Un sacerdote decente no se exhibe en calzoncillos ante toda España
Tras conseguir unos cuantos días de gloria mediática al entrar en Gran Hermano, el religioso y sacerdote Juan Antonio Molina parece lanzado a demostrar a todo el mundo que la suspensión a divinis “temporal” que le fue impuesta por el superior general de su concregación puede ser insuficiente. Hasta donde yo sé -no sigo el programa-, dentro de la casa ha optado por exhibirse ante las cámaras en calzoncillos de color rojo, se ha metido dentro en la cama con alguna de las mujeres participantes -sin hacer todavía “edredoning"-, ha asegurado haber tenido sueños eróticos con no se cuál actriz y ha presumido de depilarse el cuerpo de perilla para abajo.
Yo no sé si este pobre hombre estaba ya perdido para la causa de Cristo y de su Iglesia antes de plantearse siquiera asomarse por un programa de esas características. Como no le conozco, me es imposible discernir si su entrada en Gran Hermano es la guinda del pastel o es la espita retirada de una granada de indignidad que ha explotado dentro.
Cuando hablo de indignidad, entiéndaseme bien. Humanamente es comprensible que un concursante de ese tipo de programas se dedique a semejantes tareas. Peor es cuando pierden todo sentido del pudor y mantienen relaciones sexuales bajo unas sábanas delante del público. E incluso en ese caso, no dejan de ser un ejemplo de cuál es el camino que ha emprendido buena parte de nuestra sociedad, que ha decidido que la fe y la moral sexual católica es cosa del medievo y que hay que seguir aquello de “comamos y bebamos, porque mañana moriremos” (1ª Cor 15,32).

Cada vez es más evidente que cuando desde la Iglesia alguien osa hacer unas declaraciones públicas en las que se explica su doctrina y su moral, cuando se opina sobre determinadas leyes, cuando se critica aquello que se considera criticable desde la cosmovisión católica, aparece el verdadero rostro totalitario de la izquierda de este país. Una izquierda empeñada en imponer su propia moral, su propia cosmovisión, su propio modelo de sociedad.
Soraya Sáenz de Santamaría es vicepresidenta del gobierno de España desde que Mariano Rajoy la designó para tan alto cargo a finales del mes pasado. Ella será la que presidirá el consejo de minisitros cuando el presidente esté de viaje o sufra una enfermedad que le impida acudir a dicho consejo. Pero además es ministra de la presidencia y portavoz del gobierno. Es decir, es la que tiene que dar la cara ante los medios y ante la sociedad para explicar lo que el ejecutivo hace y el porqué lo hace.
Mañana se
Antes de entrar a analizar la realidad, conviene contarla sin manipularla. Juan Antonio Molina no ha sido suspendido a divinis por entrar en el programa Gran Hermano sino por desobedecer una orden directa del superior de su orden religiosa. Que dicha orden estuviera relacionada con su presencia en ese espectáculo mediático no es cosa menor, pero sí razón secundaria de lo acontecido.


