Se encontró en Anatolia la tumba del Apóstol Felipe (EEChO)

San Felipe fue enterrado en la antigua ciudad de Hierápolis, en la actual Turquía
La tumba de San Felipe, uno de los doce apóstoles de Cristo, fue descubierta en 2011 en el suroeste de Turquía, en Pamukkale, la antigua Hierápolis. El descubrimiento fue realizado por la misión arqueológica italiana que trabaja [allí] desde 1957 y que hoy está compuesta por un equipo internacional dirigido desde 2000 por Francesco d’Andria, profesor de la Universidad de Salento.
El director de la misión explica el descubrimiento: «Hasta hace poco, pensábamos que la tumba de San Felipe estaba en el Monte de los Mártires, pero no habíamos encontrado ningún rastro de ella en el estudio geofísico realizado en ese sector. Hace un mes, descubrimos los restos de una iglesia desconocida, a 40 metros de distancia de la Iglesia de San Felipe en el Monte de los Mártires. Y en esta basílica descubrimos la tumba de San Felipe. Fue construida alrededor de una tumba romana del siglo I que, evidentemente, gozaba de gran estima. San Felipe es considerado un mártir, razón por la cual la iglesia construida en su nombre en el Monte de los Mártires también se llama Martyrion, aunque no hay allí ningún rastro de su tumba.»
Esta tumba romana no era una simple fosa, sino un complejo (sacellum) con una cámara funeraria y un frontispicio.
Al conectar estos elementos y muchos otros, «hemos llegado a la certeza de haber encontrado la tumba del apóstol Felipe situada en el centro de todo el sistema de peregrinación que estaba asociado a él», afirmó Francesco d’Andria.
D’Andria señala un grafito en la cornisa de la tumba que representa un monte sobre el cual se alza una cruz (Hierápolis o el Gólgota), un mosaico que representa peces, y monedas de bronce que datan de los siglos IV y V. En el siglo XII, los turcos transformaron la tumba en una vivienda. Véase aquí el reportaje de la televisión italiana.
Originario de Galilea, Felipe fue a evangelizar regiones de Asia Menor; fue lapidado y luego crucificado por los romanos en Hierápolis, Frigia.
Pudo haber surgido una confusión con el discípulo del mismo nombre, que era diácono y que habría muerto a una edad muy avanzada y por causas naturales. En el Nuevo Testamento, Felipe el Apóstol es mencionado en: Mateo 10:3; Marcos 3:18; Lucas 6:14; Juan 1:43-48; 6:5-7; 12:21-22; 14:8-9; Hechos 1:13. Y Felipe el Diácono es mencionado en: Hechos 6:5; 8:6; 8:9.12-13.26-35.38-40; 21:8-9.18. El diácono Felipe vivía en Cesarea y tenía cuatro hijas vírgenes y profetisas:
«8Al día siguiente partimos y llegamos a Cesarea; entramos en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los Siete, y nos hospedamos en su casa. 9Tenía éste cuatro hijas vírgenes que profetizaban» (Hechos 21:8-9).
En el siglo V, San Jerónimo refiere algo más:
«En estas palabras reconoceréis al apóstol Felipe, que murió en Hierápolis, y a sus tres hijas, de las cuales las dos primeras envejecieron en la virginidad, y la tercera murió en Éfeso, llena del favor del Espíritu Santo» (San Jerónimo, Vidas de hombres ilustres I, 45).
Esto es también lo que Eusebio de Cesarea escribió hacia el 330, acerca de las dos estrellas que brillan en Asia: Juan, enterrado en Éfeso, y Felipe «que descansa en Hierápolis». En un famoso pasaje de su Historia Eclesiástica (III, 31), también habló del Apóstol San Juan, quien “llevaba la insignia” —se trata del símbolo del Sumo Sacerdote, y se puede inferir de la representación de Santo Tomás en el friso de Kong Wang Shan que todos los Apóstoles llevaban tal emblema, así como vestiduras sacerdotales, cuando celebraban [la Misa]—:
“Polícrates (quien era obispo de la Iglesia de Éfeso) escribió a Víctor, obispo de Roma. También él menciona al apóstol Felipe y a sus hijas en estos términos: ‘En efecto, grandes astros se han puesto en Asia, que volverán a salir en el último día, en la parusía del Señor, cuando Él venga del cielo con gloria y busque a todos los santos: Felipe, uno de los doce apóstoles, que descansa en Hierápolis, así como dos de sus hijas que envejecieron en la virginidad; y su otra hija, después de haber vivido en el Espíritu Santo, está sepultada en Éfeso. También Juan, el que reposó sobre el pecho del Señor, que fue sacerdote y portó la insignia, fue mártir [en el sentido de testigo de la resurrección, o aludiendo al hecho de que escapó de la muerte en Roma] y maestro, descansa en Éfeso.’ Esto es lo que se refiere a la muerte de estas figuras. Y en el Diálogo de Gayo, que citamos un poco antes, Proclo, contra quien él discute, concuerda con lo que acabamos de afirmar sobre la muerte de Felipe y sus hijas, cuando dice: ‘Después de esto, hubo cuatro profetisas, las hijas de Felipe, en Hierápolis de Asia; allí está su tumba, así como la de su padre’. Esto es lo que él dice.
Por otra parte, Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, menciona a las hijas de Felipe, que vivían entonces en Cesarea de Judea al mismo tiempo que su padre y que habían sido honradas con el carisma profético. Él mismo dice [como se refirió antes]: «Llegamos a Cesarea; entramos en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los Siete, y nos hospedamos en su casa. Tenía éste cuatro hijas vírgenes que profetizaban.»
Se debe interpretar correctamente este pasaje. Eusebio cita los Hechos de los Apóstoles por asociación de nombres, no para afirmar que el Apóstol Felipe sea el diácono del mismo nombre que proclamó el Evangelio, sino simplemente porque ambos tenían hijas. Las hijas del diácono Felipe, que eran cuatro, vivían en Cesarea, como su padre, explica –no en Hierápolis como las del Apóstol, que eran tres.
Asimismo, se debe tener cuidado de no malinterpretar las indicaciones de Eusebio sobre el Apóstol Juan, a quien menciona también en el Libro V, Capítulo XXIV: él señala que a este Apóstol y evangelista le sucedió otro Juan, también sepultado en Éfeso –como lo indica Ireneo de Lyon en su tratado «Contra las herejías» (Libro 3, Capítulo 1). Pero Juan no sería el autor del Apocalipsis: éste sería obra del «presbítero Juan» de Éfeso. De hecho, como todos aquellos tentados por el arrianismo, Eusebio quería desacreditar este último libro del Nuevo Testamento, que orienta a los cristianos hacia lo que Dios hará aún en la historia y los disuade de querer establecer el Reino de Dios en este tiempo o “siglo", que es precisamente el designio de los arrianos y de todas las ideologías de tipo mesianista: a fin de sacralizar el poder político, los arrianos ya no quieren oír hablar de la venida real de Cristo, que relativiza radicalmente todas las empresas políticas. Por otra razón, esta tesis de los dos autores todavía tiene algunos defensores hoy: el estilo del Evangelio de Juan en griego difiere del del Apocalipsis en griego, lo que delataría el trabajo de dos autores respectivos; de hecho, esto simplemente demuestra que el traductor del Evangelio al griego no es el mismo que, más tarde, tradujo el Apocalipsis al griego. Pero si se compara el texto arameo del Evangelio de Juan con el del Apocalipsis, se constata que el estilo es el mismo, lo que indica un único autor real, el Apóstol Juan, de acuerdo con las tradiciones orientales unánimes. Por lo tanto, la cuestión ya no es relevante.
Fuente: https://www.eecho.fr/la-tombe-de-lapotre-philippe-retrouvee/
Traducción de Daniel Iglesias Grèzes











