"Yo soy el Mal pastor"
¡Si de entre los doce que juntó el Señor hubo un mercenario! “Judas, el traidor”…
¿Por qué será así? ¿por qué permitirá Dios estas cosas, es decir, malos pastores? Porque Él se precia de usar elementos deficientes para las grandes obras. Esa “magnífica ironía de Dios” como la apodaba Borges.
Pues sí; hay malos pastores y quizás no haya mayor obstáculo para un cristiano que reconocerlo. Porque ver en el seno de la propia Iglesia la corrupción, es un mal que duele.
El mismo Cristo nos lo dice en el Evangelio de hoy

El silencio de los justos es implacable. Hay rugidos desaforados que paralizan, pero no sanan. Hay discursos fuertes que aplastan, pero no convierten. Gritos de lamento que nacen de la debilidad, o gritos de terror que proceden del nervio y el desorden. Sólo el silencio da cuenta de la armonía interior y del dominio de sí. Y por eso lo domina todo; no hay pregunta ni respuesta que valga. 
