8.12.06

Villancicos sin música y letra (por Mns Jesús Sanz Montes)

Es tan buena que no me resisto a esperar al domingo para copiarla. Se trata de la carta semanal de mi Obispo, Monseñor Jesús Sanz Montes. Aprovecho la ocasión para dar testimonio público de sus atenciones para con mi persona tras el percance de salud que he sufrido recientemente. Mi familia y yo siempre le estaremos agradecidos por ello.

VILLANCICOS SIN MÚSICA NI LETRA

Queridos hermanos y amigos: paz y bien.
Estamos asistiendo a un continuo intento de erradicación, sutil o groseramente presentado, de la traza cristiana en nuestra cultura. O se aboga por una banalización de lo cristiano presentando el gran bazar del "todo vale" y del "sírvase Vd. mismo que aquí todo da igual", o por una censura directa y a bocajarro de cualquier manifestación pública de la expresión religiosa cristiana. Un doble empeño que desde los poderes varios se quiere ensayar de continuo respecto del cristianismo en particular: relativización (todas las religiones en el mismo bombo) y privatización (que no salgan de sus sacristías).

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7.12.06

A ti, Madre

"¿Porqué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?" (Lc 1,43)

Querida Madre, desde el día en que tu amado Hijo, nuestro Señor, me concedió el regalo de tu maternidad en mi visita a tu santuario en Lourdes, pude comprender el porqué una mujer llena del Espíritu Santo, tu prima Isabel, consideraba un don el que tú, encinta, la visitaras. Hay algo en ti muy especial, algo que atrae al corazón que busca la pureza y la fidelidad a Dios. Ese algo es la gracia divina, que en ti ha sido derramada sobreabundantemente, como nunca antes y nunca después sobre otra criatura humana. Si la contemplación de la creación nos acerca a Dios, la meditación en tu belleza y en tu santidad, Madre, nos transporta al cielo, allá donde ya estás en cuerpo y alma sentada al lado de tu Hijo el Rey.

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6.12.06

Documentales morbosos

Parece ser que en EEUU se ha realizado un documental sobre los curas pederastas en el que aparece uno de esos miserables confesando sus crímenes, entre los que se encuentra el abuso de un niño de 9 meses. Vamos, como para que le encierren de por vida. Parece ser que cabe la posibilidad de que dicho documental alcance el Oscar. Como esté medianamente bien hecho, no me cabe la menor duda de que se lo darán, pues Hollywood no va a desaprovechar la oportunidad de echar sal en la herida de algo que huela a cristianismo.

¿Hasta cuándo van a seguir tirando de esa cuerda? ¿seguirá apareciendo como noticia de portada lo de los curas pederastas de EEUU los próximos 30 años? ¿qué hay de nuevo en lo que se dice de ese miserable? ¿a qué viene todo esto ahora? ¿no se va a pagar por lo realizado? ¿no se han tomado ya las medidas pertinentes para que esto no vuelva a producirse o, si se produce, atajarlo de raíz en cuando sea descubierto?

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Ordenación sacerdotal de José Alegre Lanuza en Huesca

D. Jesús Sanz Montes ordenará presbítero al diácono José Alegre Lanuza el próximo viernes 8 de diciembre, a las 6 de la tarde, en la Catedral de Huesca.

Es natural de Grañén, tiene 25 años. Fue instituido lector 19 de marzo de 2005, acólito el 17 de diciembre del mismo año y ordenado diácono el 7 de mayo de 2006.

Copio la entrevista que le hicieron en Pueblo de Dios:

"Ser sacerdote es el don más grande que el Señor me ha dado"

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4.12.06

Ven, Señor Jesús (por Monseñor Joan Enric Vives Sicilia)

He de decir que me ha costado elegir a qué obispo había de traer hoy al blog porque son varias las cartas episcopales sobre el Adviento que merecen la pena de ser copiadas. La de Monseñor Vives me ha gustado especialmente por presentar la Eucaristía como una especie de Adviento permanente.

"¡Ven, Señor Jesús!"

Este domingo empieza el Adviento, el tiempo de la esperanza. De hecho siempre vivimos en el Adviento. Cada vez que celebramos la Eucaristía, cuando el Señor viene al altar y se hace realmente presente bajo las apariencias del pan y del vino consagrados, le decimos con fe y de forma bien personal: "¡Ven, Señor Jesús!" Lo esperamos y clamamos su retorno. Sin embargo, ¿de veras esperamos al Señor, lo necesitamos porque "sin Él no podríamos hacer nada" (Jn 15,5)? ¿Nos impresiona lo suficiente decirle esto tan personalmente: "Señor, te espero en mi vida"?

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