Sigue adelante el plan de la Gran Babilonia
La primera vez que recuerdo haber visto un seno femenino desnudo en una televisión fue cuando empezaron a emitir el anuncio del desodorante “Fa". Era en plena década de los 80, cuando todavía no había canales privados en España. Por aquel entonces creo que todavía se usaba el sitema de rombos a la hora de calificar las películas que emitía TVE. Con un rombo, la película no era recomendable para menores de 14 años. Con dos, para menores de 18. Luego tocaba a los padres decidir si sus hijos lo veían o no. Por tanto, la decisión final recaía en quien debía.
En aquel entonces era casi imposible escuchar lenguaje obsceno o explícitamente sexual en las series de televisión. Y conste que el país ya había pasado por lo que se conoce como era del cine de destape. Nada más acabar el franquismo llenaron las salas de películas cuyo único mérito artístico era sacar desnudas o semidesnudas a actrices más o menos famosas. Pero quien quería ver eso tenía que acercarse a la taquilla y pagar una entrada. La “caja tonta” estaba casi libre de todo eso, al menos en el horario en el que los niños y adolescentes estaban despiertos.
Cuarto de siglo después, el desmadre más absoluto se ha apoderado de la multitud de televisiones existentes en este país. Hay algunos anuncios que son pornografía light. Muchas series de televisión son una colección de diálogos sexualmente explícitos. Lo que cuando yo era adolescente era algo excepcional, hoy es el pan nuestro de cada día. Si unos padres quieren cumplir bien su labor, deben de dedicar bastante tiempo a discernir no solo qué canales, series y películas pueden ver sus hijos, sino también vigilar los descansos publicitarios. Y sospecho que son pocos los que hacen tal cosa.









