(89) De la vida cristiana como arte de recibir regalos, o más sobre la eficacia de la gracia

I.- DE LA VIDA CRISTIANA COMO ARTE DE RECIBIR REGALOS

Amigo, tu alma busca al Señor, porque el Señor la encontró, y te dio el buscarla.

En el post anterior hemos visto las dificultades que encuentra en general el católico de hoy para comprender la centralidad de la gracia en su vida cristiana.

Más que perrillo que pide a su Dueño, quisiera el cristiano centrado en sí mismo ser el Amo, y tener a Dios a su servicio.

Como el niño malcriado que planta cara de disgusto el día de su cumpleaños, y no acepta el regalo de su Padre. Así es el alma falsamente piadosa, que quiere autorredimirse, y no acepta un detalle eficaz de Dios, en este caso, una merced que le libere de su egoísmo y le haga otro. Él quiere, en su tozudez autocéntrica, ser siempre el mismo.

Es lo contrario del arte de recibir regalos. Que incluye el arte humilde de pedir. Arte que es primicia del Espíritu Santo, que te va encaminando por distintas pruebas y trabajos, y que el Padre tiene pensado para ti desde toda la eternidad.

El niño malcriado no pide, exige. Es la actitud enferma del soberbio. El P. Rivera y el P. Iraburu lo expresan bellamente:

“Pidiendo a Dios, abrimos en la humildad nuestro corazón a los dones que Él quiere darnos. El soberbio se autolimita en su precaria autosuficiencia, no pide (…) En cambio el humilde pide, pide siempre, pido todo, en todo intento lleva en vanguardia la oración de súplica. Y es que se hace como niño para entrar en el Reino, y los niños, cuando necesitan algo, lo primero que hacen es pedirlo.” (“Síntesis de espiritualidad católica”, 7ª Edic. pág. 299)

Tu Defensor te enseña el arte de recibir regalos del Padre de las luces (Sant 1, 17), que en eso consiste la vida cristiana.

Como perrillo querencioso de su dueño, se arrima el alma a la Cruz del Señor, y de su lado no se mueve, hasta que el Padre no la levanta de entre los muertos, y con caricia regalada la devuelve a la verdadera vida.

 

Y así, toda la doctrina cristiana de la gracia se sustenta en esta pregunta:

“En efecto, ¿con qué derecho te distingues de los demás? ¿Y qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” (1 Corintios 4, 7)

Por eso, amigo, no ha de gloriarse tu alma en todo cuanto recibió cuando, arrimada al Hijo del Hombre, éste la obsequió con una participación de su vida. ¡Que para eso su cruz! ¿No te das cuenta? Para abrir las puertas del orden de toda merced gratuita e indebida.

***

Mas hay una dolencia del alma, una enfermedad del pseudopiadoso, que convierte en derecho absoluto la salvación, como un pago que Dios le debe a quien se quiere distinguir por sí mismo, y merecérselo todo por sus propias fuerzas. Es el mal arte de rechazar regalos.

Lo que Joseph Ratzinger denomina el pelagianismo de los piadosos en su bello libro “Mirar a Cristo”. Copio del fragmento, pág. 87, que es muy sustancioso:

“La otra cara del mismo vicio es el pelagianismo de los piadosos. No quieren obtener perdón alguno, y en general don alguno de parte de Dios”.

No quieren recibir regalos de lo alto. Nada de gratuidades. Lo que se tiene, que sea porque se ha ganado. Como un jornal. Nada de fiestas de cumpleaños, ni soplar velas, ni abrir regalos…Qué aburrimiento. Qué cansino es olvidar que el ser humano puede verdaderamente merecer, en virtud de una gracia inmerecida.

En general, a esta mentalidad de burgués se debe, por ejemplo,  la minusvaloración de lo esencial de la vida mística, es decir, de la acción de los dones del Espíritu Santo al modo divino.

Por eso, atento a esta 1ª tesis:

Toda pastoral ajena a la gratuidad sobrenatural hace el ridículo.

 
II. DE LA SUBSTITUCIÓN DE LA GRACIA DE INFANCIA ESPIRITUAL POR EL DERECHO ABSOLUTO DEL MALCRIADO
 

Y sigue Ratzinger:

“Le falta la humildad esencial para el amor, la humildad de poder recibir dones más allá de nuestro actuar y merecer”. (…) “Es su propio derecho el que triunfa y un Dios que no colabore se convierte en su enemigo”.

Como el niño egoísta, como el niño rico. Sus padres le regalaron un cuento que no quiso leer, la colección de mariposas que arrojó por el balcón, el soldado de plomo al que le faltaba un pie, y que arrojó a la basura. Él sólo quería SU regalo, bien caro por cierto. Lo demás es basura. ¿Cómo es que sus padres osaron no regalárselo? Malos, malos padres….Con lo bueno que se considera a sí mismo el niño malcriado, que todo se lo merece, y no valora nada de cuanto le dan, de cuanto recibe…

Es su propio derecho el que triunfa, apunta Benedicto XVI.

Esta negativa a apercibirse del don divino de la salvación, y a entenderlo a la manera de un derecho absoluto, de una exigencia comprada a base de ficticia bondad y soberbia contable, autoagasajada, es la negación misma del don gratuito de la salvación, tal y como lo enseña la Iglesia:

“623 Dz 318 Cap. 3. “Dios omnipotente quiere que todos los hombres sin excepción se salven (1Tm 2,4), aunque no todos se salvan. Ahora bien, que algunos se salven, es don del que salva; pero que algunos se pierdan, es merecimiento de los que se pierden.”

***

Les falta la humildad necesaria. Es la gran carencia del voluntarismo antropocéntrico.

Esta substitución de la humildad por la seguridad de la autorredención es uno de los obstáculos más grandes para dar el paso y comprender lo esencial de la primacía del auxilio eficaz.

Como dicen el P. Rivera y el P. Iraburu en la “Síntesis de espiritualidad católica”:

“Confianza. El humilde no apoya su vida en sí mismo”

Por eso el humilde entiende que es Dios mismo quien le agracia con un acto saludable verdaderamente suyo.

Que no confía en su propio derecho (inexistente), 

“sino en el amor de Dios providente, y vive confiado, como un niño que se confía a sus padres”.

Recordemos el diagnostico de Ratzinger, que expone la sintomatología del pelagianismo de los piadosos:

“Les falta la humildad esencial para el amor, la humildad de poder recibir dones (…)

Y sentencia:

Es “la negación de la esperanza a favor de la seguridad”.

 

Comprobamos, pues, que el rechazo de la eficacia de la gracia procede de una falta radical de humildad, que a su vez genera un deseo insaciable de seguridad carnal.

Esta carencia  pseudofundamenta la salvación en un derecho absoluto y carnal a mera recompensa caprichosa y autocéntrica.

Y anunciamos la 2ª tesis:

La falsa confianza voluntarista en la capacidad de autorredención cierra los ojos a la eficacia de la gracia y conduce al cristiano a un antropocentrismo pelagiano al modo liberal.

 

III.- DEL NIÑO MALCRIADO Y LA DOBLE ACCIÓN DE CRISTO EN EL ALMA

Podemos explicar así la acción de la gracia eficaz con la imagen de un doble movimiento:

hacia dentro,

y hacia afuera.

El movimiento hacia dentro de la gracia produce una rehabilitación del libre albedrío en orden a un acto saludable. Es lo que denominamos intensividad de la gracia. La voluntad recibe la merced divina, que la sana y restaura para que pueda realizar la obra querida por Dios.

Por el movimiento hacia afuera de la gracia, el libre albedrío produce un acto verdaderamente suyo, libre y sobrenatural.  Es la extensividad de la gracia, por la cual el justificado realiza acciones sobrenaturales.

Hay que hacer notar que este doble movimiento hace posible la obra fundamental de la redención:

-que el ser humano pueda realizar y de hecho realice actos sobrenaturales meritorios.

El socorro divino, con su movimiento intensivo, sana la libertad en orden al acto querido por Dios.

Con su movimiento extensivo, la libertad puede actuar y de hecho actúa por sí misma.

Este doble movimiento hace realidad que la voluntad se mueva por sí misma, como enseña el Doctor Angélico, y que el ser humano encuentre su sentido y ubicación en el misterioso plan divino, encontrándose consigo mismo en Cristo, de forma que, como recordaba S Juan Pablo II en la Redemptor Hominis:

a) “El Redentor del hombre, Jesucristo, es el centro del cosmos y de la historia.”

y b) “Cristo, Redentor del mundo, es Aquel que ha penetrado, de modo único e irrepetible, en el misterio del hombre y ha entrado en su «corazón». Justamente pues enseña el Concilio Vaticano II: «En realidad el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado.”

Si Cristo es el centro de todo, también lo es, necesariamente, de los actos libres meritorios con que el ser humano se salva.

Y con este doble movimiento, el divino auxilio centra a Cristo en la vida del cristiano y lo configura con Él.

Intensivamente, introduce a Cristo, que libera. Extensivamente, identifica la obra del cristiano con la obra de Cristo, de forma que obra con Él, por Él, y en Él, hasta ser otro Cristo:

“y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí. Yo no anulo la gracia de Dios: si la justicia viene de la Ley, Cristo ha muerto inútilmente.” (Gálatas 2, 20-21)

Fijaos lo que dice la Escritura:

-si la justicia viene de la ley, Cristo ha muerto inútilmente.

Es decir: Cristo ha muerto para que el orden de la gratuidad dé vida eficazmente al albedrío. De aquí procede la justificación. Toda salud viene de Cristo, de su gracia.

Por eso, 3ª tesisno es la ley la fuerza que hace posible cumplir la ley, como cree el piadoso pelagiano del que hablaba Ratzinger, sino la fuerza de Dios, que es Cristo, cuya merced hace posible cumplir la ley y que de hecho se cumpla.

 

¿Qué tiene que ver todo esto con el niño malcriado? Mucho.

El niño desobediente y caprichoso no quiere hacer la voluntad de su Padre, sino su propia voluntad. No quiere aceptar que no ha sido hecho para realizar su propio querer, sino el querer de su Padre. Y así, va malgastando, derrochando, inutilizando toda gracia relativa a la voluntad de Dios.

Y se desconfigura radicalmente con Cristo, que dice:

“Mi comida es hacer la voluntad de Aquel que me envió y llevar a cabo su obra.” (Juan 4, 34)

Olvida el católico malcriado por su voluntarismo que no ha venido a hacer su voluntad, ni sus obras, sino la voluntad del Padre y las obras del Padre, y que para eso le habilita la gracia con su doble movimiento:

-intensivamente, le da alas para la desapropiación sobrenatural de su voluntad, que así se vuelve verdaderamente suya,

-y extensivamente, le da alas para realizar las obras del Padre en su vida.

Y en eso consiste la doble eficacia de la gracia: en que el cristiano pueda realizar y de hecho realice el plan del Padre.

 

IV.- LA EFICACIA DE LA GRACIA HACE POSIBLE EL CUMPLIMIENTO SALUDABLE DE LA LEY

Jesús, por tanto, presenta al cristiano la Ley bajo una NUEVA perspectiva, la perspectiva de la eficacia de su auxilio:

CATECISMO 577 Al comienzo del Sermón de la Montaña, Jesús hace una advertencia solemne presentando la Ley dada por Dios en el Sinaí con ocasión de la Primera Alianza, a la luz de la gracia de la Nueva Alianza:

«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una “i” o un ápice de la Ley sin que todo se haya cumplido. Por tanto, el que quebrante uno de estos mandamientos menores, y así lo enseñe a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; en cambio el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los cielos» (Mt 5, 17-19).

Es notable como lo presenta el Catecismo:

presentando la Ley dada por Dios a la luz de la gracia.

Y enunciamos la 4ª tesis, que condensa la doble realidad intensiva/extensiva del socorro divino: 

-la gracia no cancela la ley natural, sino que hace posible su cumplimiento real y saludable.

Esto, por sí solo, debería transformar ciertas pastorales ninguneantes de la ley natural.

La Ley Natural es posible cumplirla y de hecho se cumple por medio de la gracia.

¿A qué viene entonces presentar el cristianismo como una exigencia imposible?

Viene a cuenta de la falta de fe en la eficacia de la gracia.

Y de aquí se deriva el RIDICULO ESPANTOSO de toda pastoral en que la eficacia de la gracia no está presente.

O como diría Bloy, con sinceridad brutal, en su Diario de 1913:

“Usted ha comprendido que no se trata solamente de flagelar al burgués (es decir, al pelagiano piadoso), satisfacción legítima sin duda, pero insuficiente. me propongo, sobre todo, bajo estra forma de ironía y burla enormes, practicar una especie de apostolado, demostrando la miseria sorprendente y el ridículo infinito de todo lo que se opone a Dios." 

 

A MODO DE CONCLUSIÓN

Una pastoral donde no esté presente la eficacia de la gracia recibida hace el ridículo. Presenta el cumplimiento necesario de la Ley Natural como un imposible, y deriva hacia formas pelagianas de vida piadosa, tal y como explica Benedicto XVI.

León Bloy, en la “Exégesis de lugares comunes”, LXXX,  tiene unas palabras muy duras para el católico malcriado, pelagiano pseudopiadoso que no quiere sino cumplir con sus propias fuerzas y despreciar todo don del cielo que le haga sombra:

“La gente elegante que cumple con sus obligaciones religiosas practicando determinados rituales, los estrictamente indispensables, sin pensar, ni un solo minuto, en la idea de santidad, serán juzgados y condenados, al final de los tiempos, como insectos”

Para terminar, recordamos algunas verdades, para que el católico malcriado y liberal no las olvide:

1963 Según la tradición cristiana, la Ley santa (cf. Rm 7, 12) espiritual (cf. Rm 7, 14) y buena (cf. Rm 7, 16) es todavía imperfecta. Como un pedagogo (cf. Ga 3, 24) muestra lo que es preciso hacer, pero no da de suyo la fuerza, la gracia del Espíritu para cumplirlo

1972 La Ley nueva es llamada ley de amor, porque hace obrar por el amor que infunde el Espíritu Santo más que por el temor; ley de gracia, porque confiere la fuerza de la gracia para obrar mediante la fe y los sacramentos; ley de libertad (cf St 1, 25; 2, 12), porque nos libera de las observancias rituales y jurídicas de la Ley antigua, nos inclina a obrar espontáneamente bajo el impulso de la caridad y nos hace pasar de la condición del siervo “que ignora lo que hace su señor”, a la de amigo de Cristo, “porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15, 15), o también a la condición de hijo heredero (cf Ga 4, 1-7. 21-31; Rm 8, 15)

Este es el católico verdadero. El que es movido por su Defensor a recibir regalos, y de hecho los recibe. Y si uno de ellos contiene cruz, trabajos sin cuento, y tribulaciones mil…¡a por ellos!
 

Amigos, que toda nuestra vida cristiana en esta tierra, en que somos peregrinos y forasteros (1 Pedro 2, 11), sea como un regalo de cumpleaños.

El cumpleaños del hijo heredero. ¡Felicidades!

 

 
 

8 comentarios

  
Manuel Pérez
Déjate hacer, hermano mío, déjate hacer. No te empeñes en frustrar a tu Señor. No apagues los fuegos que él, pacientemente, enciende dentro de ti. Déjate abrazar por las llamas del Amor, déjate querer, deja que su Amor te haga amar, te haga vivir, te haga subir... Sin Él, no puedes hacer nada. Con Él, todo lo puedes. Todo lo puedes pero no te cansas cuando puedes, porque las fuerzas las pone tu Señor, el objetivo lo ilumina tu Señor, el mismo deseo lo inspira tu Señor. Todo lo puedo en aquél que me conforta. Pudiendo, eres confortado. Pudiendo, experimentas que no podrías sin Él. Por eso, puedes, pero estás agradecido por poder. Y vives en la gratuidad, el descanso y la gratitud.

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Alonso: ¿Empiezo a entenderlo?
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A.G.:
Peaso de comentario el tuyo, Manuel, amigo. De maravilla.
03/07/15 5:02 PM
  
Juan Andrés
"La Ley nueva es llamada ley de amor, porque hace obrar por el amor que infunde el Espíritu Santo más que por el temor". "Quién me ama cumplirá mis mandamientos". Pero el amado, para llegar a ese estado, tiene que dejarse ver, tiene que mostrarse, tiene que darse a conocer, y eso se logra también por vía de la gracia del Señor. El poder llegar a amarlo es parte del mismo proceso. Hasta no hace mucho pensaba que tenía todo bajo control, incluso quizás la salvación, hasta que Él me mostrò que estaba equivocado, y entendí que ni siquiera lo amaba. Y entiendo incluso lo del niño malcriado, yo lo era, o estoy dejando de serlo, por pura gracia, por cierto .
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A.G.:
Bien lo dijo, Juan Andrés, muy bien: "estoy dejando de serlo, por pura gracia, por cierto ."
03/07/15 5:57 PM
  
Luis Fernando
Haces trampa... Rivera, Iraburu, Ratzinger, Bloy... así cualquiera hace un gran post, :)
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A.G.:
jajaja solamente las citas valen más que todo el post, esa es la verdad. Ah, vigila tus citas, que estaré pendiente para vengarme...jeje
03/07/15 6:46 PM
  
jomigiur
El Señor nos primerea. Siempre me he imaginado la vida de gracia como un río caudaloso que proviene de la fuente divina y que llega a nuestra alma, nosotros podemos cerrar, obstaculizar el paso de ese flujo como si restringieramos con una valvula el caudal amoroso que nos llega.Esa válvula reside en nuestra voluntad. Incluso podemos mediante el pecado mortal cerrar esa comunicación , impidiendo que el agua pura corra en nuestro ser, cerrando completamente su paso. El pecado original deja incrustaciones a su paso, siempre hay una resistencia inevitable, una pérdida de carga. Cuanta mas abierta , cuanta mas abertura , cuanto mas vaciamiento de nosotros mismos, cuanta mas humildad confiada, más gracia , mas caudal de santidad. Que el agua corra, que sacie nuestra sed, que el Espiritu Santo , cauce de la corriente que viene de la fuente , nos purifique de nuestro ego reductor con su fuego, y a través de nosotros esa misma agua pueda extenderse y llegar al prójimo, creando una red fluvial de amor, un mar de fueguitos .
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A.G.:
Sí, es una bella imagen, en la que no hay que olvidar nunca que el que se abra la válvula es obra de la gracia, y por eso nuestra. El pecado mortal, desde luego, lo que hace es cerrar el paso al Agua de Vida.

Gracias
03/07/15 11:32 PM
  
José Luis
La Gracia de Dios no debe frustrarse en mí. Si nosotros hacemos o pensamos, o compartimos cosas indignas, esto es una señal, que Dios nos quita su Gracia. Pues la Gracia de Dios no lo tienen todos, pero todos lo pueden aceptar si quiere. La libertad de elegir el bien o el mal. Cuando se elige el mal, que es la opción, de los que se ponen en la fila de los que ya están en vías de perdición. Pues quien acepta pecados mortales, dice no al plan de salvación de Dios. Con la aceptación del pecado, eligen al demonio, eligen ser hijos del Maligno, y siguen pecando.

• «Pero por la Gracia de Dios, soy lo que soy, la gracia que se me dio no resultó inútil; al contrario, he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo» (1Co 15,10)

Cuando más aceptemos la Gracia de Dios, más ánimos tenemos en trabajar más por el Reino de Dios, si un alma no alimenta su vida espiritual, termina por dedicarse a otras cosas que no son de Dios, ya sea del pecado, ya sea de la mundanidad, o del amor propio, autoestima, y porque no deja que Dios sea parte de su vida.

A diferencia de San Pablo, que siempre reconocía el crecimiento por la Gracia de Dios, muchos hoy, “sin ayuda de nadie, lo he hecho yo solito”, ¡vaya!, pero esos trabajos por orgullo y soberbia, termina por ir rápidamente cuesta abajo, luego la tristeza, se derrumba como un “castillo de naipe”, se rinde porque no ha pensado en Dios.

• « Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí es arrojado fuera, como los sarmientos, y se seca; luego los recogen, los arrojan al fuego y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y se os concederá. En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto y seáis discípulos míos. » (Jn 15,4-8)

Es imposible que demos frutos para la vida eterna mientras estamos aferrados en el pecado… aferrados a aficiones terrenales, por muy "inofensivo", en apariencia, cuánto más peligrosa lo es para nuestra vida de fe, pues me estoy acordando de una enseñanza de Santa Teresa de Jesús.

Jesucristo nos invita, no nos obliga, a que permanezcamos con Él, y muchos de nosotros, claro, porque el amor nos cierra las puerta al sufrimiento que nos acarrearía el consentimiento del pecado. Vivir la vida de gracia es lo mejor, y nosotros sí, debemos obligarnos por amor a permaneced en Cristo Jesús.

Los que mueren en el pecado, inmediatamente se condenan, y es olvidado por Dios para toda la eternidad. Y como renunciaron en vida, contemplar a Dios, ellos, a pesar de la tremenda oscuridad del infierno, pueden ver incluso las horribles visiones de los demonios que les atormentan día y noche, sin el más mínimo descanso.

En las redes sociales hay personas que hacen dibujos de demonios, incluso de caricaturas para hacer reír o no darle demasiada importancia. Pero, nuestro Señor Jesucristo dice a Santa Catalina de Siena, que el demonio es lo más horroroso, que alguien no puede soportar ni por un instante, como lo vio ella, esa horrible visión.

La pérdida o el rechazo de la gracia, es la peor tragedia que un alma puede padecer, sin embargo, se divierten según el mundo, hasta que terminan condenados.

El consentimiento del pecado mortal es más terrible que un terremoto; un volcán en erupción. Un solo pecado mortal y si todavía esa alma desgraciada añade más pecados mortales, tanto más terrible padecerá en la dureza del infierno.

No, en el infierno, los condenados no entran en dialogo, como he oído en una conferencia..., los condenados se odian unos a otros, no se pueden mover, ni un solo dedo, no pueden pestañear.

Vivir la vida de gracia, nos ayuda incluso a que nuestras expresiones no sean altisonantes, no sean groseras ni impúdicas.

La vida de gracia nos asemeja a los ángeles, mejor aún. Dios nos reconoce que tenemos la imagen de Jesús en todo nuestro ser, pensamientos, obra, vida de pureza, y detestamos, aborrecemos todo tipo de pecados y vicios.
Algunos dicen, “Dios ama al pecador pero no al pecado”, yo pienso de esta otra forma, que Dios da la oportunidad para la conversión de todos, la penitencia que nos borra nuestros pecados, claro, el sacramento de la confesión, debidamente establecido por la Iglesia Católica y no de la manera de los herejes…

¿Qué penitencia podemos hacer si no se lo oímos por el confesor en el confesionario, insisto, debidamente revestido, de esta forma les guiará la misericordia, la comprensión al penitente.

“Yo me confieso con Dios y no con ningún sacerdote”, es el pensamiento de quienes aún no se han confesado, y permanece todavía en sus pecados, incluso mortales. Pues el demonio que es mentiroso y padre de la mentira, no quiere que los que buscan a Dios perseveren en la Gracia divina.

Trabajemos siempre por la Gracia de Dios, y nada del mundo, ni del pecado nunca nos pueda ser arrebatada la Gracia que Dios nos ofrece, aceptemos todo ofrecimiento de Dios, amando más intensamente a la Iglesia Católica. Porque sin la Iglesia Católica, es imposible comprender la unidad que Cristo nuestro Dios y Salvador nos enseña.

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A.G.:
En efecto, amigo mío, no se me ocurre ninguna desgracia mayor que resistir la gracia. Por la gracia somos salvados.

Como muy bien apuntas: "Trabajemos siempre por la Gracia de Dios, y nada del mundo, ni del pecado nunca nos pueda ser arrebatada la Gracia que Dios nos ofrece, aceptemos todo ofrecimiento de Dios, amando más intensamente a la Iglesia Católica. "

Y nunca olvidemos lo que oportunamente nos recuerdas, que el demonio es el enemigo número 1 de la gracia, porque odia que los cristianos sean santos.
04/07/15 12:30 PM
  
Horacio Castro
Muy claro. El regalo es entender que debemos rogar a Dios con buenas obras su gracia para nuestra salvación. Eso es rogar “Señor… cuéntanos entre tus elegidos.
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A.G.:
Así es, Horacio, el regalo es que pedimos y se nos da, para que seamos santos.
05/07/15 12:32 AM
  
jomigiur
Dios nos crea, todo subsiste por El, incluida nuestra voluntad . Puede actuar desde fuera y desde dentro de nosotros mismos . La posibilidad de que el agua de vida corra o se estanque corrompida por no responder con amor a su Amor depende en última instancia del Eterno,quien nos da también la fuerza necesaria, mediante el alimento de su gracia eficaz, para abrir la válvula, con nuestra colaboración plenamente libre cuando lo hace. Siguiendo con el símil anterior y precisando para no caer en un semipelagianismo, se trataría de una válvula pilotada, siendo Dios además de la fuente del agua, el piloto accionador de la válvula que posibilita su recepción y paso, que libera nuestra libertad, esclavizado por las consecuencias del pecado original y más proclive a la concupiscencia que a la gracia. El piloto acciona el mecanismo de la válvula y el agua corre y nos vivifica, si no se acciona no sería posible . La libertad es fruto de una liberación y es la misma gracia su mecanismo liberador, seremos más libres cuanto más siervos de Su Voluntad.Pongamos los ojos en Maria, esclava del Señor y mediadora de la mayor gracia por su Si, la encarnación, por la cual somos divinizados, hijos en el Hijo.

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A.G.:
Perfecto, amigo. Así se habla.
05/07/15 11:13 AM
  
Feri del Carpio Marek
Me hizo recuerdo a unas palabras, que se quedaron muy dentro de mí, de Francisco cuando todavía era el cardenal Bergoglio: «Para fortalecer la fe, que tu oración, además de ser pedigüeña --porque hay que ser muy pedigüeño, ¿eh? el católico es muy pedigüeño--, además de ser pedigüeña y de ser agradecida, que tu oración sea alabadora y adoradora de Dios.»
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A.G.:
Me gusta eso de ser pedigüeño de Dios. Pedirle su gracia, como un mendigo inoportuno...es nuestra vida y nuestra única manera de alcanzar la santidad.
Gracias amigo.
06/07/15 5:16 PM

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