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25.02.20

Cardenales del nuevo paradigma

El cardenal y arzobispo de Bolonia, Matteo Zuppi, ha concedido una entrevista a RD, de la que cito:

En su conferencia, usted recuperó el concepto de ‘Profetas de calamidades’ usado por Juan XXIII en el Concilio. ¿Estamos demasiado mal acostumbrados en la Iglesia europea a estar tristes?

Claro, hay tantas dificultades, y el fin de la cristiandad, que está claro, pero no significa el fin del Evangelio ni del Cristianismo. Hay muchas dificultades, y calamidades, pero creo que Juan XXIII tenía razón. No se pueden mirar solo las dificultades, hay que ver las oportunidades.

Y:

¿Ese es uno de sus retos: cómo explicamos esa iglesia hipermercado es la misma que la de abajo?

No se explica, se vive. Se vive con oración, con cercanía, proximidad, viviendo el evangelio, y no un evangelio reducido a moral. Que sea un encuentro, que sea vida, como tiene que ser el evangelio. Que sea un hecho, una homilía que hable al corazón.

¿Tiene muchos enemigos el Papa para recuperar este estilo de Iglesia?

Creo que hay tantos profetas de calamidades, hay tantos que confunden la conversión pastoral y misionera con el relativismo moral, de la verdad. Yo creo que la conversión nos ayuda a vivir bien el depósito de nuestra fe, pero a vivirlo hoy, para no quedarse fuera. Queremos que el evangelio siga hablando a los hombres de hoy. Frente a la secularización y sus consecuencias, el Evangelio responde al grito del hombre de hoy.

Por su parte, el cardenal y arzobispo primado de México, comentó en declaraciones recogidas por la Agencia Efe lo siguiente:

Más de la mitad de los estados mexicanos reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo, una cifra que ilustra el cambio de valores de la sociedad mexicana del que habla Aguiar y al que tiene que hacer frente su Iglesia.

La Iglesia tiene clara su doctrina, pero no es tiempo de condenas, sino de entender y aceptar las opciones que cada uno tome“, defiende el cardenal sobre la homosexualidad.

El arzobispo primado de México pide centrar la atención en ver “si se dan las condiciones sociales en las que se respete esa decisión del ser humano” y recuerda que la Iglesia “debe estar abierta a todos, católicos o no, para entender y apoyar en las necesidades de cada persona".

Vamos por partes. El optimismo de san Juan XXIII en torno al futuro de la humanidad y su protesta contra los profetas de calamidades aparece en su discurso de inauguración del Concilio Vaticano II, el 11 de octubre de 1962. Cito:

En el cotidiano ejercicio de Nuestro ministerio pastoral llegan, a veces, a nuestros oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas personas que, aun en su celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida. Ellas no ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina; van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia, que sigue siendo maestra de la vida, y como si en tiempo de los precedentes Concilios Ecuménicos todo hubiese procedido con un triunfo absoluto de la doctrina y de la vida cristiana, y de la justa libertad de la Iglesia.

Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente. En el presente momento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues todo, aun las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia.

Llama la atención dos cosas:

1- Que al parecer había personas que ya sospechaban, y osaban decirlo, que la humanidad no iba por buen camino en eso que se conoce como Modernidad.

2- Que según el Papa, estábamos ante un “nuevo orden de relaciones humanas” que, ojo al dato, era obra de los propios hombres.

Más adelante tras afirmar algo realmente sorprendente, a saber, que “los errores, luego de nacer, se desvanecen como la niebla ante el sol” (sic), añadió:

Siempre la Iglesia se opuso a estos errores. Frecuentemente los condenó con la mayor severidad. En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad. Ella quiere venir al encuentro de las necesidades actuales, mostrando la validez de su doctrina más bien que renovando condenas. No es que falten doctrinas falaces, opiniones y conceptos peligrosos, que precisa prevenir y disipar; pero se hallan tan en evidente contradicción con la recta norma de la honestidad, y han dado frutos tan perniciosos, que ya los hombres, aun por sí solos, están propensos a condenarlos, singularmente aquellas costumbres de vida que desprecian a Dios y a su ley, la excesiva confianza en los progresos de la técnica, el bienestar fundado exclusivamente sobre las comodidades de la vida. Cada día se convencen más de que la dignidad de la persona humana, así como su perfección y las consiguientes obligaciones, es asunto de suma importancia. Lo que mayor importancia tiene es la experiencia, que les ha enseñado cómo la violencia causada a otros, el poder de las armas y el predominio político de nada sirven para una feliz solución de los graves problemas que les afligen.

Cabe señalar:

1- Es herejía pelagiana afirmar que el hombre, por sí solo, es capaz de condenar y dejar a un lado todo aquello que es contrario a la ley divina. Sin el concurso de la gracia, tal cosa es literalmente imposible.

2- Tras dos guerras mundiales, pensar que el hombre había aprendido la lección e iba a comportarse como Dios manda, no era mero optimismo. Era desconocer absolutamente las consecuencias del pecado original y la enseñanza de la Escritura y la Tradición acerca del hombre caído y del “mundo".

3- Oponer misericordia a severidad en la condena del error es puerta abierta a la extensión masiva del error.

57 años y medio después, vemos en qué han quedado las palabras del papa Roncalli. Ha ocurrido exactamente lo contrario a lo que “profetizó". Las guerras han seguido ocurriendo acá y allá, y a ello se ha añadido la expansión del aborto, que es el mayor crimen en la historia de la humanidad, y la aparición de “un nuevo orden de relaciones humanas” (Nuevo Orden Mundial), pero en el sentido literalmente opuesto al Reino de Dios y absolutamente concordante con el Reino del Gran Arquitecto, adorado en las logias, que es Satanás en persona. La familia está siendo aniquilada. Las leyes están dando paso a la aceptación social de auténticas barbaridades. Y el hombre ha demostrado ser, por si no quedaba claro, el mayor enemigo del hombre, con los estados facilitando esa labor de autodestrucción.

¿Y qué decir de la propia Iglesia? ¿fue profeta de calamidades Pablo VI cuando afirmó que había entrado en ella el “humo de Satanás"? Es más, ¿cómo no iba a entrar ese humo si se habían abierto las ventanas de par en par?

Aun así, lo peor de todo no es que hubiera un error en el diagnóstico y las medidas a tomar. Lo peor es que hoy se pretende que tal error fue un acierto, y se profundiza en las consecuencias del mismo, de tal manera que la secularización presente en el mundo se ha apoderado, literalmente, de la mayor parte de la Iglesia.

Esto no empezó con el discurso inaugural del CVII. Llevamos, no solo en el mundo sino en la Iglesia, dos siglos y pico con un constante tira y afloja entre los revolucionarios radicales y los conservadores que conservan la revolución. Y una vez desaparecidos los tradicionalistas, o reducidos a la mínima expresión, el juego es mucho más fácil para ambos bandos.

En España ese tira y afloja nos ha llevado a tener un corpus legislativo absolutamente perverso. Pero los conservadores nos piden moderación, calma y sosiego, diálogo… para que los otros den otro paso adelante al que no seguirá un paso atrás.

Al final, los revolucionarios radicales se quitarán de en medio a los conservadores con absoluto desprecio. El desprecio que se merecen.

Eso pasa tanto en la sociedad como en la Iglesia. De hecho, la decadencia de España -y del resto de Occidente- es paralela a la de la Iglesia.

Bruno Moreno ha descrito magistralmente la realidad que vivimos hoy:

Dios nunca quiere que pequemos y eso es lo que siempre ha enseñado la Iglesia. No importan las excusas que se den y las circunstancias que se aleguen: adulterar siempre es un pecado grave y Dios nunca da permiso para hacerlo, ni mucho menos quiere que lo hagamos.

En cambio, multitud de obispos y sacerdotes se empeñan en enseñar y poner en práctica lo contrario, ya sea diciendo a los adúlteros que pueden comulgar o callando ante los que lo hacen y tolerando esa destrucción de la moral católica. Incluso los obispos y sacerdotes que siguen aplicando la moral tradicional católica en sus diócesis o parroquias en muchos casos elogiaron, por puro respeto humano o quizá por una obediencia mal entendida, la exhortación Amoris Laetitia, en la que se afirma que el adulterio puede ser en algunas ocasiones “la respuesta generosa que se puede ofrecer a Dios” y “la entrega que Dios mismo está reclamando en medio de la complejidad concreta de los límites, aunque todavía no sea plenamente el ideal objetivo” (AL 303). Apenas cuatro cardenales, la mitad de los cuales han muerto, pidieron que esto se clarificase (un eufemismo para indicar respetuosamente que debía corregirse), mientras que la inmensa mayoría de los demás obispos siguen sin decir nada.

Cuando la autoridad y la falsa prudencia se ponen al servicio de la perversión, de la destrucción de la moral de la Iglesia; cuando se ignora por completo el poder de la gracia divina para liberar efectivamente, y no al modo luterano, al hombre del pecado; cuando se cambia el Evangelio por diálogo cómplice con el mundo que vive bajo el dominio de Satanás, solo cabe esperar que ocurra de forma rotunda aquello que profetizó, y esta vez de verdad, san Pablo y que ya tenemos ante nuestros ojos:

Que de ningún modo os engañe nadie, porque primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición,  que se opone y se alza sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es adorado, hasta el punto de sentarse él mismo en el templo de Dios, mostrándose como si fuera Dios.
2 Tes 2,3-4

No hace falta ser profeta para denunciar que estamos ante el abismo, ante la mayor traición que ha sufrido Cristo desde que Judas le entregó por treinta monedas de plata. Ahora se le entrega a cambio del reconocimiento del mundo, de ese Nuevo Orden Mundial que no tiene nada que ver con el buenismo necio y herético de quienes abrieron las ventanas de la Iglesia para que el humo de Satanás hiciera estragos.

Solo Dios sabe lo que nos depara el futuro inmediato. Es fácil caer en la desesperación en medio de tanta confusión, de tanto lío, de tanta corrupción del evangelio, de tanto desprecio y persecución de la Tradición. Mas tenemos la promesa segura de que las Puertas del Hades no prevalecerán. No es tiempo de amargarse, de actuar como si Cristo no nos hubiera dado la victoria en la Cruz. Es tiempo de obrar conforme a la gracia que nos ha sido dada en defensa de la fe, dando testimonio de la realeza de Cristo en nuestros corazones y en medio de todo el mundo. Es tiempo de obedecer a la Madre del Señor y Madre nuestra cuando nos pide “haced lo que Él os diga” (Jn 2,5) 

No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.
Luc 12,32

¡Viva Cristo Rey y María Reina!

Luis Fernando Pérez Bustamante

7.02.20

El Nuncio en España y Quas primas

- ¿Otra vez dando la paliza en contra del actual sistema político en España y su Constitución? ¿No se cansa usted? ¿no ve que casi nadie está de acuerdo? ¿no ve que predica en el desierto?

- Pues sí, ya ve. Amo a mi patria y no sé amarla de otra manera que no sea reclamando y anhelando que se arrepienta de su apostasía y vuelva a someterse a la Soberanía de Cristo.

El nuevo Nuncio del Vaticano en España, Mons. Bernardito Auza, elogió el pasado miércoles la Constitución de 1978 como fundamento de la convivencia de una unidad «tan variopinta y rica como es España». 

El prelado calificó el texto constitucional como «una declaración de valores y principios» que hermana a España con las naciones y democracias modernas.

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3.02.20

Marion Maréchal, católica y laicista

Marion Maréchal es la nieta católica de Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional en Francia, partido que está hoy en manos de Marine, tía de la primera e hija del segundo. En manos paganas, habría que añadir, pues Marine solo ha heredado de su padre el nacionalismo y el antiglobalismo, pero es firme defensora de las tesis abortistas.

De hecho, hace algo más de tres años, la tía desautorizó públicamente a la sobrina al asegurar que de gobernar Francia no tocaría la ley del aborto, que seguiría siendo libre y gratuito.

Marion, que es lo más cercano a Vox que hay en el país galo, ha estado en España por iniciativa de Gabriel Ariza, fundador de InfoVaticana y actual asesor de Vox, y ha sido entrevistada por el diario El Mundo. La presentan así:

En los últimos meses, Marion Maréchal (30 años) se ha convertido en un referente ideológico allende las fronteras de Francia. En un artículo publicado en la revista New York Review of Books el pasado diciembre, Mark Lilla la erigió como líder indiscutible de una nueva derecha europea que toma como marco cultural las raíces cristianas de Europa.

La entrevista empieza precisamente por la cuestión de su cercanía a Vox:

Estoy impresionada por la fuerza con la que sus ideas han penetrado en la sociedad española. Es verdad que España había permanecido al margen del auge de los partidos conservadores en el resto de Europa. Pero es la tendencia. Vox ayudará a preservar España de todo lo que ya sufrimos en Francia por la cuestión migratoria -el 18% de los niños que nacen tienen un nombre árabe-, que nos ha convertido en una sociedad rota, violenta e islamizada. Acaba de salir un informe que refleja que hay 150 ciudades que ya controlan los islamistas. En España eso puede pasar en 15 años.

Como ven ustedes, la cuestión inmigratoria es fundamental para esa Europa neoconservadora de corte nacionalista. Es en lo que coinciden todos, sea el FN en Francia, Vox en España, Orban en Hungría, Salvini en Italia, AfD en Alemania,.. en algunos países suele reivindicar las raíces cristianas del continente, en otros no.

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25.01.20

Don Celso, llega usted unos 40 años tarde

El arzobispo de Mérida-Badajoz está muy apenado por los planes del gobierno social-comunista de España. Está convencido de que lo que pretende es “sacar a Dios totalmente de la vida social".

El prelado español apela a la encíclica Caritas in Veritate de Benedicto XVI, concretamente a su punto 29 en el que se lee:

Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre en cuanto, habiéndolo creado a su imagen, funda también su dignidad trascendente y alimenta su anhelo constitutivo de «ser más». El ser humano no es un átomo perdido en un universo casual, sino una criatura de Dios, a quien Él ha querido dar un alma inmortal y al que ha amado desde siempre.

Y:

Cuando el Estado promueve, enseña, o incluso impone formas de ateísmo práctico, priva a sus ciudadanos de la fuerza moral y espiritual indispensable para comprometerse en el desarrollo humano integral

La solución, según don Celso, es esta:

Por todo ello, me parece tan fundamental que el Estado, sobre todo, defienda y promueva siempre el derecho a la libertad religiosa. Cierto que hay que estar muy atentos para que el ejercicio de este derecho no sea una cobertura para la obtención moralmente ilícita de poder y riqueza, mediante la violencia, sea física o moral; pero este fanatismo religioso, que impide el verdadero desarrollo humano, no puede ser tampoco cobertura para que el Estado y sus instituciones no respeten y fomenten el derecho fundamental a la libertad religiosa en su plenitud de contenido.

Vamos por partes. 

Don Celso tiene razón en que es lamentable que se quiera sacar a Dios totalmente de la vida social. Pero eso no ocurre ahora en el año 2020. Es lo que viene ocurriendo en España desde que se aprobó la Constitución de 1978. Es decir, se está cumpliendo al pie de la letra aquello de lo que advirtió “Don Marcelo", cardenal primado de España, en su Instrucción pastoral previa al referéndum sobre dicha Constitución. Cito:

Estimamos muy grave proponer una Constitución agnóstica –que se sitúa en una posición de neutralidad ante los valores cristianos- a una nación de bautizados, de cuya inmensa mayoría no consta que haya renunciado a su fe. No vemos cómo se concilia esto con el “deber moral de las sociedades para con la verdadera religión”, reafirmado por el Concilio Vaticano II en su declaración sobre libertad religiosa (DH, 1). No se trata de un puro nominalismo. El nombre de Dios, es cierto, puede ser invocado en vano. Pero su exclusión puede ser también un olvido demasiado significativo.

Consecuencia lógica de lo anterior es algo que toca a los cimientos de la misma sociedad civil: la falta de referencia a los principios supremos de ley natural o divina. La orientación moral de las leyes y actos de gobierno queda a merced de los poderes públicos turnantes. Esto, combinado con las ambigüedades introducidas en el texto constitucional, puede convertirlo fácilmente, en manos de los sucesivos poderes públicos, en salvoconducto para agresiones legalizadas contra derechos inalienables del hombre, como lo demuestran los propósitos de algunas fuerzas parlamentarias en relación con la vida de las personas en edad prenatal y en relación con la enseñanza.

Como ve usted, don Celso, don Marcelo dijo que iba a pasar lo que ha venido pasando en estos últimos 41 años, de forma que lo de ahora es solo un paso más en esa dirección.

La cuestión es muy fácil. Si se asume, se defiende, se alienta y se hace apologética favorable a un sistema, el democrático liberal, por el cual se aparta a Dios y su ley al ámbito de la intimidad de cada cual, y todo depende del sentido del voto a la hora de decidir cuáles han de ser la leyes y cuál la orientación de la sociedad, luego no nos podemos rasgar las vestiduras.

No se puede defender la democracia que “retira” la soberanía de Dios para entregarla en manos del pueblo -o sea, de la masa adoctrinada por élites partitocráticas- y luego lamentarse del divorcio, el aborto, todo positivismo jurídico contrario a la ley natural, etc. Como dijo un buen sacerdote extremeño en una conferencia reciente, recogiendo el pensamiento de Mons. Guerra Campos, “la incoherencia consiste en que se aprueba el árbol y después se rechazan los frutos” y “con los votos de los fieles católicos se han implantado los mismos males que luego se critican".

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23.01.20

De Papas y globalismo

Leo que el bueno de Carlos Esteban está preocupado porque el Papa ha nombrado a Dani Rodrik miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, órgano de la curia presidido por Mons. Marcelo Sánchez Sorondo, ese insigne arzobispo que tuvo a bien decir, y a día de hoy no ha pedido perdón por ello, que China es el país donde mejor se aplica la doctrina social de la Iglesia (sic), lo cual es una forma como otra cualquiera de mofarse de los mártires y confesores católicos chinos.

Dice don Carlos:

Razona Rodrik que entre la existencia de la globalización económica, la democracia y los estados nacionales hay que elegir dos de ellas, porque las tres a la vez es imposible. Imaginen cuál de las tres se descarta. Rodrik postula la creación de una autoridad mundial compuesta por técnicos con competencias para imponer a todos los habitantes del planeta unas mismas normas como condición necesaria para que el sistema funcione.

Y añade:

La querencia del Santo Padre por el globalismo, por la desaparición de los Estados y la constitución de un gobierno mundial no es cosa de ayer ni algo que lleve precisamente en secreto.

Tiene razón. De hecho, este año es el elegido por el Vaticano para apoyar una serie de eventos que apuntan claramente a fortalecer una globalización dependiente de entidades supranacionales. A saber:

- Marzo. Evento “Economía de Francisco". El P. Iraburu ya escribió un post sobre el tema, así que poco más tengo que decir. Cito un párrafo de sus conclusiones:

Si la invitación pontificia al evento de Asís-2020 logra una respuesta numerosa de jóvenes economistas y emprendedores procedentes de todo el mundo, formados en muy diversos credos religiosos o en sistemas filosóficos y económicos contradictorios, será imposible alcanzar un «pacto común», un «cambio global», capaz de «poner en marcha un nuevo modelo económico, fruto de una cultura de comunión, basado en la fraternidad y la equidad». No será posible lograr un acuerdo entre los asistentes que creen en Dios y la otra parte –una gran parte– que consideran las religiones como el obstáculo mayor para una fraternidad universal. Agua y aceite.

- Mayo, día 14. Evento mundial bajo el lema “Reconstruir el pacto educativo global". El Papa lo anunció en el siguiente vídeo:

No busquen ustedes en el vídeo una sola mención a la fe católica, al Señor Jesucristo, etc. No existe. Al contrario, el Papa habla del documento que firmó con el gran imán de Al Azhar en Abu Dhabi, en el que se aseguraba que “el pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son expresión de una sabia voluntad divina, con la que Dios creó a los seres humanos".

- Junio. “Declaración de amistad entre religiones”. Se firmará en La Haya y por supuesto el Papa ha dado su apoyo. Vean como se presenta el tema en este vídeo:

En ese mismo sentido, es altamente significativo lo que reveló ayer el Rabino David Rosen. Entrevistado por Zenit, aseguró que el papa Francisco había afirmado que todas las diferencias religiosas se deben subordinar a nuestra humanidad

Como ven ustedes, nos quieren llevar hacia una globalización poítico económica, educativa y religiosa.

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