Vamos a estarnos quietos de una puñetera vez
Ir cumpliendo años tiene sus ventajas. Una, que has visto y conocido muchas cosas. Otra, que te importa un bledo decir lo que piensas.
Qué estrés parroquial, por Dios.
Catequesis de niños con diapositivas, películas, expresión corporal, merienda, cumple, reunión con padres que no tiene tiempo.
Grupos de jóvenes con reuniones, salidas, campamentos, peregrinaciones, tertulias, cine fórum, campeonato de fútbol y ahora redes sociales.
Grupos A, tertulias B, salidas C, conferencia, encuentro.

Que, por cierto, cada vez es menos.
En España hay una buena cantidad de las que se llaman “Vírgenes negras”, entre las cuales es especialmente conocida la “Moreneta”, como se llama cariñosamente a la Virgen de Montserrat. Efectivamente hay imágenes que son “negras”, unas porque son así, y otras porque acabaron de color oscuro como fruto del tiempo y de la devoción de los fieles.
Hagan el esfuerzo de comprobarlo. No hay nada que más guste a la izquierda autoproclamada progresista, y me da igual por lo civil o por lo eclesiástico, que prohibir. Tienen auténtico terror a la libertad a la vez que acusan de liberticidas al resto.
Me contaban que llegó un nuevo gerente a la empresa Tal. Primera reunión con los empleados y quiso comenzar haciendo un llamamiento a la sinceridad, la confianza y la transparencia: “aquí lo importante es que todos podamos opinar con libertad, expresarnos con total confianza y que no haya secretos entre nosotros”. Uno de aquellos empleados, por lo bajinis, dijo al de al lado: “nunca te fíes de quien viene pidiendo confianza”. Debe ser eso de dime de qué presumes.