¿Qué hubiera hecho Cristo con esas zorras?
Uno de los pasajes más impactantes de los evangelios tuvo lugar en el Templo de Jerusalén:
Juan 2,13-17
Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: “Quitad esto de aquí. No hagáis de la casa de mi Padre una casa de mercado".
Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu casa me devorará.
Debió ser espectacular ver al Príncipe de la Paz látigo en mano echando a los mercaderes del Templo. El texto no indica que agrediera físicamente a persona alguna, pero es evidente que como poco les hizo un estropicio no pequeño en sus pertenencias.
Es decir, el Señor tenía bien claro que el Templo de su Padre era sagrado. Y no admitía que fuera profanado por quienes hacían uso del mismo para fines “poco santificantes". Es por ello que no puedo dejar de preguntarme qué hubiera hecho Cristo si en vez de encontrarse a cambistas se hubiera topado con un grupo de energúmenos que se dedicara a blasfemar, burlarse de Dios e incluso a desnudarse delante de un altar. ¿Se habría quedado mirando sin más o se habría dirigido hacia ellos látigo en mano para expulsarles del templo?

Cuando se conoció la noticia de que las religiosas cisterciense del convento de Santa Lucía, en Zaragoza,
El P. Hugo Valdemar Romero es el portavoz de la Archidiócesis de México, sede primada del país norteamericano. Y en su condición de sacerdote y portavoz de su iglesia local, hizo hace unos años unas declaraciones totalmente conformes al magisterio de la Iglesia. A saber, que un católico no debería de votar a un partido, concretamente el PRD, que apoya el aborto y la legalización de las uniones homosexuales. El Instituto Federal Electoral ha considerar fundado el proceso sancionador contra el presbítero, aunque todavía no se ha concretado cuál puede ser la pena que se le imponga. Al parecer, si el sacerdote no hubiera nombrado explícitamente al PRD, no habría sanción.
Si algo ha aprendido la Iglesia en los últimos años es que los escándalos, como ciertos desechos orgánicos, tienden a flotar. Es decir, por más que se quiera hundirlos en el “fondo del mar, matarile, rile, rile", la realidad se impone y al cabo del tiempo asoman de nuevo a la superficie.


