempre que la actividad económica no debe considerarse antisocial. Por eso, el mercado no es ni debe convertirse en el ámbito donde el más fuerte avasalle al más débil. La sociedad no debe protegerse del mercado, pensando que su desarrollo comporta ipso facto la muerte de las relaciones auténticamente humanas. Es verdad que el mercado puede orientarse en sentido negativo, pero no por su propia naturaleza, sino por una cierta ideología que lo guía en este sentido.
No se debe olvidar que el mercado no existe en su estado puro, se adapta a las configuraciones culturales que lo concretan y condicionan. En efecto, la economía y las finanzas, al ser instrumentos, pueden ser mal utilizados cuando quien los gestiona tiene solo referencias egoístas. De esta forma, se puede llegar a transformar medios de por sí buenos en perniciosos. Lo que produce estas consecuencias es la razón oscurecida del hombre, no el medio en cuanto tal. Por eso, no se deben hacer reproches al medio o instrumento sino al hombre, a su conciencia moral y a su responsabilidad personal y social13”.
Conclusiones
El liberalismo es incompatible con el cristianismo porque desestima el principio de solidaridad.
La Iglesia acepta una autonomía legítima de los asuntos temporales, pero se opone al laicismo que intenta confinar la religión al ámbito estrictamente privado.
La Iglesia defiende los derechos humanos y la libertad religiosa (en el sentido de inmunidad de coacción externa), pero diferenciándola de la indiferencia religiosa.
La Iglesia acepta la democracia y el capitalismo o economía de mercado, pero exige siempre el respeto de la ley moral. Según la doctrina cristiana, la ley moral (natural y sobrenatural) debe regir en la vida privada y en la vida pública, con una salvedad sobre el orden sobrenatural en la vida pública: la distinción que hace la doctrina católica tradicional entre la “tesis” (el ideal del Estado católico) y la “hipótesis”: unas circunstancias concretas que hacen que en determinados países y épocas el Estado católico sea inviable o incluso inconveniente. Cabe suponer que en nuestra época y en casi todo el mundo estamos en las condiciones de esa hipótesis.
El cristiano siempre debe centrar su atención en vivir santamente, evangelizar y esperar la segunda venida de Cristo, no necesariamente del Estado cristiano.
La Doctrina Social de la Iglesia rechaza el liberalismo económico por permitir o alentar el afán desordenado de lucro y la explotación de los trabajadores, lesionando su dignidad humana. El Magisterio de la Iglesia sostiene que la libertad económica debe estar enmarcada en un contexto jurídico sólido al servicio del bien común, la solidaridad y la subsidiariedad. El mercado es un instrumento eficiente, pero, contrariamente a lo sostenido por el “dogma liberal o neoliberal”, es insuficiente por sí solo para satisfacer todas las necesidades humanas14.
Para profundizar sobre este tema, véase el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia15.
Daniel Iglesias Grèzes
Notas
1) Gregorio XVI, encíclica Mirari Vos sobre los errores modernos, 1832
2) Pío IX, encíclica Quanta Cura sobre los principales errores de la época, 1864
3) Íbidem, Syllabus, n. 80.
4) León XIII, encíclica Libertas Praestantissimum sobre la libertad y el liberalismo, 1888
5) León XIII, encíclica Rerum Novarum sobre la situación de los obreros, 1891
6) Ibídem, n. 1.
7) Pío XI, encíclica Quadragesimo Anno sobre la restauración del orden social en perfecta conformidad con la ley evangélica, 1931
8) Ibídem, nn. 57-58.
9) Ibídem, nn. 105-108.
10) Juan Pablo II, encíclica Centesimus Annus en el centenario de la Rerum Novarum, 1991
11) Ibídem, n. 42.
12) Benedicto XVI, encíclica Caritas in Veritatesobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad, 2009
13) Ibídem, n. 36.
14) Cf. Francisco, encíclica Fratelli Tutti sobre la fraternidad y la amistad social, 2020, n. 168.
15) Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 2004
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