InfoCatólica / Reforma o apostasía / Categoría: Liturgia Eucaristía

3.06.18

19.04.15

(317) La Eucaristía y la comunión en el año 155

Sta. Constanza, Roma 350

San Justino (100?-168?), nació en Samaría, de familia pagana de habla griega. Filósofo, pasa del platonismo a la fe cristiana, hace escuela en Roma, y muere mártir. A él le debemos la descripción más valiosa de la Eucaristía antigua, escrita en su I Apología en defensa de los cristianos (66-67), dirigida en 155 al emperador Antonino Pío (138-161).

A nadie es lícito participar de la Eucaristía si no cree que son verdad las cosas que enseñamos, y no se ha purificado en aquel baño que da la remisión de los pecados y la regeneración, y no vive como Cristo nos enseñó.

[Es decir, para participar en la Misa, y «a fortiori» para comulgar, la Iglesia antigua exige 1) fe ortodoxa, no estar en la herejía, 2) bautismo sacramental, haberse incorporado a Cristo y a la Iglesia, y 3) vida ortopráctica, no vivir en el pecado, como, por ejemplo, los adúlteros, que no «viven como Cristo nos enseñó»].

Porque no tomamos estos alimentos como si fueran un pan común o una bebida ordinaria sino que, así como Cristo, nuestro salvador, se hizo carne por la Palabra de Dios y tuvo carne y sangre a causa de nuestra salvación [encarnación], de la misma manera hemos aprendido que el alimento sobre el que fue recitada la acción de gracias que contiene las palabras de Jesús, y con que se alimenta y transforma nuestra sangre y nuestra carne, es precisamente [trans-substanciación] la carne y la sangre de aquel mismo Jesús que se encarnó.

Los apóstoles, en efecto, en sus tratados, llamados Evangelios, nos cuentan que así les fue mandado, cuando Jesús, tomando pan y dando gracias, dijo: Haced esto en conmemoración mía. Esto es mi cuerpo; y luego, tomando del mismo modo en sus manos el cáliz, dio gracias, y dijo: Esta es mi sangre, dándoselo a ellos solos. Desde entonces seguimos recordándonos siempre unos a otros estas cosas; y los que tenemos bienes acudimos en ayuda de los que no los tienen, y permanecemos unidos. Y siempre que presentamos nuestras ofrendas alabamos al Creador de todo por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo.

El día llamado del sol [sun-day] se reúnen todos en un lugar, lo mismo los que habitan en la ciudad que los que viven en el campo, y, según conviene, se leen los tratados de los apóstoles y los escritos de los profetas, según el tiempo lo permita [liturgia de la Palabra].

Luego, cuando el lector termina, el que preside se encarga de amonestar, con palabras de exhortación, a la imitación de cosas tan admirables [homilía].  

Después nos levantamos todos a la vez y recitamos preces [oración de los fieles]; y a continuación, como ya dijimos, una vez que concluyen las plegarias, se trae pan, vino y agua: y el que preside pronuncia con todas sus fuerzas preces y acciones de gracias [liturgia sacrificial: plegaria eucarística y consagración], y el pueblo responde «Amén». Tras de lo cual se distribuyen los dones sobre los que se ha pronunciado la acción de gracias, comulgan todos [comunión eucarística], y los diáconos se encargan de llevárselo a los ausentes.

Los que poseen bienes de fortuna y quieren, cada uno da, a su arbitrio [colecta de limosnas], lo que bien le parece, y lo que se recoge se deposita ante el que preside, que es quien se ocupa de repartirlo entre los huérfanos y las viudas, los que por enfermedad u otra causa cualquiera pasan necesidad, así como a los presos y a los que se hallan de paso como huéspedes; en una palabra, él es quien se encarga de todos los necesitados.

Y nos reunimos todos el día del sol [Misa dominical, norma apostólica primordial], primero porque este día, es el primero de la creación, cuando Dios empezó a obrar sobre las tinieblas y la materia; y también porque es el día en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos. Le crucificaron, en efecto, la víspera del día de Saturno [satur-day], y al día siguiente del de Saturno, o sea el día del sol, se dejó ver de sus apóstoles y discípulos y les enseñó todo lo que hemos expuesto a vuestra consideración.

Post-post. -Añado aquí [actualización de 21/04/15, 06:42 AM], la respuesta que he dado al comentario recibido de Juan Argento [20/04/15, 11:29 AM], pues estimo que puede interesar a todos los lectores.     

Se dice en el comentario que es confortadora «la constatación de que, 125 años después de la Última Cena, los cristianos entendían las palabras de Jesús Esto es mi cuerpo” y Esta es mi sangre, en sentido real y no simbólico» , etc. 
Efectivamente, todos los católicos hemos creído siempre en la veracidad objetiva de la palabra de Cristo: «mi cuerpo es verdadera comida, mi sangre es verdadera bebida» (Jn 6,53-56). Antes y después de S. Justino los SS. Padres entienden siempre así la Eucaristía. Pondré  algunos ejemplos de textos antiguos:

San Ignacio de Antioquía (+107): los docetas «no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, la que padeció por nuestros pecados, la que por bondad resucitó el Padre. Por eso los que contradicen al don de Dios litigando, se van muriendo» (Cta. Esmirna 7,1). Alude a: «Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros» (Jn 6,53).  

San Ireneo (+200): «¿Cómo les constará [a los herejes] que ese pan, en el que han sido dadas las gracias [consagración], es el cuerpo del su Señor, y que ése es el cáliz de su sangre, si no reconocen que él es Hijo del Creador del mundo, esto es, su Verbo?» (Contra las herejías l.4, c.18,4).

Traditio apostolica (Roma, 220). «Todos eviten con cuidado que el infiel coma la Eucaristía… Es el cuerpo de Cristo, del cual todos los fieles se alimentan» (Funk, 115).

Orígenes (+253): En el AT «el maná era alimento en enigma, ahora claramente la carne del Verbo de Dios es verdadero alimento» (Homilía 7,2).

Clemente de Alejandría (+320): dice el Salvador, «yo soy tu sustentador, que me he dado a mí mismo como pan» (¿Qué rico se salvará? 23).

San Hilario (+367): «No hay lugar a dudas sobre la verdad de la carne y de la sangre [en la encarnación del Verbo]. Ahora [en la Eucaristía], según palabras del Señor y según nuestra fe, es verdaderamente carne y verdaderamente sangre» (Trat. sobre la Trinidad, lib.8, 14).

San Dámaso, papa (+384): Acosado San Tarsicio por los profanos cuando llevaba la Eucaristía, la defendió con todo empeño, y «prefirió dar la vida [herido por las piedras] antes que traicionar los miembros celestiales en favor de perros rabiosos» (Epigrama).

San Cirilo de Jerusalén (+386): «Habiendo dicho Él del pan, Éste es mi cuerpo, ¿quién se atreverá a dudar en adelante? Y habiendo dicho Él, Ésta es mi sangre, ¿quién podrá dudar jamás y decir que no es la sangre de Él?» (Catequesis IV,1).

Sobre esa base del Evangelio y de los SS.PP. va el Magisterio apostólico de la Iglesia definiendo en veinte siglos la realidad de la conversión eucarística del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Jesús en cientos de documentos, concilios, encíclicas, etc.

Pues bien, pondré para terminar sólo un ejemplo de lo que algunos teólogos «católicos» enseñan hoy sobre la realidad de la Eucaristía. Puede verse  en este mismo blog (53) cómo explica la transubstanciación el profesor Dionisio Borobio. Y considere el lector si su explicación es compatible con la fe católica.

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

 

1.01.15

(300) Te Deum laudamus- 2014

 Fra Angelico-1423

La Adoración Nocturna, fiel a antiguas tradiciones, en el ejercicio de fin de año, en la noche del 31 de diciembre, en torno a las doce campanadas, canta el Te Deum y el Veni Creator, dando gracias a Dios por el año civil que termina y pidiendo el Espíritu Santo para vivir mejor el que comienza. El Te Deum es sin duda  uno de los más elocuentes himnos que la Iglesia tiene para expresar su agradecimiento al Padre celestial, de quien procede todo don y toda gracia perfecta; al Hijo bendito, que se hizo hermano nuestro para salvarnos, introduciendo en la raza humana fuerzas de gracia sobrehumanas, celestiales, divinas, divinizantes; y al Espíritu Santo, alma de nuestras almas, que en Cristo nos hace un solo cuerpo y un solo espíritu.

Leer más... »

5.12.14

(295) Liturgia –24. La adoración eucarística, y 5. Fundamentos doctrinales

 Adoración Nocturna - procesión final

–O sea que es usted partidario de la adoración eucarística.

–Veo que ha entendido perfectamente lo que he querido comunicar.

–Renovación actual de la piedad eucarística

El movimiento litúrgico y el Magisterio apostólico, por obra como siempre del Espíritu Santo, al profundizar más y más en la realidad misteriosa de la Eucaristía, han renovado maravillosamente la doctrina y la disciplina del culto eucarístico. Concretamente, en ninguna época el Magisterio de la Iglesia ha dado un conjunto de documentos sobre la Eucaristía comparable con la más reciente:

Leer más... »

28.11.14

(294) Liturgia –23. La adoración eucarística, 4. Los santos

Hombres–Con el artículo 286 cortó ya con la Liturgia, y después…

–Tranquilo. El Sínodo me obligó a hacerlo. Pero sigo ahora.

–Maestros espirituales de la devoción a la Eucaristía

Santo Tomás de Aquino (1224-1274), dominico, ha sido uno de los más grandes devotos y teólogos de la Eucaristía. Según datos históricos, sabemos que era en su comunidad «el primero en levantarse por la noche, e iba a postrarse ante el Santísimo Sacramento. Y cuando tocaban a maitines, antes de que formasen fila los religiosos para ir a coro, se volvía sigilosamente a su celda para que nadie lo notase. El Santísimo Sacramento era su devoción predilecta. Celebraba todos los días, a primera hora de la mañana, y luego oía otra misa o dos, a las que servía con frecuencia» (S. Ramírez, Suma Teológica, BAC 29, Madrid 1957,57*).

Leer más... »