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14.07.26

Se encontró en Anatolia la tumba del Apóstol Felipe (EEChO)

San Felipe fue enterrado en la antigua ciudad de Hierápolis, en la actual Turquía

La tumba de San Felipe, uno de los doce apóstoles de Cristo, fue descubierta en 2011 en el suroeste de Turquía, en Pamukkale, la antigua Hierápolis. El descubrimiento fue realizado por la misión arqueológica italiana que trabaja [allí] desde 1957 y que hoy está compuesta por un equipo internacional dirigido desde 2000 por Francesco d’Andria, profesor de la Universidad de Salento.

El director de la misión explica el descubrimiento: «Hasta hace poco, pensábamos que la tumba de San Felipe estaba en el Monte de los Mártires, pero no habíamos encontrado ningún rastro de ella en el estudio geofísico realizado en ese sector. Hace un mes, descubrimos los restos de una iglesia desconocida, a 40 metros de distancia de la Iglesia de San Felipe en el Monte de los Mártires. Y en esta basílica descubrimos la tumba de San Felipe. Fue construida alrededor de una tumba romana del siglo I que, evidentemente, gozaba de gran estima. San Felipe es considerado un mártir, razón por la cual la iglesia construida en su nombre en el Monte de los Mártires también se llama Martyrion, aunque no hay allí ningún rastro de su tumba.»

Esta tumba romana no era una simple fosa, sino un complejo (sacellum) con una cámara funeraria y un frontispicio.

Al conectar estos elementos y muchos otros, «hemos llegado a la certeza de haber encontrado la tumba del apóstol Felipe situada en el centro de todo el sistema de peregrinación que estaba asociado a él», afirmó Francesco d’Andria.

D’Andria señala un grafito en la cornisa de la tumba que representa un monte sobre el cual se alza una cruz (Hierápolis o el Gólgota), un mosaico que representa peces, y monedas de bronce que datan de los siglos IV y V. En el siglo XII, los turcos transformaron la tumba en una vivienda. Véase aquí el reportaje de la televisión italiana.

Originario de Galilea, Felipe fue a evangelizar regiones de Asia Menor; fue lapidado y luego crucificado por los romanos en Hierápolis, Frigia.

Pudo haber surgido una confusión con el discípulo del mismo nombre, que era diácono y que habría muerto a una edad muy avanzada y por causas naturales. En el Nuevo Testamento, Felipe el Apóstol es mencionado en: Mateo 10:3; Marcos 3:18; Lucas 6:14; Juan 1:43-48; 6:5-7; 12:21-22; 14:8-9; Hechos 1:13. Y Felipe el Diácono es mencionado en: Hechos 6:5; 8:6; 8:9.12-13.26-35.38-40; 21:8-9.18. El diácono Felipe vivía en Cesarea y tenía cuatro hijas vírgenes y profetisas:

«8Al día siguiente partimos y llegamos a Cesarea; entramos en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los Siete, y nos hospedamos en su casa. 9Tenía éste cuatro hijas vírgenes que profetizaban» (Hechos 21:8-9).

En el siglo V, San Jerónimo refiere algo más:

«En estas palabras reconoceréis al apóstol Felipe, que murió en Hierápolis, y a sus tres hijas, de las cuales las dos primeras envejecieron en la virginidad, y la tercera murió en Éfeso, llena del favor del Espíritu Santo» (San Jerónimo, Vidas de hombres ilustres I, 45).

Esto es también lo que Eusebio de Cesarea escribió hacia el 330, acerca de las dos estrellas que brillan en Asia: Juan, enterrado en Éfeso, y Felipe «que descansa en Hierápolis». En un famoso pasaje de su Historia Eclesiástica (III, 31), también habló del Apóstol San Juan, quien “llevaba la insignia” —se trata del símbolo del Sumo Sacerdote, y se puede inferir de la representación de Santo Tomás en el friso de Kong Wang Shan que todos los Apóstoles llevaban tal emblema, así como vestiduras sacerdotales, cuando celebraban [la Misa]—:

“Polícrates (quien era obispo de la Iglesia de Éfeso) escribió a Víctor, obispo de Roma. También él menciona al apóstol Felipe y a sus hijas en estos términos: ‘En efecto, grandes astros se han puesto en Asia, que volverán a salir en el último día, en la parusía del Señor, cuando Él venga del cielo con gloria y busque a todos los santos: Felipe, uno de los doce apóstoles, que descansa en Hierápolis, así como dos de sus hijas que envejecieron en la virginidad; y su otra hija, después de haber vivido en el Espíritu Santo, está sepultada en Éfeso. También Juan, el que reposó sobre el pecho del Señor, que fue sacerdote y portó la insignia, fue mártir [en el sentido de testigo de la resurrección, o aludiendo al hecho de que escapó de la muerte en Roma] y maestro, descansa en Éfeso.’ Esto es lo que se refiere a la muerte de estas figuras. Y en el Diálogo de Gayo, que citamos un poco antes, Proclo, contra quien él discute, concuerda con lo que acabamos de afirmar sobre la muerte de Felipe y sus hijas, cuando dice: ‘Después de esto, hubo cuatro profetisas, las hijas de Felipe, en Hierápolis de Asia; allí está su tumba, así como la de su padre’. Esto es lo que él dice.

Por otra parte, Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, menciona a las hijas de Felipe, que vivían entonces en Cesarea de Judea al mismo tiempo que su padre y que habían sido honradas con el carisma profético. Él mismo dice [como se refirió antes]: «Llegamos a Cesarea; entramos en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los Siete, y nos hospedamos en su casa. Tenía éste cuatro hijas vírgenes que profetizaban.»

Se debe interpretar correctamente este pasaje. Eusebio cita los Hechos de los Apóstoles por asociación de nombres, no para afirmar que el Apóstol Felipe sea el diácono del mismo nombre que proclamó el Evangelio, sino simplemente porque ambos tenían hijas. Las hijas del diácono Felipe, que eran cuatro, vivían en Cesarea, como su padre, explica –no en Hierápolis como las del Apóstol, que eran tres.

Asimismo, se debe tener cuidado de no malinterpretar las indicaciones de Eusebio sobre el Apóstol Juan, a quien menciona también en el Libro V, Capítulo XXIV: él señala que a este Apóstol y evangelista le sucedió otro Juan, también sepultado en Éfeso –como lo indica Ireneo de Lyon en su tratado «Contra las herejías» (Libro 3, Capítulo 1). Pero Juan no sería el autor del Apocalipsis: éste sería obra del «presbítero Juan» de Éfeso. De hecho, como todos aquellos tentados por el arrianismo, Eusebio quería desacreditar este último libro del Nuevo Testamento, que orienta a los cristianos hacia lo que Dios hará aún en la historia y los disuade de querer establecer el Reino de Dios en este tiempo o “siglo", que es precisamente el designio de los arrianos y de todas las ideologías de tipo mesianista: a fin de sacralizar el poder político, los arrianos ya no quieren oír hablar de la venida real de Cristo, que relativiza radicalmente todas las empresas políticas. Por otra razón, esta tesis de los dos autores todavía tiene algunos defensores hoy: el estilo del Evangelio de Juan en griego difiere del del Apocalipsis en griego, lo que delataría el trabajo de dos autores respectivos; de hecho, esto simplemente demuestra que el traductor del Evangelio al griego no es el mismo que, más tarde, tradujo el Apocalipsis al griego. Pero si se compara el texto arameo del Evangelio de Juan con el del Apocalipsis, se constata que el estilo es el mismo, lo que indica un único autor real, el Apóstol Juan, de acuerdo con las tradiciones orientales unánimes. Por lo tanto, la cuestión ya no es relevante.

Fuente: https://www.eecho.fr/la-tombe-de-lapotre-philippe-retrouvee/

Traducción de Daniel Iglesias Grèzes

6.07.26

Los días posteriores a la Pascua: ensayo de síntesis (EEChO)

Resumen de las siete semanas anteriores a Pentecostés:

la Pascua, las apariciones y las experiencias de los Apóstoles

Muchos cristianos desean saber con mayor precisión qué ocurrió entre la Pascua y Pentecostés, durante esos cincuenta días en que se cristalizó toda la fe de la Iglesia.

Este tema ya ha sido abordado en este sitio mediante un estudio exegético minucioso. Partiendo del relato de los peregrinos de Emaús, pero sin llegar hasta el de la Ascensión, [allí] se analizan pasajes clave que a menudo son malinterpretados y suscitan falsas dificultades; éstas desaparecen en cuanto uno se basa más en el texto arameo tradicional del Nuevo Testamento —y en los datos proporcionados por las tradiciones orientales— que en un «texto» reconstruido en griego sólo en el siglo XX, y que, en el mejor de los casos, no es más que una traducción del texto arameo (del cual se deriva fielmente la Peshitta, que hoy está ampliamente disponible).

Baste aquí remitirnos a este estudio, que está llamado a ser enriquecido, tras haber indicado, en el cuadro siguiente, las conclusiones a las que llega necesariamente. A posteriori, el orden de los acontecimientos que esclarece parece corresponderse con el que ofrece el Diatessaron de Taciano; si se buscara, sin duda se encontraría la confirmación de esto también en otros lugares. No hay casualidades.

Los acontecimientos de los cuarenta días posteriores a la Pascua 

• Siete días de espera en Jerusalén, marcados, en lo referente a los Apóstoles, por dos apariciones: una en la noche del día de Pascua (aunque Pedro tuvo una breve visión en la mañana), y la otra al final [de los siete días]. Tomás no estuvo presente en la primera aparición, pero tras pasar una semana reflexionando (y estudiando mientras se quejaba), estuvo presente en la aparición que tuvo lugar el domingo siguiente; al darse cuenta del misterio y tocarlo, le dijo a Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!». La afirmación es completa (más tarde, los Apóstoles tendrán que encontrar maneras adecuadas de expresarla a todos).

• Dos semanas de viaje de ida de rememoración (tan importante en el mundo oral), durante las cuales los Apóstoles y los discípulos caminaron hacia Galilea «recordando» (es decir, recordándose unos a otros) las palabras y los hechos de Jesús ocurridos durante los tres años [de su vida pública].

• La aparición en el monte Hermón, en la frontera norte de Galilea —es decir, con vista a las naciones—, en presencia de los 72 discípulos y de sus propios discípulos (los que ya lo eran o los que lo serán, es decir los 500, de los cuales muchos son de Galilea) —Jesús los había citado a todos allí (Mateo 28:16)—.

• Una semana de viaje de regreso de rememoración, durante la cual Jesús se aparece de nuevo a los Apóstoles, por ejemplo a la orilla del Lago, y durante la cual los Apóstoles vuelven a hablar sobre todo de lo que Jesús ha dicho acerca del futuro.

• Once días en Jerusalén durante los cuales Jesús se apareció principalmente a cada apóstol por separado, a fin de aclarar a cada uno cuál será el eje de su futura «misión» en el mundo. Dos de ellos no recibieron una misión propiamente dicha: Santiago el Justo, a quien Jesús le pide que permanezca en Jerusalén pase lo que pase; y Juan, a quien Jesús quiso mantener apartado, no tanto por ser demasiado joven para una vida «misionera», sino porque le reserva una misión especial junto a María, en vistas a un conocimiento más profundo de los misterios y al servicio de la formación de los «ancianos» [presbíteros].

• La Ascensión desde el Monte de los Olivos, que deja a los Apóstoles con sentimientos encontrados de entusiasmo, miedo, esperanza, incertidumbre, expectación, nostalgia (por las apariciones), certeza y perplejidad.

A estos cuarenta días, se debe añadir los diez días siguientes, que les dan su pleno significado: 

•• los días del Cenáculo en Jerusalén, durante los cuales los Apóstoles se organizan bajo la mirada de María, en torno a quien se congregan espontáneamente —incluso eligen a Matías (quien más tarde irá a Etiopía) para reemplazar a Judas—;

•• Pentecostés, que tiene lugar en medio de una Iglesia que ya se había constituido (a la manera judía), pero a la que aún le faltaba el Espíritu [Santo].

Fuente: https://www.eecho.fr/les-evenements-des-jours-apres-paques-essai-de-synthese/

Traducción de Daniel Iglesias Grèzes

2.07.26

In memoriam: Jacques Grange des Rattes y la China (EEChO)

El 6 de mayo de 2026, el profesor Jacques Grange des Rattes regresó al Señor a la edad de 83 años. Apasionado por la investigación, su trabajo para el INSERM [Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica] en Lyon lo llevó a China, donde, ciertamente, quedó fascinado por la cultura y el idioma chinos.

Un buscador de la verdad

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30.06.26

El socialismo en el marco de la Ilustración

Entre la herencia y la crítica

El socialismo es a la vez un heredero directo y un crítico severo de la Ilustración. Por una parte, adopta plenamente y radicaliza algunas de sus características: el racionalismo, el naturalismo y el secularismo. Su racionalismo se manifiesta en el “socialismo científico” de Marx y su intento de una planificación científica de la economía. Su naturalismo tiende con fuerza al materialismo. Su secularismo radical tiende al humanismo ateo.

Por otra parte, el socialismo tiene una relación tensa o ambivalente con otras características de la Ilustración: el individualismo, el liberalismo y el relativismo. En cuanto al individualismo, el socialismo clásico intentó suplantarlo por el ideal colectivista, pero sin embargo la izquierda actual se caracteriza sobre todo por un liberalismo progresista profundamente individualista. Así pues, el socialismo, que surgió como una crítica del liberalismo, hoy, salvo en el marxismo ortodoxo que aún subsiste, tiende a identificarse con una de sus variantes, el progresismo. En cuanto al relativismo, los socialistas en general lo asumen, negando la existencia de una ley moral natural y objetiva; sin embargo, en la práctica a menudo impulsan la igualdad y la justicia social como valores morales absolutos y universales.

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27.06.26

Círculo de Estudios de Apologética - Reunión 17: El liberalismo y la Reforma protestante

Círculo de estudio

Ayer (viernes 26 de junio de 2026) tuvo lugar, en la plataforma Google Meet, la sexta reunión de este año del Círculo de Estudios de Apologética, con cerca de diez participantes de varios países.

El tema tratado fue “El liberalismo y la Reforma protestante". Mi presentación de ese tema está disponible en esta página.

Las presentaciones de las reuniones anteriores se pueden descargar de forma gratuita desde la página del Círculo.

La próxima reunión del Círculo tendrá lugar en julio, en fecha a determinar. El Lic. Néstor Martínez Valls expondrá el tema “La doctrina masónica".

La participación en el Círculo es gratuita.

Pido a los interesados que, para expresar su interés, me escriban por email a: [email protected], indicando al menos:

su nombre completo, su nacionalidad, su país y localidad de residencia, su número de teléfono móvil (en lo posible con WhatsApp), su religión, su relación con la Iglesia Católica y su nivel de formación general y religiosa.

La idea es que los integrantes del Círculo sean católicos practicantes, que tengan un nivel de formación al menos medio para poder aprovechar lo compartido en las reuniones y que estén interesados en aprender sobre la teología y la apologética católicas.

Daniel Iglesias Grèzes


Te invito a descargar, leer y difundir mi último libro:

Cinco problemas globales: Una mirada a contracorriente