10.12.19

A veces, para conservar la Fe, no hay que ir a Misa

Como antiguamente aprendíamos en el Catecismo, uno de los preceptos o mandamientos de la Iglesia, nos prescribe “santificar las fiestas”, esto es, oír misa entera todos los domingos y fiestas de guardar; y todo bajo pena de pecado mortal, es decir, con riesgo de perder la gracia si no lo hacemos voluntariamente y con conciencia.

Y si ud. no lo sabía es, o porque se olvidó o porque tuvo un catequista medio flojo…

Pero, ¿por qué la Iglesia puso este mandamiento, si más bien debería ser un acto espontáneo de todo bautizado el hecho de ir a contemplar el misterio de nuestra redención? Pues quizás para que no olvidásemos lo que necesitábamos; o quizás para mostrarnos que, si no cumplimos con este precepto eclesiástico difícilmente cumplamos el resto de los mandamientos (¿cómo ser fiel al cónyuge u honrar a los mayores, o decir siempre la verdad, si no somos capaces de sentarnos en un banco, una vez a la semana, durante una hora?).

Pues sí; ir a Misa es un precepto de la Iglesia que remite al tercer mandamiento; pero no deja de ser un precepto; tan es así que es la Iglesia la que define qué días son “preceptivos” (en España, por ejemplo, el día del Apóstol Santiago es fiesta de precepto, pero no así en Argentina). Y los preceptos no obligan ante una grave incomodidad.

  • “¿Cómo? ¿puede ser que si alguien falte un domingo a Misa no sea pecado?”.
  •  Exacto.

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8.12.19

La Inmaculada, el hombre y la mujer. ¿Cómo afectó el pecado a cada uno?. Sermón

Para oír el sermón, hacer clic aquí (12 min).

 


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6.12.19

Fátima: ¿Fue realizada la consagración de Rusia? Estado de la cuestión (4-4)

La Ostpolitik 

¿Por qué es tan difícil hacer lo que Nuestra Señora pidió? ¿Por qué el Papa (junto con los obispos) no consagra a Rusia “de nuevo” nombrándola de una vez por todas para terminar la discusión? Sencillamente porque la consagración solicitada parece estar en desacuerdo con la dirección de la Ostpolitik del Vaticano, línea política promotora de una coexistencia[1] y distensión pacífica entre cristianismo y ateísmo, es decir entre el Vaticano y los gobiernos comunistas, concretada a través del Party Line[2], es decir la sepultura del carácter profético de Fátima en el pasado y cuanto mucho su reducción a un mero pedido de oración y penitencia.

El intento de separar a los católicos de la obediencia a Roma fue la obsesión de los marxistas, que procuraron formar una especie de Iglesia patriótica, cercana al Partido Comunista, cuyas autoridades se reservaban el nombramiento de los obispos, aceptados en última instancia por el staff vaticano, como acaba de suceder en China.

 El ya citado Monseñor P. Hnilica[3], que se opuso a la Ostpolitik desde su juventud, sufrió las penurias de un campo de concentración y conoció los manejos para sustituir al primado de Checoeslovaquia, Cardenal J. Beran (1888-1969), advirtió al Papa que el presunto éxito de la diplomacia vaticana era en realidad un éxito para el régimen comunista, que, al conseguir exilar y sustituir a un prelado fiel, se libraba de problemas internacionales desagradables sin ceder en nada substancial[4].

Esta condescendencia había comenzado en tiempos de Pío XI y se había ido agravando sucesivamente a partir del llamado Pacto de Metz[5], entre el Cardenal TIsserand y el metropolitano ortodoxo ruso Nikodim, en virtud del cual no se trató del comunismo en el Concilio. Se agravó en 1973, con la aceptación sin resistencia de cuatro obispos propuestos por el régimen comunista checo y la destitución, por parte del Papa Paulo VI, del primado de Hungría, Cardenal Mindszenty el 18 de noviembre del mismo año. En 1988, la escandalosa presencia del Cardenal Casaroli[6], por entonces Secretario de Estado, en Moscú y no en la perseguida y fiel Ucrania, para la conmemoración del milenario del cristianismo eslavo, contribuyó a consolidar la misma orientación[7] aun cuando el Vaticano haya modulado su Ostpolitik desde la caída de B. Yeltsin[8] y el ascenso de V. Putin[9] que alentó la resurrección oficial de la ortodoxia rusa.

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4.12.19

Fátima: ¿Fue realizada la consagración de Rusia? Estado de la cuestión (3-4)

Los primeros intentos de Juan Pablo II

Muy mariano y conocedor del mundo comunista del cual provenía, el papa eslavo tuvo conciencia de la dimensión de este acto[1] intentándolo más de una vez:

  • El 13 de junio de 1981: un mes después del atentado. Ofrenda de la familia humana a la protección de la Virgen. No fue propiamente una consagración ni revistió las condiciones exigidas por Nuestra Señora.
  • El 8 de diciembre 1981: Repetición del mismo acto.
  • El 13 de mayo de 1982: al año del atentado. No hubo consagración sino ofrenda a Dios por María. Interrogada Lucía en Fátima al dia siguiente por Mons. Hnilica y tres prelados más contestó que Rusia no había sido el objeto de la ofrenda[2].

De hecho, Lucía anticipó que no se debía esperar la consagración porque “el episcopado mundial no esta dispuesto[3], ya que el Santo Padre no se la había ordenado. En carta al Papa del 12 de mayo 1982, vísperas del acto y de un encuentro privado con él, la hermana reafirma sin ambajes el pedido del Cielo:

A Su Santidad Juan Pablo II humildemente expongo y suplico: La consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María en unión con todos los obispos del mundo (…) La tercera parte del secreto: Se refiere a las palabras de Nuestra Señora: ‘Si no, difundirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones contra la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas’ (…) Porque no hemos atendido a ese llamado del mensaje, verificamos que se ha cumplido. Rusia ha ido invadiendo el mundo con sus errores. Y si no vemos todavía el hecho consumado del final de esta profecía, vemos que hacia allí vamos a largos pasos…[4]

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2.12.19

Fátima: ¿Fue realizada la consagración de Rusia? Estado de la cuestión (2-4)

Devaluación del mensaje de Fátima

Recién en 1941 se conocieron las dos primeras partes del secreto, por lo que la vidente fue acusada de hacer profecías post eventum, en particular la cumplida en la noche del 25 de enero 1938 con el extraño enrojecimiento del cielo en casi todo el hemisferio norte. En febrero 1946, interrogada por el R. P. H. Jongen sobre por qué no habría revelado antes lo que se supo tardíamente, Lucía le contestó, que en ningún interrogatorio pasado (los canónicos de 1922 y 1924 y otros previos) se le pidió que hablara del tema[1]. Lo primero que se conoció fue el requerimiento de la comunión reparadora de los cinco sábados en 1925 y luego el pedido de consagración de Rusia de 1929, ambos comunicados de inmediato a Mons. da Silva, pero no tenidos en cuenta para el reconocimiento oficial de la aparición. Después de la III y IV Memoria a fines del ’41 es cuando sor Lucía recibió de su diocesano la orden de redactar la tercera parte del secreto, lo que hizo en enero de 1944.

No es a ella a la que hay que imputarle la responsabilidad de una divulgación demorada sino a la comisión encuestadora y al obispo de Leiría. Sin embargo, tuvo también gran influencia la crítica destructiva -que aun persiste en ciertos ambientes- del P. Ernesto Dhanis, jesuita belga profesor de Lovaina y corredactor del Catecismo Holandés[2], quien en 1944 publicó en la revista Streven de Amberes dos artículos en flamenco, reunidos en un libro en 1945[3].

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