La alegría de la Navidad

Nuestra civilización occidental está enferma de tristeza y de angustia. Es natural que lo esté porque, en gran medida, ha perdido la fe cristiana y ha asumido una cosmovisión absurda: el ser humano no es más que un animal astuto, surgido por casualidad y destinado a la nada, cuya breve vida es totalmente intrascendente. Por eso el proverbial “hombre moderno” busca divertirse por medios cada vez más extraños y alienantes, tratando de olvidar su angustiosa situación (su futura muerte), y cayendo en realidad en diversas idolatrías y esclavitudes (basta pensar en el flagelo de la drogadicción). Así, sumido en una terrible oscuridad, ignorante de la verdad sobre sí mismo, en cierto modo muere (y mata) espiritualmente cada día.

La Navidad cristiana ofrece un agudísimo contraste con este negro panorama. Sus sentimientos dominantes son dos: alegría y paz. Se trata de la verdadera alegría y la verdadera paz, la alegría y la paz que sólo Cristo puede dar y que el mundo busca en vano fuera de Él. Se trata de la alegría de saber que Dios es un Padre infinitamente bueno, que nos ha creado por amor y para el amor, para la feliz comunión de amor con Él por toda la eternidad. Un Dios que nos ama tanto que se hizo hombre en Jesucristo, para salvarnos. Se trata de la paz de la reconciliación con Dios nuestro Padre, en Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien nos amó y se entregó por nosotros, por cada uno de nosotros.

La fe cristiana no es como un salto al vacío, sino un acto de la inteligencia movido por la voluntad. Para una inteligencia abierta a toda la realidad no es muy difícil elegir entre la fe cristiana en Dios, que ilumina todo con su luz, y el ateísmo, que convierte toda la existencia y el universo entero en un gigantesco absurdo. En el principio no pudo ser ni el vacío ni el sinsentido; en el principio era el Logos, la Palabra Racional, la Sabiduría de Dios.

Supuesta la existencia de Dios, tampoco es muy difícil llegar a aceptar todo el contenido de la fe cristiana, comenzando por el gran misterio de la Encarnación: el Hijo de Dios hecho carne. Ofrezco aquí, comprimido al máximo, un argumento estético a favor de la religión cristiana. Un cínico podría pensar que el cristianismo es demasiado bello para ser verdad. En cambio yo pienso (y en este punto me guía la filosofía tomista) que el cristianismo es tan bello que tiene que ser verdad. ¿Acaso puede haber bajo el sol algo más hermoso que la Encarnación y la Pascua del Hijo de Dios? “Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3,16). ¿Cómo Dios podría haberse dejado ganar en amor, generosidad y belleza por una fantasía humana?

Según palabras de Jesucristo, los cristianos somos “luz del mundo”. Debemos llevar la luz de Cristo, verdadera, buena y bella, a un mundo agobiado y oprimido por falta de fe y de esperanza. Ofrezco aquí una sugerencia para la nueva evangelización. La Buena Noticia de Cristo está magníficamente resumida en el número 1 del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica:

“¿Cuál es el designio de Dios para el hombre?
Dios, infinitamente perfecto y bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida bienaventurada. En la plenitud de los tiempos, Dios Padre envió a su Hijo como Redentor y Salvador de los hombres caídos en el pecado, convocándolos en su Iglesia, y haciéndolos hijos suyos de adopción por obra del Espíritu Santo y herederos de su eterna bienaventuranza.”

Si lográramos anunciar a todos los hombres este núcleo esencial del Evangelio, la alegría y la paz de Cristo brotarían o rebrotarían en muchos corazones.

“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!” (Lucas 1,14). “Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz».” (Isaías 9,5).

Les deseo a todos ustedes, compañeros o lectores de InfoCatólica, y a sus familias, una muy feliz y santa Navidad. Y ruego a Dios que en el Año de la Fe nos conceda crecer en la fe, la esperanza y el amor, en el conocimiento y la fidelidad a la doctrina cristiana.

Daniel Iglesias Grèzes


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4 comentarios

  
josep
BON NADAL.

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DIG: Muchas gracias, Josep. ¡Feliz Navidad también para ti!
20/12/12 12:23 PM
  
Ricardo de Argentina
Ciertamente, vivimos de rentas de lo heredado de la Cristiandad. Vivimos gracias a esos "10 justos" (los santos) que aplacan la justa ira de Dios contra una civilización pesimista y desesperanzada, descreída y cínica, que rinde culto a los caprichos de su vientre.

Feliz y Santa Navidad, Daniel.

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DIG: Muchas gracias, Ricardo. ¡Feliz Navidad también para ti!
21/12/12 2:31 AM
  
gambino
Muy bonito y muy inspirador el post. Gracias. Feliz Navidad.

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DIG: Muchas gracias, Gambino. ¡Feliz Navidad también para ti!
21/12/12 7:52 PM
  
Javiergo
Daniel, me ha gustado mucho su post. También a mí me ha parecido muy inspirador todo cuanto afirma sobre la alegría de la Navidad. Ahora que estamos a punto de celebrar el Nacimiento de Jesús, me gustaría compartir el hecho de que a lo largo de mi vida de fe, me ha ayudado muchísimo, en toda circunstancia, el repetir la jaculatoria “Jesús, en ti confío”. San Bernardo de Claraval afirmaba que “hablando de Jesús, nos sentimos iluminados; pensando en Él, recibimos el alimento de nuestras almas; invocándole, encontramos la paz”. El Concilio de Lyon prescribió en 1274 una devoción especial al nombre de Jesús, y el beato Gregorio X comisionó a la Orden de Predicadores para propagarla. La Santa Sede concedió a los Franciscanos, en 1530, la celebración de la fiesta del Santo Nombre de Jesús y su uso se fue extendiendo por toda la Cristiandad. La traducción del bello himno de Vísperas 'Jesu dulcis memoria', hecha por el P. Edward Caswall, ha contribuido a la difusión del poema anónimo atribuido a San Bernardo. Las Letanías del Santo Nombre de Jesús, que son un comentario de los atributos del Salvador más que de su Nombre, provienen tal vez de San Bernardino y San Capistrano. Monseñor Challoner las llama 'Letanías de Nuestro Señor Jesucristo'. Aquí las tenemos para que las disfrutemos todos...

EL HIMNO JESU DULCIS MEMORIA

Es dulce el recuerdo de Jesús,
que da verdaderos gozos al corazón
pero cuya presencia es dulce
sobre la miel y todas las cosas.

Nada se canta más suave,
nada se oye más alegre,
nada se piensa más dulce
que Jesús el Hijo de Dios.

¡Oh Jesús!, esperanza para los penitentes,
qué piadoso eres con quienes piden,
qué bueno con quienes te buscan,
pero ¿qué con quienes te encuentran?

¡Oh Jesús!, dulzura de los corazones,
fuente viva, luz de las mentes
que excede todo gozo
y todo deseo.

Ni la lengua es capaz de decir
ni la letra de expresar.
Sólo el experto puede creer
lo que es amar a Jesús.

¡Oh Jesús! rey admirable
y noble triunfador,
dulzura infefable
todo deseable.

Permanece con nosotros, Señor,
ilumínanos con la luz,
expulsa la tiniebla de la mente
llena el mundo de dulzura.

Cuando visitas nuestro corazón
entonces luce para él la verdad,
la vanidad del mundo se desprecia
y dentro se enardece la Caridad.

Conoced todos a Jesús,
invocad su amor,
buscad ardientemente a Jesús,
inflamaos buscándole.

¡Oh Jesús! flor de la Madre Virgen,
amor de nuestra dulzura
a ti la alabanza, honor de majestad divina,
Reino de la felicidad.

¡Oh Jesús! suma benevolencia,
asombrosa alegría del corazón
al expresar tu bondad
me urge la Caridad.

Ya veo lo que busqué,
tengo lo que deseé
en el amor de Jesús desfallezco
y en el corazón todo me abraso.

¡Oh Jesús, dulcísimo para mí!,
esperanza del alma que suspira
te buscan las piadosas lágrimas
y el clamor de la mente íntima.

Sé nuestro gozo, Jesús,
que eres el futuro premio:
sea nuestra en ti la gloria
por todos los siglos siempre. Amén

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DIG: ¡Qué hermoso! Muchas gracias, Javiergo. ¡Feliz Navidad también para ti!
22/12/12 12:15 AM

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