Cómo hacer bulto para parecer que se es lo que no se es
En el ámbito de la política, una de las estratagemas típicas de los grupos extremistas marginales es la proliferación de siglas, de tal forma que en cada una de ellas se amparan cuatro gatos mal contados. La extrema izquierda eclesial sigue la misma estratagema. De vez en cuando paren comunicados a los que se suman decenas y decenas de siglas que en realidad no consiguen representar a más allá de dos o tres centenares de personas. Con la particularidad de que, salvo las bajas por defunción, llevan siendo los mismos desde más o menos la batalla de Brunete. Dar cobertura mediática a quienes nada son salvo que asomen en los medios, es un error que debemos empezar a dejar de cometer. Es por ello que hace tiempo que no escribo sobre esos grupos como tales. Si acaso me refiero a tal o cual personaje que forma parte de los mismos.
Hace unos días han vuelto a reunirse para animarse los unos a los otros, que es la única manera que tienen de creer que son lo que no son. El tema de las cifras de asistentes a estos encuentros de nostalgias pasadas es casi lo de menos. Incluso aunque fueran mil quinientos, que ni de lejos lo son, ¿qué es eso en el ámbito de millones de fieles que van cada domingo a misa?



