InfoCatólica / Razones para nuestra esperanza / Archivos para: Enero 2011

27.01.11

Los milagros de Jesús (3)

6. La embajada de Juan Bautista y la respuesta de Jesús

“Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: `¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?´ Jesús les respondió: `Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!´” (Mateo 11,2-6; cf. Lucas 7,18-23).

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19.01.11

Los milagros de Jesús (2)

5. Indicios de historicidad global

Hay un conjunto de indicios muy favorables a la historicidad global de los milagros evangélicos.

Los relatos de milagros ocupan un lugar tan considerable en los Evangelios y están tan íntimamente ligados a su trama que no es posible rechazarlos sin rechazar los Evangelios. En el Evangelio de Marcos los relatos de milagros representan 209 versículos sobre un total de 666, es decir, el 31% del texto. Excluyendo los capítulos de la Pasión, la proporción se eleva al 47%. En el Evangelio de Juan, los doce primeros capítulos descansan por entero sobre siete “signos” de Jesús. Eliminar los milagros equivaldría a destruir el cuarto evangelio. X. Léon-Dufour distingue en los cuatro Evangelios 67 relatos de milagros (correspondientes a 34 milagros diferentes), 28 sumarios de milagros y 51 discusiones y alusiones referentes a los milagros (cf. X. Léon-Dufour, o.c., pp. 362-363). Los milagros son pues un dato insoslayable, que exige una explicación.

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17.01.11

Los milagros de Jesús (1)

1. Introducción

En esta serie de artículos, apoyándome en el valor histórico del conjunto de la tradición evangélica, procuraré poner de relieve cómo los milagros de Jesús en general y la multiplicación de los panes en particular permiten afirmar la credibilidad de la fe cristiana.

Jesucristo, “con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y milagros,… lleva a plenitud toda la revelación y la confirma con testimonio divino” (Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la divina revelación, Dei Verbum, n. 4a). Él “apoyó y confirmó su predicación con milagros para excitar y robustecer la fe de los oyentes” (Concilio Vaticano II, Declaración sobre la libertad religiosa, Dignitatis Humanae, n. 11).

Los numerosos milagros de Jesucristo tienen una importancia fundamental para la comprensión de su Evangelio. Ellos son signos reveladores de la identidad de Jesucristo: Hijo de Dios encarnado, auto-revelación de Dios y salvación del hombre.

El milagro de la multiplicación de los panes es uno de los acontecimientos decisivos de la vida pública de Jesús y tiene una gran riqueza de significados, especialmente por ser la prefiguración del sacramento de la eucaristía, “fuente y cumbre de toda la vida cristiana” (Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium, n. 11a).

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15.01.11

“Obrar la verdad” (Josef Pieper)

La prudencia, como base formal y “madre” de todas las virtudes humanas, es el troquel delicado pero firme de nuestro espíritu, que moldea el conocimiento de la realidad transformándolo en ejecución del bien. Encierra en sí la humildad del escuchar silencioso, es decir imparcial, la íntima fidelidad de la memoria, el arte de dejarse informar de algo, la serenidad ante lo inesperado. La prudencia es gravedad pausada y, por decirlo así, filtro de la reflexión, a la par que audacia frente a lo definitivo del decidir. Denota nitidez, rectitud, apertura, imparcialidad de ánimo por encima de todos los enredos y utilitarismos únicamente “tácticos”.

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13.01.11

Dos antropologías en conflicto (6)

6. Dos espíritus contrapuestos

A lo largo de esta serie de artículos he descrito el conflicto entre las dos antropologías principales de nuestro tiempo: la antropología cristiana y la antropología individualista. En este artículo final procuraré mostrar que esas dos antropologías provienen de dos espíritus contrapuestos y tienden a producir frutos contrarios entre sí.

Dos amores construyeron dos ciudades: el amor de Dios hasta el desprecio de uno mismo, la ciudad de Dios; el amor de uno mismo hasta el desprecio de Dios, la ciudad terrena” (San Agustín, La Ciudad de Dios, 14,28).

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