La vida eterna: ¿don de Dios o conquista humana?

El árbol de la vida

Reflexiones sobre el árbol de la vida

Daniel Iglesias Grèzes

El árbol de la vida en el Jardín del Edén

El segundo relato bíblico de la creación presenta el Paraíso terrenal de la siguiente manera: “Luego plantó Yahveh Dios un jardín en Edén, al oriente, donde colocó al hombre que había formado. Yahveh Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles deleitosos a la vista y buenos para comer, y en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal1.”

Los dos árboles ubicados en el centro del jardín del Edén tienen significados simbólicos. El árbol de la vida simboliza la inmortalidad, y por lo tanto la vida eterna. En cambio, el significado simbólico del árbol de la ciencia del bien y del mal no es tan fácil de captar. Ese árbol no representa, como podría pensarse, la ciencia moral (que puede ser definida sencillamente como la ciencia del bien y del mal), sino que simboliza el poder de determinar la ley moral, poder que corresponde sólo a Dios, el Creador.

Más adelante, el autor sagrado narra que Dios impuso al primer hombre este mandamiento: “De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio2.”

Por lo tanto, Dios permitió a Adán comer del árbol de la vida, lo que significa que le concedió el don de la vida eterna en comunión con Dios. En cambio, Dios prohibió a Adán comer del otro árbol principal, lo que significa que le prohibió determinar por sí mismo, arbitrariamente, el bien y el mal. El relato bíblico ilustra gráficamente lo fácil que habría sido para Adán obedecer a Dios: viviendo en un jardín lleno de “toda clase de árboles deleitosos a la vista y buenos para comer”, podía alimentarse de cualquiera de ellos, excepto uno.

Es importante comprender que el mandamiento divino citado no tiene nada de arbitrario, sino que se basa en la naturaleza y la vocación del ser humano. Como subrayó Santo Tomás de Aquino, cuando Dios nos manda hacer algo, ese algo no es bueno porque Dios nos lo mande, sino al contrario: Dios nos manda hacerlo porque es bueno para nosotros. Análogamente, cuando Dios nos prohíbe hacer algo, ese algo no es malo porque Dios nos lo prohíba, sino que Dios nos lo prohíbe porque es malo para nosotros. La ley moral es un magnífico don de Dios que protege nuestro ser y guía nuestro auténtico crecimiento como personas.

El árbol de la vida en la caída de nuestros primeros padres

El relato bíblico de la caída muestra cómo la serpiente, que representa al demonio, tienta a la primera mujer por medio de dos mentiras.

La primera mentira de la serpiente es una enorme exageración: “¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín3?” Como vimos, Adán y Eva podían alimentarse de todos los árboles del jardín (incluido el árbol de la vida), excepto uno: el árbol de la ciencia del bien y del mal. La limitación racional de la conducta humana planteada por la ley moral es presentada así como un abuso intolerable.

La segunda mentira de la serpiente presenta a Dios como mentiroso, tergiversando la motivación de su mandamiento: “De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día que comiereis de él [el árbol de la ciencia del bien y del mal], se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal4.” Aquí se incita a Eva y, por su intermedio, a Adán, a desconfiar de Dios, a dejar de comportarse como criaturas y a recrearse según su propio capricho, sin referencia a la naturaleza y la vocación dadas por Dios.

La gran mentira de la serpiente se manifestó inmediatamente después del pecado original de Adán y Eva. “Se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos5”, en lugar de ser como dioses. La muerte, anunciada por Dios de antemano como castigo en caso de desobediencia de su mandamiento, llega a Adán y Eva en dos etapas: de forma inmediata, la muerte espiritual, el estado de pecado mortal, con la ruptura de su amistad con Dios; y de forma mediata, la muerte física, como consecuencia de la pérdida del estado original de justicia.

Al final del relato de la caída hay dos referencias al árbol de la vida.

En primer lugar, después de que Dios decreta los castigos que corresponden respectivamente a la serpiente, a la mujer y al hombre, Dios dice: “¡He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, en cuanto a conocer el bien y el mal6! Ahora, pues, cuidado, no alargue su mano y tome también del árbol de la vida y comiendo de él viva para siempre7”, pero ya no una vida eterna bienaventurada, según el perfecto plan de Dios, sino en pecado, en contra de su verdadera realización.

La segunda referencia está en el último versículo del relato: “Y habiendo expulsado al hombre [del Paraíso terrenal], puso delante del jardín del Edén querubines, y la llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida8.” Dios protege así al hombre de una vida eterna desgraciada, separado de la alianza de amor con Él.

El árbol de la vida en la Jerusalén celestial

El árbol de la vida reaparece en el último libro de la Biblia: “Luego me mostró el río de agua de Vida, brillante como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero9. En medio de la plaza, a una y otra margen del río, hay árboles de Vida, que dan fruto doce veces, una vez cada mes; y sus hojas sirven de medicina para los gentiles10.”

Aportaré tres consideraciones sobre este texto bíblico.

Primera consideración. El Apocalipsis desmiente una interpretación falsa y blasfema de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso terrenal. Dios no los expulsa de allí por temor a que ellos lleguen a ser como dioses y tengan vida eterna, opacando de algún modo su majestad divina, sino para evitar que se hundan más en la desgracia sellando para siempre la ruptura de su amistad con Dios. Esa expulsión es una pena medicinal. El ser humano caído en el pecado original y redimido por Cristo reencuentra en la Jerusalén celestial la vida eterna perdida en Edén, pero de nuevo en un contexto de comunión con Dios; y esta vez se trata de una comunión indestructible.

Segunda consideración. En contraste con el Jardín del Edén, que tenía un solo árbol de la vida, la Jerusalén celestial tiene una gran cantidad de árboles de la vida: dos hileras de ellos, una en cada margen del río de agua de vida. Se ilustra así la sobreabundancia del don inmerecido de la vida eterna traída por Nuestro Señor Jesucristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia11.”

Tercera consideración. El hecho de que los árboles de vida den fruto doce veces por año indica que ellos deben ser vistos en relación con la Iglesia, fundada por Cristo sobre las doce tribus de Israel y los doce Apóstoles. La Iglesia, Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo, es el Arca de Salvación para todos los judíos y gentiles que creen en Cristo, se alimentan de sus sacramentos12 y viven según sus mandamientos.

El árbol de la vida en el misterio de la Cruz

El árbol de la vida, símbolo de la vida eterna ofrecida por Dios al hombre presente en la Creación, la Caída y la Parusía, está presente también en el misterio de la Redención: la Cruz de Cristo es, en sentido espiritual, el árbol de la vida, por medio del cual Nuestro Señor nos reconcilió con Dios regalándonos de nuevo la vida eterna perdida por el pecado. En el árbol de la Cruz estuvo clavada la salvación del mundo, que nos fue dada mediante la muerte y la resurrección del Hijo de Dios encarnado.

El desafío del transhumanismo

En la actualidad, la ideología que plantea el desafío más radical a la doctrina cristiana es el transhumanismo. Los transhumanistas no sólo comen con orgullo los frutos del árbol de la ciencia del bien y del mal (puesto que, rechazando la naturaleza humana dada por Dios, aspiran a llegar a ser más que humanos y ser como dioses por medios científicos y tecnológicos), sino que pretenden asaltar el Jardín del Edén y, burlando la guardia de los querubines, tomar por la fuerza los frutos del árbol de la vida (puesto que aspiran a lograr la inmortalidad en la tierra por los mismos medios científicos y tecnológicos). El transhumanismo se manifiesta pues como una ideología claramente demoníaca.

La visión de la Jerusalén celestial que San Juan presenta en el Apocalipsis nos enseña que la vida eterna es un don de Dios: los seres humanos no son capaces de construir por sus solas fuerzas la Ciudad de Dios, como antaño construyeron la Torre de Babel (con la intención fallida de llegar hasta el cielo). La nueva Jerusalén desciende desde el Cielo como un don del Altísimo: “Y vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo13.”

Notas

1) Génesis 2,8-9.

2) Génesis 2,16-17.

3) Génesis 3,1.

4) Génesis 3,4-5.

5) Génesis 3,7.

6) Aquí la Biblia de Jerusalén aporta este buen comentario: “El hombre pecador se ha erigido en juez del bien y del mal, lo cual es privilegio de Dios.”

7) Génesis 3,22.

8) Génesis 3,24.

9) Aquí la Biblia de Jerusalén trae este comentario iluminador: “Las aguas vivas y vivificantes simbolizan el Espíritu [Santo]… Juan [el autor del Apocalipsis] deja entrever aquí la Trinidad.”

10) Apocalipsis 22,1-2.

11) Juan 10,10.

12) Especialmente la Eucaristía, el Pan de vida eterna.

13) Apocalipsis 21,2.


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5 comentarios

  
Marta de Jesús
Le leo siempre con mucho interés. Muy divulgativo. Especialmente para quienes adolecemos de buena formación. Muchas Gracias.
17/03/24 4:04 PM
  
Federico Ma.
Muchas gracias, Daniel: muy buena meditación.

Si Dios no nos hubiera dado la muerte por pena, se la pediríamos por misericordia. Benedicto XVI venía a decir algo de eso, siguiéndolo a san Ambrosio, en su Encíclica Spe salvi (nn. 10-11). Y antes santo Tomás dijo algo semejante: "Aunque el hombre hubiera comido del árbol de la vida después del pecado, no habría recuperado la inmortalidad; pero podría haber prolongado más su vida con aquel alimento. Por eso, en la expresión "viva eternamente" hay que entender "eterno" como duradero. Pero no convenía al hombre estar más tiempo en la miseria de esta vida" (S. Th., II-II, q. 164, a. 2, ad 6).
18/03/24 2:24 AM
  
Jorge Cantu
"En primer lugar, después de que Dios decreta los castigos que corresponden respectivamente a la serpiente, a la mujer y al hombre, Dios dice: “¡He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, en cuanto a conocer el bien y el mal!".

En cierto comentario de una Biblia católica, el comentarista resalta que esta expresión de Dios respecto al acto de desobediencia del hombre y su nueva situación es claramente irónica.

El hombre, queriendo encumbrarse por encima de Dios, acabó humillado, despojado de los dones y la protección de Dios, enemistado con Él, avergonzado y castigado indefinidamente por su torpeza al haber accedido a los engaños de la Serpiente en lugar de haber confiado y obedecido sabia y humildemente a las órdenes de su Dueño y Creador.

Otro comentario católico (¿?) sugería que la imagen del enemigo como una serpiente ha sido aplicada por el autor en referencia a los cultos de la fertilidad así representados y comunes en el Medio Oriente en la época de escritura del pasaje.
18/03/24 5:22 AM
  
Birlibirloque
Muy bueno, como siempre. Gracias.
21/03/24 5:01 AM
  
sofía
Muy interesante.
23/06/24 12:04 PM

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