Orad sin cesar
Uno de los versículos más cortos de la Escritura es a su vez uno de los más importantes para la vida cristiana. Me refiero a 1ª Tesalonicenses 5,17: “Orad sin cesar“. Efectivamente, la vida de fe se construye sobre la oración. Es el canal por el cual la comunión del creyente con Dios se hace más viva, más real, más tangible.
Por la oración no sólo hablamos a Dios sino dejamos que Dios nos hable. No sólo le pedimos aquello que deseamos, sino que nos abrimos a su voluntad. No sólo encontramos refugio en las dificultades, sino que le damos gracias por las bondades que recibimos de Él. Rezamos con plegarias ya marcadas por la Iglesia y sus santos y oramos a corazón abierto sin más guión que el que escribe el Espíritu Santo, tal y como afirma San Pablo en Romanos 8,26-27: “Y el mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, pues qué hayamos de pedir, como conviene, no sabemos; mas el mismo Espíritu aboga por nosotros con gemidos inefables, y el que escudriña los corazones conoce cuál es el deseo del Espíritu, porque intercede por los santos según Dios“.









