"¿Misa de espaldas?". ¡No, hombre! "¡De cara a Dios!". Sermón sobre la misa "ad orientem"
Seguimos entonces[1], como el domingo pasado, con una catequesis de la Misa. Y esta vez tocan ver algunas disposiciones físicas del templo y de los fieles. Especialmente en lo que se refiere hacia dónde mira el sacerdote y el pueblo fiel.
Pero no hace falta que nos metamos en la Misa Tridentina o “tradicional” o en la “forma extraordinaria”, como bien lo ha señalado hace poco el Cardenal Sarah. Vayamos nomás al Misal del Concilio Vaticano II donde se lee en las rúbricas la siguiente indicación al momento de la preparación para la comunión:
«El sacerdote, volviéndose hacia el pueblo, dice en voz alta: “Dichosos los invitados a la mesa del Señor” […] Luego el sacerdote, volviéndose hacia el altar, dice en voz baja: “Que el cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna”».
¿Qué fue lo que pasó entonces? ¿Por qué hemos visto, desde niños nomás, que el sacerdote nos está mirando desde que comienza hasta que acaba la Misa? Es que se trató de una praxis litúrgica, impuesta con el tiempo y a maza y martillo…
Pero… ¿por qué la Misa de “espaldas al pueblo” y no “de cara al pueblo”?



Como el lector podrá advertir el clima de tensión que se había creado alrededor de la comunidad judía cada vez iba tomando mayores dimensiones y clamaban una pronta solución.
En esta segunda parte de nuestro trabajo indagaremos en la historia del pueblo hebreo en la España de Isabel la Católica. Creemos que la historia nos dará los elementos necesarios para vislumbrar las razones que han movido al pueblo judío a oponerse tan fuerte y abiertamente a la canonización de Nuestra Reina.





