Radio María, una bendición para la Iglesia en España
Mañana se cumplen 13 años del principio de las emisiones de Radio María en España. Han sido trece años de continuo crecimiento, de superación de muchas dificultades -incluso con crisis interna- y de adaptación a la realidad de los medios de comunicación en este país, donde las licencias de radio dependen del capricho de una clase política que, como en otros ámbitos, casi siempre utiliza ese poder para premiar a los afectos y ningunear a los que no son de su cuerda.
A Dios gracias, el presente de Radio María en este país es, como dice el P. Esteban Munilla, de consolidación, lo cual nos hace ser optimistas de cara al futuro. Y aunque sería injusto atribuir este éxito solo a la persona del P. Munilla, también lo sería no reconocer la importancia vital que ha tenido su labor en los últimos años. Si hoy Radio María España es como es, es en gran medida gracias a él.

Antes de entrar a analizar la realidad, conviene contarla sin manipularla. Juan Antonio Molina no ha sido suspendido a divinis por entrar en el programa Gran Hermano sino por desobedecer una orden directa del superior de su orden religiosa. Que dicha orden estuviera relacionada con su presencia en ese espectáculo mediático no es cosa menor, pero sí razón secundaria de lo acontecido.
Hay cosas que no pueden dejar de ser como son. Si a dos le sumas dos, da siempre cuatro. Si a una manzana le rompes el rabillo que la une al árbol, cae al suelo. Y si a una sociedad cristiana le quitas a Cristo y el evangelio, se va derechita hacia el abismo.
Mañana empieza la semana de oración por la unidad de los cristianos. Por si alguno no lo sabía, diremos que según la web del Vaticano, en el hemisferio norte la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se celebra tradicionalmente del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de San Pedro y la de San Pablo, que tienen un significado simbólico. En el hemisferio sur donde el mes de enero es tiempo de vacaciones de verano, las Iglesias frecuentemente adoptan otra fecha para celebrar la semana de oración, por ejemplo en torno a Pentecostés (sugerido por el movimiento Fe y Constitución en 1926) que representa también otra fecha simbólica para la unidad de la Iglesia.
Todos los asistentes a la Misa de hoy han escuchado las palabras de San Pablo a los fieles cristianos. Palabras que, como bien confesará cualquiera que se precie de ser católico, son inspiradas por el Espíritu Santo. Por tanto, no son la mera opinión particular de un apóstol, aunque ello ya debería de ser lo suficientemente valorado como para tenerlas en cuenta. No, ese párrafo leído hoy lleva la autoridad del mismísimo Espíritu Santo, tercera persona de la Trinidad, que procede del Padre y del Hijo y que junto con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria.


