Hacia un futuro posliberal -3

Reflexiones a partir de un libro de Patrick J. Deneen

Daniel Iglesias Grèzes

Recientemente publiqué la primera parte y la segunda parte de mi reseña del libro: Patrick J. Deneen, Regime Change: Toward a Postliberal Future [Cambio de régimen: Hacia un futuro posliberal], Sentinel, New York, 2023. Esta es la tercera parte de mi reseña. Las citas incluidas a continuación provienen de la edición Kindle en inglés. Las traducciones son mías.

En el Capítulo 4, titulado “La sabiduría del pueblo”, Deneen argumenta en contra de un gobierno de los expertos y a favor de un gobierno del pueblo. Al igual que Edmund Burke, el autor expresa “confianza en la sabiduría de la gente común construida… en las prácticas, instituciones y tradiciones que ganaron popularidad gracias a la experiencia a lo largo del tiempo y en el lugar” (p. 111). 

Deneen sostiene que la mayor desventaja del conocimiento de los expertos es su tendencia a la especialización excesiva, que a menudo conduce a una pérdida de visión del conjunto y a una declinación de la comprensión integral. El autor ejemplifica esto con la actual tendencia de los profesores universitarios a dialogar solo con sus colegas de la misma disciplina o de la misma área especializada de esa disciplina, en contraste con la antigua práctica universitaria de un amplio y continuo intercambio de ideas entre profesores de las más diversas disciplinas.

Deneen afirma: “Una sociedad basada en la continuidad, por un lado, o en la transformación revolucionaria, por otro, necesariamente valorará y buscará cultivar un conjunto determinado de atributos en la ciudadanía. En el segundo caso beneficiará a un número relativamente pequeño de ‘progresistas’: los inconformistas, emprendedores y personas sin ataduras de Mill. Un orden social basado en la tradición y la continuidad, en cambio, busca fortalecer lo promedio y lo ‘ordinario’, y especialmente acentuar las virtudes más ‘domésticas’ que surgen de los ritmos cotidianos de un mundo predecible y son útiles para ellos” (pp. 122-123).

El Capítulo 5, titulado “La constitución mixta”, trata dos temas principales: en primer lugar, la constitución mixta en la tradición clásica (sobre todo en Aristóteles, Polibio y Tomás de Aquino); y en segundo lugar, la constitución mixta en la era moderna (sobre todo en Burke y Disraeli). En la conclusión del capítulo, Deneen sostiene lo siguiente:

“Las conmociones políticas de los últimos años han representado, en gran medida, no solo un rechazo esperado de los proyectos sociales revolucionarios del liberalismo progresista, sino también un rechazo desde las bases a un falso ‘conservadorismo’ financiado por oligarcas que, en realidad, siempre fue una forma de liberalismo. En cambio, en todo el mundo ha habido un auge de movimientos populares y populistas que buscan desechar las prioridades liberales de la clase dominante, tanto en su forma ‘conservadora’ como en la ‘progresista’.” (pp. 146-147).

En el Capítulo 6, titulado “Aristopopulismo”, Deneen analiza cómo lograr que las dos clases principales puedan forjar juntas un nuevo régimen orientado a la promoción del bien común. Refiriéndose al actual movimiento populista de derecha, el autor sostiene lo siguiente:

“Este movimiento desde abajo es espontáneo y está mal dirigido. Su representante oficial en los Estados Unidos [Donald Trump] fue un narcisista profundamente defectuoso que apeló a las intuiciones del pueblo, pero sin ofrecer una articulación clara de sus quejas ni transformar sus resentimientos en políticas sostenidas y en el desarrollo de una clase dirigente capaz [esto fue escrito en 2023]. Si bien la movilización política de la clase trabajadora aún puede crecer o disminuir, para el avance genuino de la alternativa de una ‘constitución mixta’ se requiere el desarrollo consciente e intencional de una nueva élite. Cuando sea necesario, quienes actualmente ocupan posiciones de poder económico, cultural y político deben ser restringidos y disciplinados mediante la afirmación del poder popular. Sin embargo, limitar a la élite del poder es insuficiente. En cambio, la creación de una nueva élite es esencial —no solo los «meritócratas» cuya pretensión de gobernar se basa en credenciales de instituciones que ocultan su estatus bajo el tenue velo del igualitarismo, sino aristoi [aristócratas] conscientes de sí mismos que comprenden que su principal rol y propósito en el orden social es asegurar los bienes fundamentales que posibilitan el florecimiento humano para la gente común: los bienes centrales de la familia, la comunidad, el trabajo digno, una red de seguridad social equitativa que respalde estos bienes, limitaciones al poder empresarial, una cultura que preserve y fomente el orden y la continuidad, y apoyo a las creencias e instituciones religiosas. Así pues, una nueva élite solo puede surgir con el apoyo del insistente poder político ejercido por un partido de la clase trabajadora cada vez más multirracial y multiétnico. Solo esta nueva élite, a su vez, puede comenzar a usar el poder político para alterar, transformar o erradicar una anticultura hostil que hoy está dominada por los progresistas tanto de derecha como de izquierda dentro del liberalismo moderno. Si bien el poder político es necesario para iniciar el proceso de transformación cultural, solo mediante el pleno desarrollo de una élite nueva y distinta, en sintonía con las exigencias del bien común, se puede crear un círculo virtuoso que refuerce la relación de mejoramiento mutuo entre los muchos y los pocos. Se necesita una mezcla entre lo superior y lo inferior, entre los pocos y los muchos, en la que los pocos asuman conscientemente el rol de aristoi: una clase social que, apoyando y enalteciendo el bien común que sustenta el florecimiento humano, es digna de emulación y, a su vez, enaltece las vidas, las aspiraciones y la visión de la gente común. Lo que se necesita es una forma política que podría denominarse ‘aristopopulismo’.” (pp. 151-152). (CONTINUARÁ).


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