InfoCatólica / Schola Veritatis / Categoría: Espiritualidad

31.10.19

Acerca de la humildad personal y corporativa (de las Instituciones)

La Transfiguración, Teófanes el Griego, 1403

La sagrada Escritura nos enseña que «Dios resiste a los soberbios» (1P, 5,5). Y esta resistencia de parte de Dios es la peor desgracia que pueda ocurrir a una criatura. Siendo Dios el único principio de nuestra santidad y de todos nuestros bienes, ¿qué podemos esperar de Dios si, además de no darse a nosotros, nos resiste y nos rechaza?

Pero, ¿qué hay de malo y de contrario a Dios en el orgullo, para que Dios lo aparte de sí con tal energía?

Dice Columba Marmión que la razón de este antagonismo proviene de la misma naturaleza de la santidad divina:

Dios es el principio y el fin: el alfa y la omega de todas las cosas; la causa primera de todas las criaturas, y el origen de toda perfección. Todo ser viene de Él, todo bien de Él se deriva; pero, en reciprocidad, toda criatura debe volver a Él rindiéndole gloria, porque Dios «lo ha creado todo por su gloria» (Prov 16,4). Tal proceder, en nosotros, sería egoísmo y desorden; en Dios, por el contrario, al cual no puede aplicarse la palabra egoísmo por ningún concepto, es necesidad fundada en su misma naturaleza. Es esencial a la santidad divina referirlo todo a su propia gloria, pues, de otro modo, no sería Dios, ya que estaría subordinado a otro fin distinto de sí mismo. Por esto dice Dios por Isaías: «No daré a otro mi gloria» (Is 42,8). En la contemplación de sí mismo se ve digno de gloria infinita, por la plenitud de su ser y el océano de sus perfecciones; y no puede tolerar sin dejar de ser Dios, santidad por esencia, que se atribuya a otro la gloria que le es debida. Nos concede muchas gracias; nos da a su mismo Hijo amado; nos lo da enteramente, para siempre, si nosotros lo queremos; nos da la felicidad eterna y sin fin, nuestro bien supremo, y nos franquea la entrada a la intimidad de la Trinidad bienaventurada. Una sola cosa no quiere ni puede damos: su gloria. «Yo, el Señor, no daré a otro mi gloria.»

(Jesucristo ideal del monje, Cap. XI, La Humildad).

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16.10.19

La guerra del demonio contra la belleza sacral del canto litúrgico según Santa Hildegarda

Icono de Santa Hildegarda, Abadía de Beuron 1930

Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179) fue una abadesa benedictina, compositora, escritora, filósofa, mística,fundadora, médica y profetiza alemana. Considerada una de las personalidades más influyentes, polifacéticas y fascinantes de la Baja Edad Media y de la historia de Occidente, es también de las figuras más ilustres del monacato femenino de los mejores ejemplos del ideal benedictino,al estar dotada de una inteligencia y cultura fuera de lo común, comprometida con la reforma gregoriana y al ser una de las escritoras más fecundas de su tiempo. Además es considerada por muchos expertos como madre de la historia natural.

Le medievalista Régine Pernoud, en su obra biográfica “Hildegarde de Bingen, conscience inspirée du XII siècle” (Editada en francés por Editions du Rocher, 1994) cita una carta dirigida a los Prelados de Maguncia, la cual hemos querido traducir y transcribir en este post para nuestros lectores. Los destacados y la misma traducción son nuestros.

El contexto de la presente epístola es la sentencia de interdicción que el Monasterio fundado por Santa Hildegarda había sufrido por parte del Obispo de Maguncia, al negarse la Abadesa a obedecerle en el mandato de desenterrar un muerto enterrado en el cementerio de la Abadía. Este había sido un pecador público, pero que había fallecido reconciliado con la Iglesia según las mismas monjas pudieron constatar en sus últimos momentos. La sentencia de interdicción prohibía la celebración de la Santa Misa y la celebración solemne del Oficio Divino dentro de la Iglesia abacial.

He aquí la carta, luminosa y profética como toda la obra de esta gran mística.

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30.08.19

Jesús, la soledad y el Sagrado Corazón

Cristo de Rublev (+1430)

A modo de brevísimo post, compartimos con nuestros lectores ´dos bellas oraciones antiguas a Jesucristo, Esposo de la Iglesia y de las almas. La primera oración es de un autor anónimo, y la segunda es atribuida a San Agustín:

Jesús,
mi soledad,
mi deseo y mi sed,
mi sólo silencio,
la aurora de mi canto. 

Tú me vuelves a mi mismo,
y me alimentas de tu Faz.

Y tiernamente, por la apertura de tu Corazón,
las olas de tu voz se expanden
tejiendo el pan de mi morada. 

Y otra oración:

“Tú eres, Cristo, mi Padre santo, mi Dios piadoso, mi Rey grande, mi pastor bueno, mi maestro único, mi ayuda óptima, mi hermosísimo amado, mi pan vivo, mi sacerdote para la eternidad, mi guía para la patria, mi luz verdadera, mi dulzura santa, mi camino recto, mi sabiduría preclara, mi simplicidad pura, mi concordia pacífica, mi custodia completa, mi porción preciosa, mi salvación eterna. Amén". 

21.08.19

El castigo de los que no aman la verdad- Miguel Angel Fuentes, IVE

La flagelación de Cristo, Anton Raphael Mengs (1728-1779)

Continuamos con la segunda parte de la ponencia del Padre Miguel Angel Fuentes IVE, acerca del amor a la verdad. Imperdible para la reflexión y oración personal, de cara a los tiempos que vivimos.


Nuestro tiempo es el tiempo de las grandes mentiras. De las mentiras institucionalizadas, divulgadas masivamente. El tiempo de las mentiras sobre Dios, sobre el mundo y sobre el hombre. Es el tiempo del “poder” de la mentira. De la seducción de la mentira. De la “mentira” y de la “capacidad de mentir” entendidas como sinónimo de política, de periodismo, de manejo de masas, de comercio o de diplomacia (incluso eclesiástica), calzándole muy exactamente la descripción que Jeremías hacía de su tiempo:

¡Quién me diese en el desierto una posada de caminantes, para poder dejar a mi pueblo y alejarme de su compañía! Porque todos ellos son adúlteros, un hatajo de traidores que tienden su lengua como un arco. Es la mentira, que no la verdad, lo que prevalece en esta tierra. Van de mal en peor, y a Yahveh desconocen. ¡Que cada cual se guarde de su prójimo!, ¡desconfiad de cualquier hermano!, porque todo hermano pone la zancadilla, y todo prójimo propala la calumnia. Se engañan unos a otros, no dicen la verdad; han avezado sus lenguas a mentir, se han pervertido, incapaces de convertirse. Fraude por fraude, engaño por engaño, se niegan a reconocer a Yahveh” (Jer 9,1-5)

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9.08.19

La verdad que salva es la verdad amada, no meramente conocida-M.A .Fuentes,IVE

La crucifixión, Fra Angelico (+1455)

Con su amable autorización, compartimos a continuación con nuestros lectores la primera parte de una magnífica ponencia del Padre Miguel Angel Fuentes, IVE, acerca del tema del amor a la verdad, que venimos tratando desde nuestro anterior post. Los destacados en cursiva y negrita son nuestros. Viene a completar muy bien nuestra anterior reflexión. Esperamos será para provecho de muchos.


Hay un texto muy sugestivo en la segunda epístola a los Tesalonicenses (2,8-12). Dice así:

“Entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida. La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado (eo quod caritatem veritatis non receperunt ut salvi fierent). Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la iniquidad”.

¿A quiénes se refiere el texto? Son “los que han de ser engañados y se han de condenar”. ¿Quiénes son estos? Puntualmente sólo Dios los conoce a cada uno pero se los caracteriza por algo común a todos: son los reos del pecado de desamor por la verdad.

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