Liturgia. Puntualidad también al revés
Comienzo diciendo que servidor de liturgia lo justo, y que si quieren de verdad conocer en serio la liturgia de la Iglesia lo que tienen que hacer es acudir al vecino blog de D. Javier Sánchez, que ese sí que sabe.
La puntualidad es cosa de agradecer en cualquier ámbito de la vida. Es disciplina, es educación, es saber estar y es, muy especialmente, una muestra de respeto y consideración hacia los demás. Por eso me parece fundamental, es lo mínimo, comenzar las celebraciones con puntualidad exquisita. Que de forma caprichosa el señor cura se permita empezar siempre tarde es simple y llanamente desprecio a los fieles, que aquí mucho bla, bla, bla con que Iglesia somos todos y que los fieles son mayores de edad y luego resulta que la misa de doce es a las doce y diez, doce y cuarto, porque sí y de manera habitual.

Hay palabras que se convierten en mantras. Es como si alguien de repente hubiese regalado sobres con media docena de ellas y pobre de ti si no las utilizas a diestro y, sobre todo, siniestro. Por ejemplo, consenso, diálogo, crispación, entendimiento, unión, fraternidad, comunión. Da igual políticos que eclesiásticos. Todos con el mismo sobre en la mano y en el cerebro.
Un cachondeo. Con todas las letras.
A estas alturas de la película ya saben mis lectores de qué pie cojea uno, y tienen claro que una de mis manías, acepto que se tome así, es luchar para que en todas las campañas y acciones de la Iglesia quede claro que son de la Iglesia. Ya está bien de años de renuncia vergonzosa y vergonzante de nuestra propia identidad.
Con el paso del tiempo perdemos las buenas costumbres. Hace poco tuve la oportunidad de encontrarme con algunos lectores del blog y hete aquí que no sabían que este blog es de pago. Inocentes de ellos que se pensaban que todo se hace gratis et amore.