* Nota: reproducimos el excelente texto del P. Leonardo Castellani con ocasión de algunas consultas que, tiempo atrás, nos hicieran respecto de ciertos documentos civiles o religiosos que contrariarían no sólo el sentido común sino también lo que otras autoridades religiosas han dicho en el pasado. La advertencia de cualquier semejanza con alguna realidad cercana que el estimado lector pueda apreciar, queda sujeta a su capacidad de discernimiento y, en última instancia, es responsabilidad del autor –que se consideraba a sí mismo un “signo”, para las futuras víctimas del fariseísmo.
La “santa obediencia” es una gran virtud. Pertenece al género de las virtudes morales, que se discute si en el cristianismo son infusas o no son infusas; y a la especie de la virtud de la “Religión”; al cuarto mandamiento, Primera Tabla; deberes para con Dios, y no para con el prójimo: los padres representan a Dios.
Ninguna fuerza de este mundo será capaz de quitar a Jacinto Verdaguer el sambenito de “desobediente”, que le cuelga incluso la Enciclopedia Espasa. Pero hay desobedientes y desobedientes.

A raíz de diversas consultas acerca de un tema tan delicado como la moral conyugal, nos hemos visto, luego de quince años de ministerio sacerdotal, en la necesidad de confeccionar estas breves páginas con el triple fin de clarificar las conciencias, dar un poco de luz y sanar ciertos posibles escrúpulos en cuanto a las relaciones conyugales.
–L. Castellani, El ruiseñor fusilado, cap. 7: Digresión sobre la obediencia–
1) La Nota de los obispos franceses, del 19/01/2007 titulada: “Sobre la curación de las raíces familiares por medio de la Eucaristía” (ver
