El planeta privilegiado (2)
Comentario de: Guillermo Gonzalez and Jay W. Richards, The Privileged Planet. How our place in the cosmos is designed for discovery, Regnery Publishing Inc., Washington DC, 2004.
La mayoría de los científicos contemporáneos asume como un postulado básico el llamado “principio copernicano” o “principio de mediocridad”. En resumen, este principio establece que los seres humanos no ocupamos un lugar privilegiado en el cosmos. El Capítulo 12 del libro que estoy comentando (una obra de gran erudición científica) es una minuciosa refutación del “principio copernicano”. Los autores plantean esta refutación en seis pasos.
Primer paso. No es cierto que la Tierra sea un planeta ordinario. Las propiedades excepcionales de la Tierra que contribuyen a su habitabilidad son, entre otras muchas, las siguientes:
• La Tierra tiene una órbita de poca excentricidad (o sea, casi circular).
• Está dentro de la Zona Circunestelar Habitable (ZCH) del Sistema Solar.
• Está suficientemente cerca del borde interno de la ZCH para permitir una alta concentración de oxígeno y una baja concentración de dióxido de carbono en su atmósfera.
• Tiene una Luna grande y un período de rotación planetaria correcto que contribuyen a evitar variaciones caóticas en su oblicuidad.
• Está dentro del rango correcto de masa planetaria.
• Tiene una concentración adecuada de azufre en su núcleo.
• Tiene una cantidad correcta de agua en su corteza.
• Tiene una tectónica de placas que evita que toda la superficie terrestre sea un solo gran océano y ayuda a mantener temperaturas adecuadas en esa superficie.
La Tierra tiene también muchas características que contribuyen a hacer de ella una magnífica plataforma para la investigación científica del universo. Entre otras características de esta clase, los autores destacan las siguientes:
• La Tierra permite gozar de eclipses solares totales e incluso de eclipses solares perfectos (véase el Capítulo 1).
• Incluye docenas de fenómenos naturales que actúan como registros de datos de gran precisión, que permiten estudiar el pasado de nuestro planeta: anillos concéntricos en los troncos de los árboles, depósitos de hielo en las regiones polares, sedimentos marinos orgánicos o inorgánicos, etc. (véase el Capítulo 2).
• Tiene un magnetismo planetario que permite medir la deriva de los continentes (véase el Capítulo 3).
• Tiene una atmósfera transparente (véase el Capítulo 4).



