(219) Personalismo V: vanas pretensiones de realismo

COMENTARIO
«podemos apuntar, por un lado, la satisfacción por la tarea acabada y, por el otro, la conciencia de haber logrado al menos en cierta medida proporcionar una imagen global del personalismo y también de haberlo caracterizado de un modo suficientemente válido, primero, como una filosofía realista y, dentro de este amplio marco, como una filosofía nueva con unos rasgos lo suficientemente precisos como para distinguirla de otras posibles filosofías» (J.M. BURGOS, El personalismo, Palabra, Madrid, 2000, p. 194)
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Coincido con el autor de este libro en que en él se proporciona una buena imagen global del personalismo, y es un texto bien acabado y bien escrito. Sin duda, es un buen libro sobre el personalismo.
Pero no coincido con sus conclusiones ni con su estimación del pensamiento personalista.
Porque el personalismo ni es una filosofía propiamente hablando, cosa que evita ser, ni es realista en sentido metafísico.
—El personalismo no es una filosofía porque no pretende serlo; creo que por su asistematismo anti-abstractivo, o por la inconsistencia conceptual de sus principios fundacionales; también por su preterición del entendimiento al plano afectivo —es decir, a la voluntad.
Por eso, más que como una filosofía estrictamente hablando, podría caracterizarse como una idiosincrasia con ideo-sincrasia.

En tiempos de prueba, fácilmente decae la fe. No creamos que depende principalmente de nosotros mantenerla en alto. Hay que pedirla y no dejar de orar.
Afirma el gran Nicolás Gómez Dávila en uno de sus Escolios que «la humanidad cree remediar sus errores reiterándolos».
1.- La obra de Dietrich Bonhoeffer (1906- 1945), pastor protestante asesinado por los nazis, ha nutrido con algunos tópicos teológicos la mente personalista de hoy. Lugares comunes que perduran hasta este momento, incuestionados, popularizados, mutados de una forma u otra, y que tienen un papel importante en algunas tendencias de la nueva evangelización.