Sobre el diálogo con los fundamentalistas progres
En estos días se está celebrando en Madrid, en la sede del sindicato Comisiones Obreras, el congreso anual de la Asociación de Teólogos Juan XXIII. Teólogos serán, no lo dudo, pero tampoco albergo dudas de que en ellos el nombre del “Papa bueno” es profanado. Aquel que habló de la Iglesia como Madre y Maestra no admitiría que bajo su nombre se amparen aquellos que ni tienen a la Iglesia como Madre ni hacen otra cosa que luchar contra sus enseñanzas como Maestra.
Como introducción al congreso, el medio de comunicación de referencia del progresismo heterodoxo eclesial entrevistó al insigne Juan José Tamayo, alma mater de dicha asociación, que en un claro intento conciliador con la Iglesia dijo, entre otras lindezas, lo siguiente: “El papado es la institución fundamentalista por excelencia, que carece de fundamento bíblico y teológico y, por supuesto, no es de institución divina. El Vaticano es una de las más patológicas encarnaciones del fundamentalismo católico“. ¿Qué? Conmovedor, ¿verdad?
Tiene su gracia que el director de ese periódico digital nos venga luego con quejas amargas por la inexistencia de diálogo por parte de la Iglesia con ese sector al que pertenece tanto él como Tamayo. Dice: “¡Qué testimonio de diálogo con todos daría el cardenal Rouco si, después de arropar a los Kikos en Cibeles, se acercase a la clausura del Congreso de la Juna XXIII!“. Pues sí, sin duda que sería un testimonio importante. Pero no de diálogo sino de claudicación ante la herejía liberal progresista que ha puesto y pone en peligro la comunión en el seno de la Iglesia Católica.

Hoy celebramos la Natividad de la Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre nuestra. María, nombre precioso que llena de alegría el corazón de los afligidos. María, fiel a Dios para que el Señor nos salve. María, consuelo de Cristo, su Hijo, a los pies de la Cruz. María, a quien Cristo nos dio por Madre para que como Madre la honremos y alabemos. María, destructora de todas las herejías.
“Pido, con Pagola, que nuestros obispos desautoricen públicamente a ambos colectivos: a los inquisidores y, sobre todo, a los trolls“.
Pues sí, he titulado mi post de hoy de la misma manera que Francisco José Fernández de la Cigoña
Efectivamente, no se puede incumplir la ley. Y si eso vale para la ley civil o penal de una nación, ¿cómo no va a valer para la ley que la Iglesia se da a sí misma? Precisamente hoy tenemos también como noticia las palabras que Mons. Francesco Coccopalmerio, Pontificio Consejo para los Textos Legislativos en el Vaticano, dirigió a cientos de estudiantes en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. El prelado aseguró que “sabemos que el Derecho Canónico es el conjunto de leyes que reglan la vida del bautizado, pero gran parte de ellas están ya en el evangelio“. Es más, afirmó igualmente que aunque “las leyes de los hombres son imperfectas“, si “vienen de una autoridad eclesial, aun imperfectas, debemos recibirlas porque vienen de la voluntad de Dios“.


