"Ars imitatur naturam": sobre un cuadro de Da Vinci
Esta cárcel y estos hierros, en que el alma está metida son a veces duros y crueles. Y no sólo por razón del cuerpo -con perdón del platonismo teresiano- sino también por la misma realidad que cruelmente se nos impone.
Sin embargo, “sicut docet Philosophus, ars imitatur naturam“, decía Santo Tomás: “el arte imita la naturaleza", es decir, la esencia de las cosas. Y cuando esa esencia es bien significada, nos transporta, nos eleva, nos deja boquiabiertos; es esto lo que pasa con la música, la poesía, la pintura…
Y por más laberintos, retruécanos y emblemas, la realidad significada se nos topará, aunque a veces juegue a las escondidas.
Algo así deben haber sentido estas personas al contemplar el Salvator mundi de Leonardo que ahora se está subastando en Nueva York.
Vean nomás los rostros y piensen cómo será contemplarlo cara a cara.
Que no te la cuenten…
P. Javier Olivera Ravasi

Nunca sabremos cuántos campesinos ucranianos murieron en las hambrunas de Stalin de principios del decenio de 1930. Como recordó Nikita Khrushchev más tarde “nadie llevó la cuenta”. En un escrito de mediados de los años 80, el historiador Robert Conquest nos da una tasa de mortalidad de alrededor de seis millones, un cálculo no tan incompatible con una investigación posterior (los escritores del Libro Negro del Comunismo (1999) estiman un total de cuatro millones solo en 1933).
Gendarmería: las cosas por su nombre






