El crecimiento de la deuda

Resumen del Capítulo 5 de mi libro “Cinco problemas globales”

El día 31/01/2026 publiqué aquí un post anunciando la publicación de mi libro Cinco problemas globales: Una mirada a contracorriente, que quedó disponible para su descarga gratuita en formato PDF. Hasta ahora dicho libro ha tenido más de 700 descargas.

Algunos amigos me han dicho que, aunque los temas tratados en ese libro les interesan, no disponen de tiempo suficiente para leerlo, por lo que me recomendaron producir una serie de pequeños videos con un contenido igual o reducido.

Como primer paso en esa dirección, estoy produciendo presentaciones con resúmenes de cada capítulo de ese libro. Espero que sean de utilidad para quienes disponen de menos tiempo para la lectura. Si Dios quiere, más adelante podré transformar esas presentaciones en videos.

Ya compartí las presentaciones de los Capítulos:

1. El mito de la superpoblación

2. El colapso demográfico

3. El mito de la crisis climática

4. La descarbonización de la economía

Ahora comparto la presentación del Capítulo 5, que trata sobre el crecimiento de la deuda.

Daniel Iglesias Grèzes

6 comentarios

  
sofía
Muy interesante y totalmente nuevo para mí. Echaré un vistazo a las otras presentaciones.
¡Feliz Pascua de Resurrección!!!

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DIG: Muchas gracias, Sofía. Igualmente para ti.
06/04/26 11:06 AM
  
Miguel del Pozo
Interesante punto.

Llevo unos años percibiendo que las grandes cifras de endeudamientos para la construcción de infraestructuras, proyectos políticos (o simplemente para sufragar gasto corriente en continuo aumento) eran hace años en la política española (y en general supongo) un punto de ataque de las oposiciones a los gobiernos; ahora apenas se menciona en las noticias y discusiones partidistas.

Quizá una explicación sea que a medida que crece el porcentaje de gente sin descendencia, se crean las condiciones para una mentalidad en la que dejar a las futuras generaciones una carga inasumible deja de tener importancia primero en las prioridades personales y finalmente en el debate social y político en conjunto.
El individualismo suele percibirse sólo como en las interacciones entre los coetáneos, pero también dilapidar la herencia recibida o endeudarse sin consideración hacia la carga dejada a las generaciones futuras no deja de ser otra forma de individualismo: de una generación hacia las precedentes y futuras.

Respecto a parte de su documento sobre el crédito social: en una ocasión leí que un punto de la crítica a la usura (crédito en general) sería que no deja de ser la creación 'ex nihilo' de dinero, lo cual sería atribuirse una cualidad divina.
Por contra, es interesante que tras la teoría del crédito social (que había oído mencionar, pero no bien resumida como en su documento) está la regulación de la cantidad de dinero en función a a realidades materiales.

Por último, un mecanismo de inflación permanente con origen en una creación constante de moneda desincentiva el ahorro y fomenta el consumo, lo cual es perfectamente alineado con el modelo económico consumista en el que vivimos.
Desde que soy consciente de estas cosas, uno se sorprende de que la máquina siga girando y no se detenga o estalle.

Un saludo y gracias.

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DIG: Gracias, Miguel. Feliz Pascua de Resurrección!!
06/04/26 12:20 PM
  
Urbel
El libro fundamental sobre la creación bancaria del dinero es el de Jesús Huerta de Soto, "Dinero, crédito bancario y ciclos económicos" (Madrid, Unión Editorial).

No es necesario seguir a Huerta de Soto en todo, ni tampoco a los autores de la escuela austriaca como Mises, Hayek y Rothbard en los que se basa, desde luego no en principios y corolarios anticristianos de la filosofía social libertaria, para reconocer, sin embargo, la agudeza de buena parte de su descripción y crítica de la economía de la deuda; crítica, por cierto, contradictoria con la libertad absoluta propugnada por los libertarios.
06/04/26 6:12 PM
  
Urbel
Y algunas citas interesantes en relación con el asunto.

“Cuando se crea dinero ficticio -crédito- se somete a una exacción al Rey, y con el Rey a todos sus súbditos” (Robert McNair Wilson, "La Monarquía contra la fuerza del dinero", original en inglés, 1933, Burgos, 1937, pág. 178).

O como se recuerda en el prólogo español al mismo libro:

“La facultad de acuñar moneda -crear dinero- era una de las cuatro que, según el Fuero Viejo de Castilla, no podían “partirse” del Rey. Pero esta facultad la tienen hoy los Bancos, que son los que abren y restringen créditos -la moneda de nuestros tiempos- a su antojo” (José Ignacio Escobar, prólogo al citado libro de McNair Wilson, pág. 21).

“Un escolástico del siglo XVII que viera los modernos problemas monetarios apoyaría rápidamente el plan de reservas al 100 por cien” (Bernard Dempsey, S.J., "Interest and Usury", Londres, 1948, pág. 210).


06/04/26 6:22 PM
  
ZARA
Ah!!, la gloriosa magia de la reserva fraccionaria, ese arte ancestral por el que los bancos pueden multiplicar el dinero como con un truco de prestidigitación: depositas cien euros y, voilà, aparecen noventa más flotando por ahí. ¿Quién dijo que la economía no era un espectáculo de ilusionismo? Todo bajo la promesa solemne de que, “confíen en nosotros, no todos querrán su dinero al mismo tiempo”.

Y, claro, funciona de maravilla… hasta que alguien, por error o por curiosidad, decide retirar sus cien euros. Entonces todo el edificio de naipes financiero se tambalea y descubrimos la otra cara de este juego: el apalancamiento desbocado. Esos noventa prestados que parecían inocentes ahora se convierten en un tsunami de deudas que nadie puede sostener, y ahí está la reserva mínima del 10%, que más que un colchón, parece un tapón de corcho frente a un diluvio.

El gran show no termina ahí. La falta de control de liquidez, combinada con apetitos políticos, crea un caldo de cultivo perfecto para la corrupción y los favores cruzados. Recordemos el triste ejemplo de Caja Castilla-La Mancha, donde hipotecas, préstamos y decisiones “estratégicas” se entrelazaron con intereses personales y políticos, demostrando que la ilusión de seguridad de la reserva fraccionaria también puede convertirse en un teatro de títeres con dinero de todos.

En otras palabras: mientras la teoría predica crecimiento y multiplicación del crédito, la práctica revela un mecanismo que incentiva la codicia, amplifica los errores y convierte al ciudadano en espectador de su propio dinero evaporándose. Y todo esto, bajo el pretexto de que “un poquito de magia financiera nunca viene mal”.

Si alguien necesita un resumen: la reserva fraccionaria es como darles a los bancos un traje de mago sin tutores ni manuales, y luego asombrarse de que, cuando hacen desaparecer el dinero, nadie recuerde exactamente cómo lo hicieron… excepto, claro, los que se lo llevaron.

La reserva fraccionaria es, si uno quiere ponerle nombre y apellido, el artefacto demoníaco definitivo: un invento que parece diseñado por Lucifer en persona para que la humanidad viva en una eterna tentación. No crea riqueza real, solo ilusión líquida, y mientras los bancos multiplican billetes invisibles, nosotros nos lanzamos a comprar móviles que no necesitamos, viajar a lugares que no podemos pagar y coleccionar experiencias como si fueran medallas de virtud. Cada tarjeta de crédito se convierte en un susurro tentador que dice: “Gasta ahora, paga después, goza sin remordimientos”, mientras los intereses nos recuerdan, con dulce ironía, que toda diversión tiene precio. El resultado: un desfile constante de caprichos, consumo desbocado y deseos momentáneos, todos financiados por un dinero que realmente no existía hasta que un banquero lo inventó en su pantalla. Es un sistema que alimenta la codicia, la vanidad y el hedonismo, disfrazado de progreso económico, y que convierte cada cuenta bancaria en un escenario donde la humanidad actúa como protagonista de su propio pecado financiero. En pocas palabras, la reserva fraccionaria no solo multiplica dinero: multiplica tentaciones, urgencias y culpas, y uno se queda pensando si todo esto no fue realmente un regalo del Príncipe de las Tinieblas.
07/04/26 6:16 AM
  
ZARA
Ah, los filolefebristas, esos guardianes del mundo que juran que toda decadencia moderna comenzó el día en que alguien, en algún salón iluminado de Roma, se atrevió a mover los bancos y los cantos del Concilio Vaticano II. Según su versión, cada inflación, cada divorcio, cada influencer de Instagram, y hasta el simple hecho de que alguien compre café con leche fuera de horario litúrgico, es culpa del concilio. Pero si uno se detiene un segundo, y no en la misa tridentina, sino en la historia real, la cosa adquiere matices deliciosamente irónicos: el consumo desaforado, la alienación de masas y la obsesión por comprar lo que no necesitan no surgieron por el cambio de la liturgia, sino por bancos creando dinero de la nada, publicidades que nos susurran deseos y un sistema económico que premia la codicia. Y si seguimos buscando responsables, ahí están la masonería, la Ilustración y el racionalismo ilustrado, germinando relativismo y pensamiento crítico incluso cuando la misa era en latín . Pero claro, para los filolefebristas, culpar al Concilio es más fácil: una excusa elegante, un chivo expiatorio ritual que les permite llorar sobre la liturgia mientras ignoran siglos de economía, cultura y política que realmente hicieron del mundo lo que es hoy. Y que sepan, en la gran ecuación de la historia, la verdad siempre se cobra; tergiversar la realidad por despecho, vomitando estupideces sobre un concilio ecuménico, no quedará impune.
07/04/26 6:27 AM

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