El pectoral de Martínez Camino y el odio enfermizo de algunos
Hoy ha sido un día la mar de animado en la calle madrileña de Añastro, sede de la Conferencia Episcopal Española. Por razones de salud de un familiar -nada grave por el momento-, no he podido asistir a la primera plenaria de este año 2014, en la que se va a producir un cambio en la presidencia. Salvo sorpresón de última hora, Mons. Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid, será de nuevo presidente de la CEE. Ya lo fue durante un trienio, así que tiene experiencia en el cargo. Es un buen pastor y estoy seguro de que lo hará bien.
El caso es que he leído algunas de las crónicas periodísticas del acto de hoy. Y me he encontrado con la del dúo dinámico del periodismo progre-eclesial. Todos conocemos ya sus fobias enfermizas hacia algunos de nuestros obispos. Odian al cardenal Rouco. Y quieren que se note que le odian. Y odian al que fue secretario general de la CEE, Mons. Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid. También quiere que se les note su odio. Pero miren por donde, tanto odio les hace caer en el ridículo con mucha frecuencia. Por ejemplo, hoy han escrito esto:

A falta de saber muchos datos sobre el
Las cosas se pueden hacer bien, regular o mal. Pero si hay que hacerlas, convendrán ustedes que es mejor hacerlas bien. En la archidiócesis de Oviedo han tenido la feliz idea de editar un vídeo para la Campaña vocacional de este año. Y les ha salido una maravilla que merece la pena difundir por todo el mundo.
Ciertos sectores del periodismo eclesio-progre de este país daban por hecho que el papa Francisco iba a poner patas arriba la Iglesia en España aprovechando la visita ad limina de los obispos españoles. Pues bien, “lasciate ogni speranza". Los mismos que llevan meses haciendo el ridículo asegurando el relevo inmediato del cardenal Rouco -a quien odian y desprecian de manera enfermiza-, los mismos que pensaban que en Roma el Santo Padre iba poco menos que a señalar el nombre del próximo presidente de la CEE, los mismos que aventuraban un rapapolvo pontificio a los pastores de este país, ahora empiezan a mostrar su desconcierto. Si uno lee el discurso que el Papa entregó a los prelados y luego los titulares de prensa de esos medios, da la sensación de que intentan encajar dicho discurso en un guión previamente escrito, cuando la realidad es que no hay manera de hacer ese encaje.








