InfoCatólica / La Mirada en Perspectiva / Categoría: Sobre la Gracia

3.03.18

(253) Una gracia portentosa

I.- Hasta el santo más distraído sabe que Dios empieza su oración cuando ora. Y que a nadie se le puede escapar del corazón unas palabras que Nuestro Señor no haya pronunciado primero.

 

II.- Despierta al alma su Defensor con la urgencia apostólica de Cristo, y le concede caminos, y mucha jornada.

 

III.- Este deseo portentoso de hablar de Cristo, que no se acaba, y que no puede apagarse sin traición.

 

IV.- Arde la tela de la oración, y el alma se prende de olivos, sudor de sangre y expectación.  

 

V.- La Madre busca a su Hijo entre los hijos de la Iglesia, y lo encuentra en los que están en gracia.

 
* * *
 

VI.- Aparejada de claridades, con fragancia de arrimo, la Madre siempre vela al Hijo al que ama, y a nosotros en Él.

 
 

VII.- Caminamos estremecidos por la Obediencia inimaginable del Hijo, hacia la propia cruz.

 

VIII.- No está helado el Calvario sino en llamas, y es la Misa.

 

IX.- Aquel huerto que exhalaba muerte es compartido, pero no en el bienestar, sino en el martirio.

 

y X.- Siendo en esta vida la santidad el bien supremo, el deseo de alcanzarla es el deseo supremo.

 

David Glez Alonso Gracián

10.11.17

(224) Que es por gracia, y no por exigencia de lo debido

1.- Ser desdichado por no tener a Cristo, y por ello querer tenerlo,  es una gracia muy grande. Porque por ella Nuestro Defensor nos tensa hacia la conversión.

 

2.- Que el hombre desee verdaderamente ser justificado, no es don de su naturaleza caída, sino don que viene de lo alto, a restaurarla y obsequiarla.

 

3.- Tenemos Madre. Por eso nuestro deseo de Dios no es huérfano. Ha sido amparado, ha sido llevado de la mano. La Inmaculada vela por lo que empezó en el Bautismo.

 

4.- Qué muestra más grande del amor de Dios, que hacerse necesario, donde no hay necesidad, sino indiferencia y mundo caído.

 

5.- Del nuevo nacimiento de la justificación surge el deseo sacramental, potente y eficaz, del fin último.

 

 6.- La Inmaculada es Madre de todos nuestros sueños y deseos de perfección cristiana.

 

7.- La Inmaculada tiene una dignidad infinita.

 

8.- La Inmaculada es Madre de toda conversión.

 

9.- La Inmaculada es ventana al fin último.

 

10.- No es por nuestra naturaleza caída, sino por la Inmaculada, que somos desdichados si nos falta su Hijo. Es por Ella, Madre de la divina Gracia, que estar sin Cristo es el tormento más grande que pueda existir, y por eso le llamamos y anhelamos sin término.

Es por ella que su Primogénito se nos vuelve más que necesario. Señor, ven pronto.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI

 

27.08.16

(146) Entre el voluntarismo y Lutero

La herencia de la Modernidad es un sobresaliente antropocentrismo capaz de todo, es decir, de nada bueno. Frustrado de tanto tienes que ser capaz, tienes que ser capaz, durante mucho tiempo pensó el católico que la vida cristiana consistía en hacer lo que Dios nos pide, y que ser santo, hacerse sacerdote, dedicarse a la vida contemplativa o irse de Misión, es simplemente cuestión de generosidad.

Pastorales de este estilo, cansinas y herrumbrosas como viejas llaves oxidadas, mantuvieron cerradas las puertas de gracia, resistiéndose a la alabanza y sobrevalorando la parte humana como el sumando clave en la ecuación.

Y es que el semipelagianismo ha sido durante demasiado tiempo la mala figura del catolicismo. Ya enarboló su bandera el presuntuoso Erasmo, que todo lo sabía, para mal luchar contra Lutero. E hizo creer a muchos que ser católico es ser voluntarista y creer que con la sola y libre voluntad se puede vencer al diablo y al pecado, si uno en verdad se lo propone.

Pero los tiempos de esta impostura han pasado, y en medio de una crisis mastodóntica que nos desafía, o se es apóstol de la gracia, o la identidad católica está perdida, y con ella también la santidad.

23.11.14

(44) Que si te apoyas en ti mismo perecerás

1.- Llevamos demasiado tiempo aplaudiendo al hombre, pervirtiendo el humanismo, y repitiendo, con boca satisfecha de sí misma: sea el ser humano engrandecido. Sea rey el ser humano de sí mismo. Nosotros no queremos que el hombre sea indigno, sino que, como clama el salmista (Sal Vg 69,5), “Sea Dios engrandecido”, ¡Magnificetur Deus! ¿¿Por qué?? Te lo repite el salmista:  -porque somos…

“un pobre mendigo”, ego autem miser sum et pauper (Sal Vg 69, 6)

 2.- El pobre PIDE, no se gloría de sí mismo, y ruega con boca de lágrima:

“apresúrate, oh Dios, a prestarme auxilio, tú eres mi ayuda, y mi libertador, oh Señor, no tardes! (Sal Vg 69,6) Domine, ne tardaveris!

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17.11.14

(42) Que pidiendo al Señor que nos convierta, nos convertiremos

Pidamos sin cesar:

¡Conviértenos, Señor, y nos convertiremos!

En el capítulo 5 de las Lamentaciones, ante el pecado, abandono y calamidad del Pueblo de Dios, exclama el profeta:

21 ¡Vuélvenos hacia ti, Señor, y volveremos!

No dice el autor sagrado, a secas: “volveremos a Ti”.

Sino: “Vuélvenos a Ti, Señor, y volveremos.”

En la Vulgata se dice:

21 converte nos Domine ad te et convertemur

Conviértenos, Señor, y nos convertiremos a Ti.

Piden al Señor que les convierta. ¿Es que acaso ellos no pueden convertirse por sí mismos, ellos solos? No.

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