InfoCatólica / Razones para nuestra esperanza / Archivos para: Junio 2011

27.06.11

La búsqueda de la verdad y el don de la fe

Los católicos creemos que existe una verdad religiosa, que esa verdad reside en la religión católica, y que todo hombre está moralmente obligado a buscar esa verdad y, al encontrarla, a adherirse plenamente a ella: “En primer lugar, profesa el sagrado Concilio que Dios manifestó al género humano el camino por el que, sirviéndole, pueden los hombres salvarse y ser felices en Cristo. Creemos que esta única y verdadera religión subsiste en la Iglesia Católica y Apostólica, a la cual el Señor Jesús confió la misión de difundirla a todos los hombres, diciendo a los Apóstoles: “Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado” (Mt 28,19-20). Por su parte, todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla.” (Concilio Vaticano II, Declaración Dignitatis Humanae sobre la libertad religiosa, n. 1b).

1. La búsqueda de la verdad

Aristóteles comienza su Metafísica diciendo que todo hombre busca naturalmente conocer la verdad. La inteligencia humana tiende naturalmente a la verdad, está hecha para conocerla.

Dios mismo es la Verdad fontal y fundamental que todos necesitamos y que la mayoría busca, aunque sea oscuramente y a tientas. Esta Verdad tiene consecuencias decisivas en nuestras vidas.

A menudo afirmaciones como éstas son desestimadas hoy en día como “lecturas religiosas de la realidad”. Esa desestimación proviene comúnmente de una ideología relativista. En una palabra, “relativista” es quien sostiene que “En este mundo traidor, / nada es verdad ni mentira. / Todo es según el color / del cristal con que se mira.” (Ramón de Campoamor, Humoradas). Si la verdad depende del tipo de lectura que se haga de la realidad, entonces se puede decir que la verdad es relativa y que cada uno tiene su verdad.

Generalmente los ateos piensan que los seres humanos somos una especie de accidente cósmico destinado a existir brevemente y desaparecer, por lo cual algunos de ellos se inclinan a buscar el mayor placer o disfrute posible en esta vida. Por el contrario, el cristiano cree en la vida eterna, lo cual le hace ver todas las realidades de esta vida desde la perspectiva de la eternidad.

Si en definitiva la verdad no se puede conocer, ¿cómo saber qué actitud tomar ante la vida? ¿Será que la fe es una opción libre pero irracional, emotiva o sentimental? ¿Qué lleva entonces a tantas personas (inclusive a grandes intelectuales) a creer en Dios? En este libro he tratado de dar respuesta a estas interrogantes. Aquí trataré de sintetizar algunos aspectos básicos de la respuesta católica.

La filosofía es una ciencia que tiene cierto grado de autonomía respecto a la teología, pero la fe cristiana tiene consecuencias muy precisas en filosofía. Dicho de otro modo, hay filosofías incompatibles con la fe cristiana. Hoy el mayor enemigo de la fe cristiana es la filosofía relativista, que ha impregnado la mentalidad de no pocos cristianos. El relativismo (filosófico, moral, religioso o cultural) es la versión moderna del escepticismo. La filosofía escéptica se manifestó por primera vez en la antigua Grecia. Gorgias, uno de los sofistas, resumió la doctrina escéptica en los siguientes tres principios: la verdad no existe; o, si existe, no puede ser conocida; o, si puede ser conocida, no puede ser comunicada a otros. En definitiva, el escepticismo y el relativismo niegan la capacidad de la razón humana para conocer y expresar la verdad.

La filosofía cristiana sólo puede ser realista. El realismo es la filosofía que sostiene que existe una realidad objetiva, independiente del sujeto, y que el ser humano puede conocer la verdad de lo real. La verdad es la correspondencia o adecuación entre el pensamiento y la realidad. Si mi pensamiento coincide con la realidad objetiva, es verdadero; si no, es falso. O sea, la verdad es absoluta o no es verdad. El realismo es la filosofía del sentido común de la humanidad. Todos somos espontáneamente realistas. Aristóteles subrayó que el escepticismo es sostenido teóricamente, pero es totalmente impracticable. Nadie es capaz de vivir escépticamente. Cualquier comunicación interhumana es una negación práctica del escepticismo. Con fuerte ironía, Aristóteles sostuvo que los escépticos, para ser coherentes, deberían convertirse en vegetales.

El hombre puede conocer la verdad y de hecho la conoce muchas veces. Pero no hay que confundir verdad absoluta (universalmente válida) con verdad total. La mente humana no puede llegar a conocer la totalidad de la verdad, pero sí aspectos parciales de la realidad, verdades parciales, interrelacionadas entre sí en forma coherente, no contradictoria.

Esta afirmación general se aplica también a la verdad religiosa y a la verdad de la existencia de Dios. Es verdad que Dios existe. Es falso que no exista. No hay una verdad para el gusto de cada uno. Cada uno tiene sus propias creencias u opiniones, pero cada una de ellas sólo puede ser verdadera o falsa (para todos). Es un gran error pensar que cada uno tiene “su verdad” y que la “verdad” de los ateos es que Dios no existe. La verdad es una sola y debe ser absoluta, independiente de lo que cada uno piense. Dios no existe o deja de existir porque creamos o no en Él, así como la Tierra no deja de ser “redonda” porque alguien crea que es plana. Obviamente, con esto no niego que los ateos puedan ser personas de buena voluntad.

Es un dogma de fe católica, definido por el Concilio Vaticano I y reafirmado por el Concilio Vaticano II, que el hombre, mediante la sola luz natural de la razón, puede conocer la existencia de Dios. O sea, existen pruebas racionales (filosóficas) de la existencia de Dios. He intentado presentar algunas de ellas en este libro.

Leer más... »

14.06.11

Diálogo sobre la Santísima Trinidad (4)

Felipe: Según los eruditos, la traducción correcta de Juan 1,1 es: “En el principio era la Palabra y la Palabra era hacia el Dios y la Palabra era un ser divino".

El “Dios” con quien está la Palabra es “ton Theon” ("el Dios", con artículo). El “dios” que es la Palabra es “theos” ("dios", sin artículo). Como este “theos” no tiene artículo determinado, entonces resulta que el “Logos” (la Palabra) no es “Theos", sino que tiene cualidades de “theos". Es un ser divino, pero no es Dios. Si quieres una explicación erudita, lee el Journal of Biblical Literature, volumen 92.

Pablo: Mi respuesta tendrá tres momentos.

En primer lugar, no admito que apoyes tu tesis en la autoridad de “los eruditos". La inmensa mayoría de los eruditos, a lo largo de dos milenios, a pesar de sus diversas tendencias religiosas y filosóficas, ha apoyado la traducción tradicional, que es una clara afirmación de la divinidad de Jesucristo, Hijo de Dios Padre; de modo que en realidad no te refieres a los eruditos en general, sino a los eruditos de tu tendencia “unitaria” (antitrinitaria).

En segundo lugar, quiero destacar que nuestro versículo no presenta ningún problema de crítica textual, por lo cual nuestra discusión se reduce estrictamente a un simple problema de traducción. Entre los miles de manuscritos antiguos del Nuevo Testamento que se conservan no figura ninguna variante del texto griego de Juan 1,1. Esto se puede comprobar en cualquier buscador de Internet utilizando las palabras clave “Greek New Testament Critical Edition” u otras semejantes, lo cual da como resultado un material abundantísimo.

En tercer lugar, pasaré a refutar tu tesis. Dado que mis conocimientos de griego son escasos, me limitaré a mostrar que las traducciones del prólogo del Evangelio de Juan de los testigos de Jehová no son coherentes con tu tesis, a dar un argumento de tipo histórico-teológico y a consultar a un experto en griego bíblico.

Leer más... »

9.06.11

Diálogo sobre la Santísima Trinidad (3)

3. El dogma trinitario pertenece a la Divina Revelación

Felipe: Sigue en pie mi tercera objeción. Ningún texto de la Biblia enseña el dogma trinitario, de lo cual deduzco que éste es una mera invención humana.

Pablo: Antes de pasar a refutar tu tercera objeción, por favor explícame qué creen los testigos de Jehová acerca de la naturaleza del Hijo y del Espíritu Santo.

Felipe: Los testigos de Jehová creemos que el Hijo es un ser divino, pero no es Dios, sino el arcángel San Miguel, la principal creatura de Dios. También creemos que el Espíritu Santo no es una persona, sino la fuerza activa de Dios.

Pablo: Mi respuesta a tu tercera objeción mostrará que tus afirmaciones sobre el Hijo y el Espíritu Santo son contrarias a la Revelación. Pero antes quiero destacar que ambas afirmaciones son también contrarias a la razón.

Si el Hijo es verdaderamente un ser divino, entonces su esencia es la esencia divina y por lo tanto es Dios. La idea de un “ser divino distinto de Dios” es auto-contradictoria.

Si el Espíritu Santo es verdaderamente el Espíritu de Dios, entonces no puede ser una fuerza impersonal. Toda persona es espíritu y todo espíritu es persona. La idea de un “espíritu impersonal” es auto-contradictoria.

Leer más... »

8.06.11

Diálogo sobre la Santísima Trinidad (2)

2. El dogma trinitario no es antibíblico

Felipe: Ahora me queda más claro qué es lo que la doctrina católica dice y qué es lo que no dice. Pero, pasando a mi segunda objeción, te demostraré que la verdad acerca de Dios está en la línea de lo que llamas “subordinacionismo". Me bastará citar dos textos bíblicos:

1 Corintios 8,6: “Para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros.” Por lo tanto sólo el Padre es Dios. No existe Dios Hijo ni Dios Espíritu Santo. Jesucristo es simplemente “Señor”, alguien superior a nosotros, a quien debemos obedecer, pero distinto de Dios.

Efesios 1,17: “Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerlo perfectamente.” De este texto se deduce que el Padre es el Dios de Jesús, que Él controla al Espíritu Santo y que la finalidad del don del Espíritu es conocer perfectamente sólo al Padre.

Pablo: Antes de responder tu segunda objeción debo establecer algunas premisas básicas. Dios es el Ser infinito e inmutable y por lo tanto el misterio de Dios revelado por Cristo es una verdad infinita e inmutable. Sin embargo los hombres, destinatarios de la Divina Revelación, somos seres finitos y mutables, que se desarrollan en la historia. Teniendo esto en cuenta, se comprende fácilmente que la auto-revelación de Dios a los hombres en la historia haya debido ocurrir a través de un largo proceso histórico, gradual y progresivo; y también que, incluso después que la historia de la revelación alcanzó su plenitud objetiva en Jesucristo, todavía haya de darse en la Iglesia una historia de la comprensión subjetiva de la revelación, un desarrollo de la doctrina cristiana.

Por lo tanto no ha de sorprendernos que en la Tradición de la Iglesia e incluso dentro de la propia Sagrada Escritura podamos comprobar una evolución o desarrollo del dogma y de la teología. Esto representa el cumplimiento de una promesa hecha por Jesús en la Última Cena: el Espíritu Santo recuerda las palabras de Jesús a sus discípulos congregados en la Iglesia, les enseña su verdadero sentido y los guía hasta la verdad completa (cf. Juan 14,26; 16,13).

Teniendo esto en cuenta, podemos comprender el hecho de que en el Nuevo Testamento la palabra “Dios” designe generalmente (aunque no siempre) al Padre y que, sin embargo, esto no implica en modo alguno negar la divinidad del Hijo y del Espíritu Santo. Como veremos en la respuesta a tu tercera objeción, hay muchas excelentes razones para afirmar que la doctrina trinitaria está contenida implícitamente en la Divina Revelación transmitida por escrito en la Biblia y que, por lo tanto, la formulación explícita del dogma trinitario no es una corrupción, sino un desarrollo auténtico de la doctrina cristiana. En este punto me basta mostrar que tu argumento no es concluyente.

En 1 Corintios 8,6 –como en muchísimos otros pasajes del Nuevo Testamento– Jesucristo es llamado “Señor", un título que indica claramente su carácter divino. El equivalente hebreo del griego “Kyrios” (Señor) es “Adonai", la palabra que utilizaban los judíos, al leer las Escrituras, para sustituir el tetragrama sagrado (YHWH), el impronunciable nombre de Dios.

Leer más... »

5.06.11

Diálogo sobre la Santísima Trinidad (1)

Este capítulo tiene la forma de un diálogo ficticio entre un testigo de Jehová (Felipe) y un católico (Pablo) acerca del dogma de la Santísima Trinidad. Está basado en un debate real sostenido en un foro de Internet, del cual participé. Si bien soy responsable de la forma definitiva del escrito, dejo constancia de que las opiniones de los participantes de ese debate (principalmente Felix y Palermo) inspiraron buena parte de este diálogo. Agradezco a esos participantes. También agradezco los valiosos aportes del Lic. Néstor Martínez y del Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, que enriquecieron notablemente este escrito.

1. El dogma trinitario no es irracional

Felipe: Tengo tres grandes objeciones contra el dogma católico de la Trinidad.

La primera es que es irracional, porque es absurdo pensar que tres seres son un solo ser. Es obvio que tres es distinto de uno.

La segunda es que hay muchos textos bíblicos que lo contradicen, como veremos luego.

La tercera es que es una doctrina meramente humana, sin fundamento bíblico. Ningún texto de la Biblia dice que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios.

Pablo: Consideraré tus tres objeciones una a una, comenzando por la primera. Tu acusación de irracionalidad contra el dogma de la Santísima Trinidad se basa en una grave incomprensión. El dogma trinitario sería efectivamente irracional si dijera que tres seres distintos son un mismo ser, o que tres es igual a uno; pero no dice eso, sino que hay una única substancia, esencia o naturaleza divina (un solo Dios) y tres subsistencias, hipóstasis o personas divinas (el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo). Si “esencia divina” fuera sinónimo de “persona divina", tendrías razón; pero, como no lo es, estás equivocado.

Felipe: ¿Cuál es entonces, según la doctrina católica, la diferencia entre “esencia divina” y “persona divina"?

Leer más... »