5.09.18

(292) La doctrina en su esencia, contra la confusión

1.- Es urgente recuperar una visión esencial, sencilla y elemental de lo que es la doctrina, contra la confusión moderna. Para ello, resultará beneficioso volver a la distinción clásica.

 

2.- La profesión de la doctrina cristiana es lo que caracteriza al verdadero cristiano.

 

3.- La doctrina cristiana no es un conjunto de ideas privadas, filosóficas o teológicas, sostenidas personalmente por pontífices, o intelectuales católicos, o miembros relevantes de la jerarquía.

 

4.- Hay que decir, en primer lugar, que la doctrina cristiana es aquella que el católico, en cuanto accipiens, recibe de la Iglesia.

 

5.- La Iglesia, en cuanto tradens, entrega la doctrina. 

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3.09.18

(291) Personalismo y confusión doctrinal

De las acepciones de confusión que aporta la RAE, nos interesan mezcla y desconcierto. Las siguientes las entendemos, sobre todo, en cuanto consecuencias de ellas: perplejidad, turbación, equivocación, error, abatimiento. Su etimología latina, confusio, -ōnis, es asimismo elocuente: desorden.

Alberto Caturelli, en su espléndida obra Libertad y apostasía, explica que:

«Si se piensa en el significado exacto del término “confusión”, se aplica muy propiamente al tema [del liberalismo]; porque, en efecto, “confundir” es mezclar dos o más cosas de naturaleza diversa de modo que las partes de unas se incorporen a las de las otras; nuestra expresión proviene de cum y fundo, y este último verbo (que nada tiene que ver con fundo, as, are = fundar), cuyo infinitivo es fundere, significa derramar, fundir; de modo que “confundir” es juntar en uno, mezclar, o juntar mezclando, desfigurar. Y eso es, exactamente, lo que pasa con el tema “liberalismo”, respecto del cual, a fuerza de agregar, de quitar, añadir o delimitar, se ha logrado mezclar; es decir, confundir.» (Alberto CATURELLI, Liberalismo y apostasía, Gratis date, Pamplona 2008, p. 15)

 

Nosotros relacionamos la confusión, también, con el confuso personalismo, que interpretamos como una metamorfosis del liberalismo de tercer grado. Respecto a la escuela personalista, decimos que a fuerza de agregar y añadir elementos del pensamiento moderno al pensamiento católico, — silenciando al mismo tiempo elementos del pensamiento clásico tradicional—, ha logrado mezclar, perturbar, confundir.

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31.08.18

(290) Magisterio y creatividad

 

1.- Tradición, en sentido genérico, es traditio, es decir, entrega.

—Explica Álvaro d´Ors:

«La tradición, en el sentido ordinario de transmisión de un determinado orden moral, político, cultural, etc., constituido por un largo proceso temporal congruente, de generación en generación y dentro siempre de una comunidad más o menos amplia, incluso en una familia, es una acepción del concepto expresado por la palabra latina traditio, que pertenece al léxico técnico del derecho, y puede traducirse por “entrega"» (Álvaro D´ORS, Cambio y tradición, Verbo 231-232, Madrid 1985, p. 113)

 

2.- La traditio, también, es como una entrega en depósito, porque el que entrega, en cuanto depositante, encarga al que recibe, o depositario, que guarde fielmente lo recibido.

 

3.- El que entrega, o tradens, tiene un papel menos activo que el que recibe, o accipiens. Porque el accipiens, en cuanto depositario, debe custodiar fielmente lo depositado, debe defenderlo, debe resistir en su defensa contra los agresores, debe protegerlo de los peligros que acechan su integridad. 

—Como explica muy bien, de nuevo, Álvaro d´Ors:

«De las dos personas que intervienen en toda entrega hay una, aparentemente activa, que es quien entrega, y otra, aparentemente pasiva, que es quien recibe. Sin embargo, en la estructura real del acto de entrega se invierte la relación: el sujeto realmente activo es el que toma y pasivo el que se deja tomar lo que le pertenece; el protagonista de toda traditio no es el tradens, sino el accipiens.» (Ibíd., p. 113)

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28.08.18

(289) El aborto es también un acto irreligioso

1.- Dar muerte directa e intencionadamente a un inocente es un acto intrínsecamente malo, y no es lícito jamás, conforme enseña la Palabra de Dios: «no hagas morir al inocente y al justo» (Ex 23, 7). 

 

2.- Dar muerte a un inocente, por ejemplo mediante un aborto, es un atentado

-contra Dios, al que se pretende privar injustamente de su señorío, rechazando su absoluta potestad sobre la vida.

-contra el prójimo, al que se priva injustamente de su vida.

-contra la sociedad, a la que se priva injustamente de uno de sus miembros.

 
3.- El Catecismo 2261 lo resume y enseña de esta forma: «El homicidio voluntario de un inocente es gravemente contrario a la dignidad del ser humano, a la regla de oro y a la santidad del Creador.» 
 

4.- Es oportuno que el Catecismo mencione la agresión a la santidad del Creador. Porque así queda claro que dar muerte a un inocente es un atentado, primero, contra la soberanía de Dios. Y que por ser un atentado contra Dios es, también, un acto irreligioso. Es decir, no es un asunto meramente humanístico, porque también queda afectado el honor divino: «es un atentado contra Dios, cuyo supremo dominio queda violado. Sólo El es el dueño de la vida» (Antonio ROYO MARÍN, Teología moral para seglares, BAC Madrid 1957, p. 429).

 

5.-Pero tambien es un atentado contra Nuestro Señor Jesucristo, porque impide que el no nacido alcance sobrenaturalmente su fin último. En este sentido, es rechazo de la realeza de Nuestro Señor, porque sólo Él es dueño de la redención del linaje humano, y «a El sujetó todas las cosas bajo sus pies» (Ef 1, 22). Impedir que el no nacido reciba el santo Bautismo, y por él la gracia de la justificación, es un atentado contra la potestad que Cristo tiene sobre la descendencia de Adán, que ha comprado con su Sangre.

 

6.- Por todo lo dicho, se ve claramente que el aborto, que es «un caso particular de la muerte de un inocente» (Antonio ROYO MARÍN, Op. cit. p. 430), tiene un carácter gravemente irreligoso. 

 
 
David Glez Alonso Gracián
 

24.08.18

(288) La autarquía y la crisis del catolicismo

1.- La autarquía es el estado o condición de quien cree bastarse por sí solo; del que se considera, en fin, autosuficiente, y no necesita de moción divina que le auxilie, ni de tradición que le ampare.

—Es la esencia del moderno voluntarismo positivista, cuyo optimismo es suicida: la autarquía es el ethos revolucionario. 

 

2.- Distingo además, en consecuencia:

-Una autarquía personal, que afecta al católico que no cree necesitar ascética ni mortificación ninguna, porque se basta con su humanismo horizontalista, el servicio a los demás, o unas entretenidas experiencias de piedad.

-Una autarquía social, que afecta a sociedades enteras que se malfundamentan en sí mismas.

-Una autarquía jurídica, que afecta al derecho que se desliga del derecho natural, que debería ser su fundamento.

-Y una autarquía política, propia del estado moderno, constitucionalista y personalista, que cree no necesitar a Dios, y se sirve de constituciones y declaraciones de derechos para autoabastecerse.

Es indudable que, con el olvido del reinado de Cristo, el pensamiento católico se ha vuelto vulnerable, también, a la autarquía social, jurídica y política.

 

3.- También sería pertinente distinguir una autarquía intelectual, que para la Iglesia es ruina muy grande, y trastorna la teología. Es propia de “teólogos geniales"  que, para sincronizarse con la Modernidad, prescinden del pensamiento tradicional, como si no lo necesitaran. También es distintivo de filosofías que, por creerse muy listas, suprimen la síntesis escolástica, o la minimizan, creyendo bastarse por sí solas, o a lo sumo depender de Kant, Heidegger o Karl Rahner.

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