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14.10.26

La negación de la existencia de los cristianos de Oriente antes del siglo II o III (E.-M. Gallez)

¿El cristianismo ha «divinizado» a Jesús?

El debate académico y sus implicaciones

Édouard-Marie Gallez

¿Por qué tal empeño en negar la existencia de los cristianos de Oriente antes del siglo II o III? Para entenderlo, hay que retomar la lógica de las premisas previas, que parte de la idea de que los cristianos grecolatinos habrían «divinizado» a Jesús.

¿Jesús fue «divinizado» por los cristianos? Esta cuestión surge regularmente en los debates académicos, e incluso fuera de ellos, ya que para muchos ella ya está zanjada con una respuesta afirmativa definitiva, con base en similitudes buscadas entre la dimensión divina de Jesús, tal como se expresa en el Nuevo Testamento, y la divinización de los emperadores romanos después de Augusto, sin excluir formas de divinización presentes en otras civilizaciones antiguas. ¿Están fundadas tales similitudes? ¿Por qué se llega inevitablemente a negar la existencia de los cristianos de Oriente antes del siglo II o III? ¿Cuáles son los razonamientos lógicos que sustentan estos análisis?

Las comparaciones son un poco como las estadísticas: siempre son interesantes, pero es posible hacerles decir lo que uno quiera si se seleccionan de manera apropiada al resultado que se quiere obtener. Lo determinante es el análisis. En este caso, parece que un a priori domina todo el análisis: a saber, se observa desde fuera lo que se presume que creen los cristianos, sin tener en cuenta lo que ellos mismos dicen creer, pues ninguno de ellos afirmó jamás que Jesús se hubiera «convertido en Dios», tal como se decía de los emperadores romanos. No obstante, se esgrimen argumentos para demostrar que, efectivamente, el cristianismo «divinizó» a Jesús. La originalidad de este estudio consiste en observar que estos argumentos se derivan unos de otros en cierto orden, aunque también convenga analizarlos por sí mismos. Y si ellos se suceden y encajan unos con otros sucesivamente, conviene partir del primero, del cual se derivan lógicamente los demás.

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