8.11.17

(223) Genealogía de lo político- teológicamente correcto, I

Tópicos, tópicos y más tópicos, conforman la mente en crisis eclesial de hoy. Hay tantas cosas que reformar, para que brille en todo su esplendor la Iglesia, que es casa del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3, 15).

Vamos en busca de la identidad católica perdida, a través de una densa niebla de conceptos y prejuicios que hemos de clarificar.

Lo político-eclesialmente correcto es ante todo una declaración de paz frente al modernismo, que no quiere la paz, sino la guerra. Bebe de sus fuentes, porque surgió de él. 

El modernismo es el enemigo. Presentarle batalla con una espada sin filo (el personalismo) forjada en sus propias herrererías, no tiene sentido.

La primera víctima de esta crisis ha sido la teología moral. Habría que clavar Veritatis splendor en las puertas de las catedrales.

 

1.- Personalismo y luteranismo.- Es eclesialmente correcta una visión irreligiosa de la ley natural.- Los personalistas han proyectado la pretensión naturalista de Bonhoeffer (1906  -1945) —una “interpretación no religiosa de los conceptos teológicos” (Resistencia y rendición, p. 248-49)— al activismo provida, como si fuera posible una interpretación aconfesional de la ley natural. ¿Olvidan que la ley natural es católica?

—El activismo provida aconfesionalista está conectado con la teología luterana.

 

2.- Personalismo y anglicanismo.- Es eclesialmente correcta una visión antropocéntrica del cristianismo.- Toda la religión cristiana gira en torno a la persona humana —dice el personalista—. ¿Acaso creen, como asegura Delante de Dios, ese librillo del obispo anglicano inglés John A.T. Robinson (1919- 1983), que la búsqueda de Dios es sinónima de la búsqueda del hombre? O como dice, retratándolo, Abbagnano: «El problema de Dios es simplemente el de reconocer lo que hay de más verdadero, de más auténtico en la experiencia humana» (Historia de la Filosofía, vol.3, p. 795).

¿Olvidan que el cristianismo no es humanismo, porque el hombre se ha hecho inmundo a ojos de Dios? ¿Olvidan que el hombre se cayó de la gracia, y es hijo de la ira divina por naturaleza?, puesto que «habiendo perdido todos los hombres la inocencia en la prevaricación de Adán, hechos inmundos, y como el Apóstol dice, hijos de ira por naturaleza» (Concilio de Trento, ses. VI, cap. I) necesitaron de un Redentor?

—El naturalismo personalista en la evangelización está conectado con la teología liberal del anglicanismo.

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7.11.17

(222) Personalismo, VII: sus problemas con la teología moral

El personalismo, si radicaliza sus principios fundacionales, da muchos problemas a la teología moral. Lo hemos comprobado con la heterodoxia situacionista de Bernhard Häring. 

Lo hemos comprobado también recientemente, a causa de la crisis de Amoris lӕtitia. Pues aunque haya personalistas que han alertado de su ambigüedad doctrinal, otros la han intentado encubrir y justificar acudiendo a tópicos y perspectivas personalistas, como es el caso del filósofo Rodrigo Guerra —en este artículo cuya incoherencia interna denunció Infocatólica con este gran post de Bruno M. Y yo mismo con este otro.

El personalismo debe hacer autoexamen, y preguntarse si contiene o no alguna toxina subjetivista que tienda a radicalizarse. Me refiero al principio de primacía de la voluntad y el sentimiento.

 

UN PRINCIPIO FUNDACIONAL

Según la Asociación Española de Personalismo,  el personalismo defiende explícitamente que «la cualidad más excelsa de la persona no es la inteligencia sino la voluntad y el corazón». 

Durante los últimos cincuenta años, laicado y clero han sido educados en este principio, extrapolado a la filosofía en general, y a la teología moral en particular —y creemos que con resultados catastróficos: nunca la razón, la ley natural, los mandamientos han sido tan mal vistos. La Teología de la Anomia está de fiesta.

 

La recepción acrítica de este tópico ha producido en la mente eclesial una atmósfera antiescolástica, y un rechazo de la formación doctrinal. Es frecuente escuchar burlas o comentarios antitomistas, como si un poco de fenomenología fuera suficiente para callar la boca al Aquinate.Tampoco falta un menosprecio experiencialista de lo dogmático, como si creer no consistiera en asentir verdades reveladas, ni formulaciones preceptivas de ley natural.

Esta mala comprensión, en general, de la noción de libertad moral tiene consecuencias muy graves: por un lado, la aproximación teológica al luteranismo. Por otro, la subjetivización de la moral cristiana. Y es que cualquier tipo de sometimiento, en teología moral, de la inteligencia al sentimiento, es contrario a la doctrina de la Iglesia, y signo claro de modernismo. Releamos la Pascendi. En definitiva: no se es más libre por sojuzgar la razón. No se es más libre por poner en segundo término la verdad. Todo lo contrario. La voluntad ciega conduce a la esclavitud de las pasiones. No hay mejor auriga para el carro de los sentimientos, que la recta razón iluminada por la fe.

La Encíclica Libertas praestantissimum de León XIII, de 1888, llega incluso a afirmar en su punto 5:

«La libertad es, por tanto, como hemos dicho, patrimonio exclusivo de los seres dotados de inteligencia o razón

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4.11.17

(221) En el centenario de la muerte de León Bloy

El invendible cantor del Absoluto falleció un día como ayer, 3 de noviembre de 1917. Un mes después, su esposa Juana escribe en el prefacio de En tinieblas, la última y más genial obra de su esposo:

«En la hoja parroquial de Bourg-la-reine de diciembre de 1917 puede leerse:

[…] Léon Bloy, 71 años…

De entre los difuntos cuyos recientes funerales se han anunciado, séanos permitida una mención particular al señor Léon Bloy, escritor vigoroso y original que nos lega un crecido número de obras. A otros les corresponderá hablar de la fogosidad de su polemismo, de las prendas de un estilo que suscitaba “la admiración de las personas cultas, incuidas las que se contaban entre sus adversarios”.

A nosotros nos corresponde hablar del cristiano convicto al que veíamos todos los días en el comulgatorio hasta el instante mismo en que, vencido por la enfermedad, debió resignarse a permanecer en su casa. Contaba con numerosos amigos, conversos algunos; uno de éstos me decía al siguiente día de las exequias:

Somos muchos los que, merced a él, hemos vuelto al redil”. Si su lenguaje incurrió en exageración o en violencia, Dios se apiadará de todo el bien que quiso hacer, y del que efectivamente hizo”.

Esta mención lapidaria de Léon Bloy me complace»

A continuación, Juana Bloy, con intensa emoción, confiesa:

«ha sido la Iglesia la que ha hablado por boca del humilde cura de su parroquia, ante la muerte y a un paso de la eternidad; a qué más puede aspirar un cristiano, sino a que se diga de él: “Dios se apiadará de todo el bien que quiso hacer, y del que efectivamente hizo”.»

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1.11.17

(220) Personalismo, VI: respuestas a algunas objeciones, I

Por más que un ciego pretenda constituirse en guía de muchos, no podrá. Tendrá que confiar en los que ven, reconocer su invidencia, considerarse heredero de lo visto por otros. Sólo así tendrá futuro en el camino, y podrá llegar a la meta, a su fin último.

Esta dependencia de otros es la esencia de la Tradición y de las tradiciones, alma del catolicismo y de la razón, es decir, de la filosofía.

Con el personalismo ocurre algo similar a lo que ocurre con todo pensamiento huérfano, concretamente con la via moderna. Por más que pretenda, presuntuosamente, superar el tomismo, no sólo no lo supera, sino que incurre en los graves defectos de razón contra los que tomismo nos previene.

 

En esta serie de artículos antipersonalistas no afirmamos que su fenomenología de la persona no posea elementos de verdad, ni que carezca de voluntad de ortodoxia.

Denunciamos su vulnerabilidad, su debilidad interna y su falta de coherencia conceptual. Afirmamos que no sólo no es la filosofía oficial de la Iglesia, como algunos, temerariamente, pretenden; sino que no es, ni siquiera, una filosofía. Más bien es una ideo-sincrasia surgida de la idiosincrasia moderna; eso sí, con un sincero anhelo de ortodoxia.

El personalismo es católico, aunque no es tradicional. Precisamente por ello, no es recomendable. Porque ser católico y no ser tradicional acaba pasando factura. Se desemboca en la heterodoxia teológica con pasmosa facilidad. Häring y su Teología de la Anomia es la prueba. Amoris lӕtitia es la prueba. La crisis eclesial actual es la prueba.

Porque toda mala filosofía es fruto del modernismo. Y aunque bienintencionadamente pretenda ceñirse al Magisterio, terminará dando pie a cambios y mutaciones doctrinales, generando crisis, estableciendo principios de ruptura.

El absolutismo de la praxis, por tanto, caracteriza fundacionalmente el personalismo, y conduce inevitablemente al absolutismo de la pastoral. La doctrina queda relegada, bajo esta perspectiva, a una labor de escritorio de fariseos y rigoristas, que ignoran, según se dice,  la singularidad de la persona y sus circunstancias.

Dedico este artículo de la serie, y los siguientes, a responder a algunas objeciones y consultas que algunos amigos, conocidos y lectores, me han realizado, tanto en este blog de esta santa casa de Infocatólica, como en otros lugares, ocasiones y contextos.

28.10.17

(219) Personalismo V: vanas pretensiones de realismo

COMENTARIO 

«podemos apuntar, por un lado, la satisfacción por la tarea acabada y, por el otro, la conciencia de haber logrado al menos en cierta medida proporcionar una imagen global del personalismo y también de haberlo caracterizado de un modo suficientemente válido, primero, como una filosofía realista y, dentro de este amplio marco, como una filosofía nueva con unos rasgos lo suficientemente precisos como para distinguirla de otras posibles filosofías» (J.M. BURGOS, El personalismo, Palabra, Madrid, 2000, p. 194)

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Coincido con el autor de este libro en que en él se proporciona una buena imagen global del personalismo, y es un texto bien acabado y bien escrito. Sin duda, es un buen libro sobre el personalismo.

Pero no coincido con sus conclusiones ni con su estimación del pensamiento personalista. 

Porque el personalismo ni es una filosofía propiamente hablando, cosa que evita ser, ni es realista en sentido metafísico.

 

El personalismo no es una filosofía porque no pretende serlo; creo que por su asistematismo anti-abstractivo, o por la inconsistencia conceptual de sus principios fundacionales; también por su preterición del entendimiento al plano afectivo —es decir, a la voluntad.

Por eso, más que como una filosofía estrictamente hablando, podría caracterizarse como una idiosincrasia con ideo-sincrasia.

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