¿Qué es el liberalismo?

La absolutización de la libertad de elección
Definiciones insuficientes
El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define el término “liberalismo” así:
“1. Doctrina política que postula la libertad individual y social en lo político y la iniciativa privada en lo económico y cultural, limitando en estos terrenos la intervención del Estado y de los poderes públicos. 2. Actitud que propugna la libertad y la tolerancia en la vida de una sociedad1“.
Estas dos definiciones sirven como una primera aproximación, pero no son muy precisas, porque no expresan claramente la noción liberal de la libertad. Si el liberalismo fuera sólo lo que dice el DRAE, ¿por qué la Iglesia Católica lo habría condenado tantas veces? ¿Y por qué, por ejemplo, en lo referente a la religión de los habitantes del Uruguay, el Censo de Población de 1908 habría registrado un 70% de católicos, un 21% de liberales, un 2% de protestantes y un 7% de otros?
Para captar la esencia del liberalismo, es necesario profundizar más. La cuestión es compleja porque hay un liberalismo filosófico, un liberalismo político, un liberalismo económico, un liberalismo social o cultural y un liberalismo teológico; y porque hay versiones diferentes de cada uno de esos liberalismos. Empero, pese a toda esa diversidad, es posible captar la esencia del liberalismo con una definición más exacta que las del DRAE.
Otra definición insuficiente del liberalismo es la que ofrece el historiador y filósofo materialista israelí Yuval Noah Harari. El autor se pregunta qué es el liberalismo y dice:
“¿Cree que la gente debe elegir a su gobierno en lugar de obedecer ciegamente a un monarca? ¿Cree que una persona debe elegir su profesión en lugar de pertenecer por nacimiento a una casta? ¿Cree que una persona debe elegir a su cónyuge en lugar de casarse con quien hayan decidido sus padres? Si responde sí a las tres preguntas, enhorabuena, es usted liberal2.”
Ésta es una mala definición del liberalismo. Si fuera verdadera, todo cristiano sería liberal, porque el cristiano no acepta la obediencia ciega en general, ni la obediencia ciega a un monarca en particular, ni la existencia de castas, y exige que el mutuo consentimiento sea libre para la validez del matrimonio.
Las definiciones de León XIII
En su encíclica Libertas Praestantissimum (de 1888), el Papa León XIII definió tres grados del liberalismo de la manera siguiente, donde “orden” significa “ley moral establecida por Dios3”.
- Liberalismo de primer grado: rechazo del orden natural y del orden sobrenatural, tanto en la vida privada como en la vida pública. La razón humana es la única fuente de la verdad, la moral y el derecho. El Estado es totalmente autónomo con respecto a Dios. Ésta es la posición de Rousseau, los jacobinos, Comte y los ateos en general.
- Liberalismo de segundo grado: aceptación del orden natural y rechazo del orden sobrenatural, tanto en la vida privada como en la vida pública. Ésta es en principio la posición de Voltaire, Kant, Jefferson y los deístas ilustrados en general.
- Liberalismo de tercer grado: aceptación del orden natural y del orden sobrenatural en la vida privada y del orden natural en la vida pública, y rechazo del orden sobrenatural en la vida pública. Ésta es en principio la posición de Locke, Cavour, Tocqueville, Montalembert, Mill y los liberales cristianos en general. Éstos suelen defender el principio de “una Iglesia libre en un Estado libre”.
Lo que estos tres grados del liberalismo tienen en común es el rechazo del orden sobrenatural en la vida pública, de lo que se podría deducir que el elemento esencial que caracteriza al liberalismo es la neutralidad religiosa del Estado y, por ende, su separación de la Iglesia. Sin embargo, León XIII, a mi juicio con razón, ve el núcleo del liberalismo en la pretensión de autonomía moral del ser humano:
“El núcleo esencial es el siguiente: es absolutamente necesario que el hombre quede todo entero bajo la dependencia efectiva y constante de Dios. Por consiguiente, es totalmente inconcebible una libertad humana que no esté sumisa a Dios y sujeta a su voluntad. Negar a Dios este dominio supremo o negarse a aceptarlo no es libertad, sino abuso de la libertad y rebelión contra Dios. Es ésta precisamente la disposición de espíritu que origina y constituye el mal fundamental del liberalismo. Sin embargo, son varias las formas que éste presenta, porque la voluntad puede separarse de la obediencia debida a Dios o de la obediencia debida a los que participan de la autoridad divina, de muchas formas y en grados muy diversos4.”
Los liberales de primer grado son consecuentes con su principio básico de autonomía moral, mientras que los de segundo o tercer grado no lo son.
La definición de Pablo da Silveira
El filósofo católico y liberal uruguayo Pablo da Silveira ha ofrecido una definición del liberalismo compuesta por los siguientes cinco elementos5.
1) El diagnóstico liberal sobre nuestro contexto de acción incluye los siguientes datos fundamentales:
a) inevitabilidad de la coexistencia social;
b) inseparabilidad entre la coexistencia social y la escasez moderada de recursos;
c) el hecho del pluralismo: radical diversidad (ni arbitraria ni pasajera) de las convicciones morales, metafísicas y religiosas de los individuos.
2) Para organizar la coexistencia social en este contexto, los liberales optan por un Estado que:
a) protege una serie de derechos fundamentales que benefician incondicionalmente a todos los ciudadanos;
b) se mantiene neutro respecto de la cuestión del bien, es decir, respecto a las diferentes concepciones de la vida buena que son preferidas por los individuos.
Adelanto aquí dos de los muchos cuestionamientos que cabría plantear al liberalismo así definido.
A) ¿Puede existir realmente un Estado moralmente neutro? ¿Acaso la neutralidad moral es posible?
B) Dado que la protección de los derechos humanos fundamentales es una cuestión moral, ¿cómo podría ser moralmente neutral un Estado que cumpla esa función de protección?
La definición de Alberto Benegas Lynch (hijo)
El economista y académico católico y liberal argentino Alberto Benegas Lynch (hijo) ha dado la siguiente definición del liberalismo, que se ha popularizado mucho:
“El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad6.”
Un aspecto capital de esta definición es el principio de no agresión, que proviene de John Stuart Mill: ninguna persona o grupo tiene el derecho de iniciar el uso de la fuerza o la violencia contra la vida, la libertad o los bienes de otra persona. En otras palabras, se rechaza el daño directo, tangible y demostrable a otro que atente contra su derecho a la vida, la libertad o la propiedad. Por lo demás, la libertad liberal sería total.
Nótese que un Estado que se atuviera a ese respeto irrestricto, exceptuando el caso de daño a los derechos de otros, no podría hacer ninguna distinción o discriminación entre las personas según su estilo de vida. Tendría que legalizar las drogas, la pornografía, la prostitución y el suicidio asistido. Trataría exactamente de la misma forma al santo (o sea, a quien vive todas las virtudes humanas y cristianas en grado heroico) que a la persona cuyo proyecto de vida es obtener para sí mismo todo el dinero, el placer o el poder posibles. No estimularía ni desestimularía la humildad, la castidad, la obediencia, la avaricia, la gula, la lujuria, la mentira, el adulterio, ni ninguna virtud o vicio moral, ningún acto moralmente bueno o malo, más allá de las pocas excepciones ya indicadas: no matar, no esclavizar, no robar, etc.
La definición de Patrick Deneen7
El filósofo católico posliberal estadounidense Patrick Deneen sostiene que el liberalismo se caracteriza por haber redefinido el concepto de libertad de tal modo que su significado actual es casi el contrario del que tenía en la antigüedad grecorromana y la Cristiandad medieval.
Para éstas la libertad, tanto en el nivel individual como en el colectivo, era el autodominio alcanzado mediante un arduo ejercicio de autodisciplina, a fin de someter la fuerza de los apetitos y las pasiones y adquirir las virtudes morales. Según esa visión, que sigue siendo la visión cristiana, la verdadera libertad del hombre es su acción conforme a su propia naturaleza de animal racional, espiritual, social y político.
En cambio, para el liberalismo la libertad es esencialmente la ausencia de restricciones externas que impidan al ser humano realizar sus deseos, cualesquiera que sean, salvo los casos de daño directo a otros.
Este cambio del concepto de libertad fue acompañado por un cambio en la visión de la ciencia, que ya no es concebida como una búsqueda racional y sistemática de la verdad, sino como un esfuerzo para someter la Naturaleza, a fin de que el ser humano pueda hacer su voluntad en el mayor grado posible. De hecho, Thomas Hobbes, el pensador que, sin ser liberal, sentó las bases del liberalismo, fue secretario de Francis Bacon, el primer filósofo que expresó la visión de la ciencia como una guerra contra la Naturaleza, típica de la modernidad.
Mi definición
Pienso que las definiciones del liberalismo dadas por León XIII, da Silveira, Benegas y Deneen son sustancialmente coincidentes entre sí. A modo de síntesis de lo dicho hasta aquí, propongo la siguiente definición.
La esencia del liberalismo es una concepción del ser humano y de la sociedad humana que atribuye a los individuos una autonomía moral casi absoluta, no limitada por la ley moral, natural o sobrenatural, salvo el caso de daño directo, tangible y demostrable a la vida, la libertad o los bienes de otra persona. Aparte de esa excepción, no existirían más obligaciones morales que las que el individuo elija libremente. Ahora bien, en el fondo esto implica que el individuo no tiene ninguna otra obligación moral, ya que, así como eligió libremente asumir una obligación moral, en cualquier momento, si quiere, puede revocar esa decisión, eligiendo libremente no seguir atado a esa obligación. Por ejemplo, la obligación moral de fidelidad conyugal asumida por los esposos en el día de su boda no tendría ningún sentido si hoy cualquiera de ambos pudiera dispensarse de esa obligación por su sola voluntad.
En el ámbito político y económico, dicha autonomía moral se traduce en una concepción del Estado y del mercado como entes neutrales en cuanto a la religión y la moral. Según la filosofía liberal, sólo esa neutralidad religiosa y moral podría sustentar la autonomía moral del individuo. Además, en el ámbito cultural, dicha autonomía moral se traduce en una liberación del individuo con respecto a las tradiciones, mentalidades y costumbres de las comunidades (familiares, locales, religiosas, nacionales, etc.) a las que pertenece. Según la filosofía liberal, el Estado debería apoyar esa liberación.
Daniel Iglesias Grèzes
Notas
1) https://dle.rae.es/liberalismo
2) Yuval Noah Harari, Los cerebros ‘hackeados’ votan; en: El País, Montevideo, 06/01/2019.
3) Cf. León XIII, carta encíclica Libertas Praestantissimum sobre la libertad y el liberalismo, nn. 11-14.
4) Ibídem, n. 24.
5) Cf. Pablo da Silveira-Ramón Díaz, Diálogo sobre el liberalismo, Taurus, Montevideo, 2001, pp. 119-125 (páginas escritas por Pablo da Silveira).
7) Cf. Patrick J. Deneen, Why Liberalism Failed? [¿Por qué fracasó el liberalismo?], Yale University Press, New Haven y Londres, 2018, Cap. 1.
16 comentarios
Muchos aseguran que hay muchos liberalismos distintos y que el liberalismo del siglo XIX, condenado por siglo y medio de magisterio antiliberal, liberalismo fundado en el indiferentismo religioso, no es ya el liberalismo de nuestros días.
Pero ya el libro de Sardá fue denunciado a la Santa Sede por los liberales de signo católico de aquel entonces, antecesores de los actuales. Denuncia que tuvo como resultado la aprobación del libro por León XIII.
En algo llevan razón los que afirman que el liberalismo de entonces, condenado por siglo y medio de magisterio antiliberal, era distinto al actual. El actual es mucho peor.
El liberalismo del siglo XIX había rechazado la sumisión política a Cristo Rey y su Iglesia. Pero básicamente respetaba todavía la ley natural.
Por supuesto que el liberalismo radicalizado de nuestros días sigue sin aceptar la sumisión política a Cristo Rey y su Iglesia, que ya ni se predica por los hombres de Iglesia salvo honrosas excepciones.
Pero es que además el liberalismo radicalizado de nuestros días progresivamente ha abandonado cualquier vestigio de respeto por la ley natural: divorcio, contracepción, aborto procurado, fomento de la sodomía, sedicente matrimonio entre homosexuales, fecundación artificial, eutanasia, fusión entre los hombres y las máquinas etc.
Mi definición
salvo el caso de daño directo, tangible y demostrable a la vida, la libertad o los bienes de otra persona.
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Creo que esa parte de su definición particular de liberalismo constituye, a mi juicio, un error serio, y además un error estratégicamente peligroso. Porque abre una rendija —y ya sabemos que por las rendijas entra luego hasta el ganado entero— a los liberales anticatólicos para presentarse como los verdaderos defensores del “único daño relevante”: el daño directo, tangible, cuantificable y demostrable. Es decir, aquello que puede medirse con regla, pesarse en báscula o enseñarse en una estadística con cara de ciencia infalible.
A partir de ahí, todo lo demás queda relegado a una especie de limbo vaporoso: el daño moral, cultural, espiritual o civilizatorio pasaría a considerarse algo secundario, subjetivo, discutible… casi una manía personal del observador. Y ahí empieza el problema. Porque una vez aceptado ese marco, el debate ya no gira sobre si algo corrompe o degrada, sino sobre cuánto tarda en poder fotografiarse el cadáver social.
Además, esa distinción entre daños “objetivos” y daños “difusos” termina inevitablemente degenerando en una caricatura donde cualquier advertencia moral profunda puede despacharse como “obsesión”, “talibanismo” o exageración apocalíptica del sujeto de turno. Y claro, si el criterio último acaba siendo únicamente aquello que produce un daño inmediato y verificable, entonces media modernidad entra por la puerta grande con banda de música y certificado de inocencia.
Por eso me parece una definición peligrosa: porque concede al adversario el terreno conceptual desde el principio. Y ya sabemos que cuando uno acepta jugar en campo ajeno, acaba celebrando hasta los goles que le meten.
Si me permite la objeción, estimado Daniel.
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DIG: Gracias, pero ese pasaje no expresa mi opinión sobre cómo deben ser las cosas, sino cómo los liberales definen el liberalismo. Me parece una cuestión de honestidad intelectual definirlo de una forma ecuánime, en la que ellos puedan reconocer su propia postura. Lo contrario es la falacia del hombre de paja: definir la posición del adversario de una forma caricaturesca porque así resulta más fácil refutarlo.
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DIG: La cultura liberal y secularista nació dentro de la Cristiandad y no podría haber nacido en ningunaotra parte, pero nació allí a modo de "herejía" cristiana. Dios mediante, próximamente volveré a escribir algo al respecto.
No las de la India claro, pero sí que por nacimiento una persona será toda su vida parte de una familia aristocrática y otra será un siervo de la gleba.
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DIG: Las clases sociales no son castas y no determinan para siempre todos los aspectos de la vida de una persona. Los siervos de la gleba existieron en la época feudal por razones históricas, sociales, etc., que el cristianismo contribuyó mucho a superar.
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En cuanto a la obediencia ciega, la encíclica Mirari vos de Gregorio XVI condenando el liberalismo, la separación Iglesia Estado, libertad de pensamiento y de prensa y recordando el deber de los cristianos de obedecer a sus príncipes incluso si son paganos y cometen abusos, es bastante explícito.
"Inquebrantable sumisión a los príncipes" escribió el Papa.
Si se considera vigente esa encíclica, entonces es incompatible la religión católica con la democracia. Y no digo democracia liberal sino democracia a secas, porque sin esas libertades no hay auténtica democracia por muchos adjetivos que se pongan como "democracia popular","democracia orgánica"etc.
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DIG: Es evidente que Gregorio XVI habla allí de la obediencia debida a las autoridades políticas legítimas, que en general eran "príncipes" en esa época. Esa expresión retórica no anula la doctrina política católica anterior y posterior que reconoce a la democracia como una de las formas de gobierno legítimas.
Por otra parte, lo de obediencia ciega te lo has inventado tú. También es doctrina católica tradicional (tanto anterior como posterior a esa encíclica) el derecho del pueblo a una insurrección legítima contra una tiranía en determinados casos.
Porque esa profecía del mentiroso por naturaleza, paradójicamente se ha cumplido merced al liberalismo. Ahora somos "como dioses"; hemos "matado" al único y verdadero Dios (Nietzsche dixit), eliminándolo de nuestras almas y de nuestras legislaciones, y hemos renunciado no sólo a la dignidad de ser hijos de Dios sino a ser meras criaturas del Dios providente. Y ahora somos bufones del demonio, apartados de Dios y con un futuro aterrador por delante.
Y todo gracias al liberalismo. Qué razón tenían los Papas, desde Gregorio XVI hasta el Concilio Vaticano II.
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DIG: Sí, pero los aspectos positivos del capitalismo y la Ilustración (economía de mercado, estado de derecho, democracia, reconocimiento jurídico de derechos humanos, secularidad, etc.) son frutos del cristianismo.
" Las tradiciones, costumbres y mentalidades comunitarias no han sido totalmente suprimidas, ya que los individuos las mantienen"
No queda nada de cristianismo a nivel social, solo ritos simbólicos. Esa época acabó hace ya tiempo para dar comienzo a la era del aborto y la ingeniería antropológica.
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DIG: No es cierto que no quede nada del cristianismo en el nivel social o cultural. Sí es verdad que la influencia social y cultural del cristianismo está muy disminuida hoy.
"la voluntad, por el hecho de su dependencia de la razón, cuando apetece un objeto que se aparta de la RECTA RAZÓN, incurre en el defecto radical de corromper y abusar de la libertad."
Y mas adelante, señala León XIII: " Si la posibilidad de apartarse del bien perteneciera a la esencia y a la perfección de la libertad, entonces Dios, Jesucristo, los ángeles y los bienaventurados, todos los cuales carecen de ese poder, o no serían libres o, al menos, no lo serían con la misma perfección que el hombre en estado de prueba e imperfección." (LIBERTAS, n° 5)
"Considerada desde el punto de vista social y político, esta libertad de cultos pretende que el Estado no rinda a Dios culto alguno o no autorice culto público alguno, que ningún culto sea preferido a otro, que todos gocen de los mismos derechos y que el pueblo no signifique nada cuando profesa la religión católica. Para que estas pretensiones fuesen acertadas haría falta que los deberes del Estado para con Dios fuesen nulos o pudieran al menos ser quebrantados impunemente por el Estado. Ambos supuestos son falsos."
Y un poco más adelante dice León XIII:
"Siendo, pues, necesaria en el Estado la profesión pública de una religión, el Estado debe profesar la única religión verdadera, la cual es reconocible con facilidad, singularmente en los pueblos católicos, puesto que en ella aparecen como grabados los caracteres distintivos de la verdad. Esta es la religión que deben conservar y proteger los gobernantes, si quieren atender con prudente utilidad, como es su obligación, a la comunidad política."
La neutralidad religiosa que propone el liberalismo es inaceptable para los católicos.
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DIG: Sí, pero eso se ha de distinguir de la posición prudencial de quienes reconocen los deberes del Estado para con Dios pero constatan que en ciertas circunstancias de tiempo y lugar tal ideal es políticamente inviable.
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DIG: La cuestión crucial es cuál es el fundamento de las obligaciones morales. Si hay autonomía moral, el fundamento soy yo mismo, de ahí que yo pueda revocar mi compromiso anterior. De esa concepción viene el divorcio, fruto ejemplar del liberalismo. Y también viene el suicidio. Tengo un compromiso con la vida, pero lo revoco cuando me parece oportuno.
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El liberalismo trata de organizar la vida social, política y económica, no la vida moral.
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DIG: Pero su error profundo es que si esa organización no se basa en la ley moral, es inmoral y deshumanizante.
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Y solo basada en la libertad (ahí la definición de Benegas me parece muy acertada) puede una sociedad ser verdaderamente cristiana: no cabe la imposición moral de ninguna manera.
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DIG: No, a lo que conduce una sociedad basada en ese principio de Benegas es a una sociedad donde da lo mismo ser santo que pervertido o avaro, etc. Una sociedad que no promueve la virtud promueve el vicio.
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Esa definición: "respeto irrestricto al proyecto de vida el prójimo" es lo que ha hecho Dios con cada uno de nosotros: darnos la invitación a seguirle, no forzando nuestra voluntad.
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DIG: No es así en absoluto. Olvida usted muchas cosas, entre otras la gracia y el juicio.
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Dios ha "corrido el riesgo" de nuestra libertad. ¿Quiere es decir que todos los proyectos de vida son igual de válidos? Por supuesto que no, los habrá más elevados y menos, correctos o incorrectos, pero no corresponde a la autoridad política forzar la libertad del individuo en un sentido o en otro.
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DIG: El Estado no puede forzar la voluntad de nadie, porque la voluntad es una facultad interior, espiritual. Pero el Estado puede promover las conductas virtuosas y desestimular las viciosas, y de ese modo ayudar al hombre a adquirir hábitos buenos y a librarse de los hábitos malos.
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Sólo en una sociedad libre puede el cristiano proponer a Cristo como Supremo Bien y solo en una sociedad libre puede el hombre hacerse santo mediante actos de virtud (el acto moral solo es válido si es libre).
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DIG: NO! El cristiano puede proponer a Cristo y hacerse santo en cualquier ordenamiento social, incluso el más tiránico.
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El liberalismo moral, es decir, que todo acto libre es bueno no es lo mismo que decir que para que un acto sea bueno moralmente es preciso que sea libre. Ese es el liberalismo cristiano: respeto a la libertad de los demás y la mía propia para poder obedecer a Dios porque Dios quiere hijos que le amen (y el amor siempre es un acto de libertad) y no esclavos. Ahí es donde se equivocaba Nietzsche. el cristianismo no es una moral de esclavos sino de hijos que aman a su Padre... con libertad
Diríase al leer esto que un católico en USA no puede ser patriota. Que, de hecho, es algo que han opinado no pocos protestantes.
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DIG: Puede ser patriota. No puede ser liberal.
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DIG: La Constitución de los Estados Unidos ha tenido muchas enmiendas. Los ciudadanos y funcionarios públicos que promovieron esas enmiendas no fueron perjuros.
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DIG: La casta en el sentido del texto citado de Harari (el de la religión hinduista) no es una mera clase social en el sentido de la sociología occidental.
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La servidumbre apareció en el contexto de la Europa cristiana y se acabó por el liberalismo.
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DIG: Apareció como evolución positiva de la esclavitud al feudalismo bajo influjo cristiano y desapareció por influjo cristiano y liberal.
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No conozco ningún documento Papal recomendando su abolición.
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DIG: Eso no prueba nada. Hay muchos temas importantes sobre los que no hay documentos papales.
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En España fue legal hasta 1837, en Rusia hasta 1861.
La Iglesia nunca autorizó una rebelión contra un monarca absolutista por considerarlo un tirano.
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DIG: El derecho a la insurrección legítima bajo ciertas hipótesis no es sólo contra un rey tirano, sino contra cualquier tiranía. En general es un asunto que la Iglesia deja a la conciencia de cada fiel.
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