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21.06.22

No negarle nada a Dios

Madre Teresa de Calcuta

 

HOMILÍA

Padre Pedro Pablo Silva, SV

No negarle nada a Dios

 

En la interesante Lectio que tuvimos tiempo atrás, apareció, emergió, la figura de la madre Teresa de Calcuta en sus diarios y cartas íntimas que se han publicado, y que han puesto de  manifiesto una faceta muy profunda de ella (cf. Madre Teresa, Ven sé mi luz, P. Brian Lolodiejchuk, M.C., Ed. Planeta Testimonio).

Entre otras cosas que Madre Teresa había hecho ella un voto de no negarle nada a Dios. Ni más ni menos. Esto ya de por sí es motivo de una profunda reflexión, frente a la cual quedamos mal parados, humillados y ofendidos…, por nuestras reiteradas resistencias al Espíritu Santo. Ese voto precioso, que, como digo, realmente vale la pena pensarlo, nos sitúa frente una problemática que atraviesa toda la modernidad y el mundo actual. Y esa problemática se puede resumir en esto: si el hombre se somete enteramente a Dios, ¿cómo es que es libre? ¿Cómo el hombre puede ser libre frente a un Dios que lo conoce todo, que lo invade todo, que lo mueve todo? Porque no hay nada que quede fuera de la soberanía de Dios, pues, en el orden natural Dios da el ser a cada cosa; todo lo que existe, todos los planetas, todo está creado por Dios y movido por Dios. Y en el orden sobrenatural, sin gracia no podemos ¡NADA!  ¿Dónde queda entonces la libertad del hombre?

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8.12.21

Inmaculada Concepción de la Virgen María

Inmaculada Concepción

HOMILÍA

Padre Pedro Pablo Silva, SV

Inmaculada Concepción

 

Celebramos hoy la Solemnidad de la Inmaculada Concepción. Meditaba yo en cuán lejos está en la concepción de nuestra Comunidad Schola Veritatis y de nuestra praxis, el pensar que nuestro carisma pertenece a nuestro Padre Fundador o Superior.

Sabemos que nuestro carisma no nos pertenece, es una riqueza que hemos recibido de Dios, es un camino, entre otros -ni decimos que sea el mejor ni nada de eso-, sino que es el que tenemos y por él vamos. Pienso que cuanto más el “Padre Fundador” desaparezca –si es que hay Padre Fundador- y Cristo el Señor crezca, tanto mejor.

Dicho lo anterior, sí querría atreverme a decir algo que quedara como legado de nuestra Comunidad en este día de la Inmaculada Concepción. No me cabe en la cabeza -desde la fe católica, vivida y celebrada en la Sagrada Liturgia, desde nuestro camino espiritual-, que nuestra Comunidad, como ente social, y dentro de ella cada uno de nosotros, no seamos profundamente amantes de la Santísima Virgen María. Por la fe católica sabemos que Dios lo quiere así y lo estableció así. Desde antes de los tiempos, Él mismo ha querido que la Santísima Virgen ocupara un lugar eminente en la historia de la salvación, y que por Ella nos viniera el autor de la gracia, Jesucristo, nuestro Señor, que por nosotros y por nuestra salvación bajó del Cielo. Desde la dogmática sabemos que Ella tiene un papel fundamental.

Pero también esta convicción se ve reforzada por el tiempo en que vivimos. Estamos en un tiempo único -si es el último o no, no lo sé-, en el cual el mal parece que se ha soltado, como que los sellos se han roto y el demonio anda desatado y ataca a todo el mundo, pero principalmente a los obispos, sacerdotes, religiosos y laicos que tengan más vida espiritual; esos son sus focos, somos nosotros, porque si nosotros caemos, arrastramos a muchos a la perdición.

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2.11.21

Acerca de cómo el silencio fortalece la vida interior

Silencio interior

 

HOMILÍA

Padre Pedro Pablo Silva, SV

Domingo XXIII. 2021

Acerca de cómo el silencio fortalece la vida interior

 

En la homilía se menciona a Francisco de Osuna, sacerdote franciscano español (1492-1540), que escribió el libro “Tercer abecedario espiritual”, que ejerció gran influencia en Santa Teresa de Jesús.

http://franciscanos.org/enciclopedia/franciscoosuna.htm

 

18.09.21

Virgen de los Siete Dolores

Nuestra Señora de la Soledad, Zamora

 

HOMILÍA

Padre Pedro Pablo Silva, SV

15 septiembre 2021

Virgen de los Siete Dolores

 

Celebramos hoy día la fiesta de la Virgen de los Siete Dolores. Como dice san Pablo, “sé de un hombre que fue arrebatado hasta el tercer cielo” (cf. 2 Cor 12,2). Se podría decir, mutatis mutandis: “sé de un hombre que, cuando era pequeño y veía llorar a su madre, él lloraba instantáneamente y lo que quería era ir a consolarla.

En este día de la Virgen de los Siete Dolores lo que nace espontáneamente es el deseo de ir a consolar a la Santísima Virgen, de reparar sus dolores. Y he aquí que en Tercia la antífona como que contraría ese deseo nacido del amor: Recédite a me, amáre flebo, nolíte incúmbere, ut consolémini me: Alejaos de mí, dejadme llorar amargamente, no busquéis consolarme.

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10.08.21

San Benito y el martirio por la verdad

San Benito

HOMILÍA

Padre Pedro Pablo Silva, SV

San Benito y el martirio por la verdad

Como hemos meditado en más de alguna ocasión, el filósofo ruso de fines del siglo XIX, Vladimir Soloviev, en su significativo libro, Breve relato del Anticristo, atribuye el último testimonio a favor de Cristo, en medio de la apostasía generalizada del mundo, a un monje. Es decir que, para Soloviev, el monje es aquella persona que ha llegado al fin sin ceder, sin dejar que la marca o sello de la Bestia, el número 666, se estampara en su mente y en su mano, esto es, en su pensamiento y en su conducta moral. Y ¿por qué pensar esto de un simple monje, cuando sabemos de tantos que, a lo largo de la historia, han sido herejes o se han «adaptado» buscando un «equilibrio» entre el error y la verdad? Pensemos, por ejemplo, en Nestorio, Eutiques (Lutero no fue monje sino fraile), y tantos monjes que al llegar la Revolución francesa estaban intoxicados con el virus o covid de la Ilustración y del humanismo antropocéntrico post renacentista.

Tal vez la respuesta la encontremos en la misma historia de la Revolución francesa que, como sabemos, ha dado a luz el mundo moderno, un mundo esencialmente diferente de la Cristiandad medieval: en la fase del terror se persiguió sobre todo a los monjes y se «desamortizaron», como se llama diplomáticamente al robo, los Monasterios, pero las Órdenes religiosas activas, las que prestaban asistencia, se las dejó con vida. Es decir, se soportaba que alguien, aunque sea en plan católico, hiciera una suerte de promoción humana; pero que los monjes no hicieran nada más que dar razón del absoluto de Dios, de un Dios que para los revolucionarios ya ha muerto –y que ha sido, lo que más adelante llamará Karl Marx, el “opio del pueblo”-, eso no se puede admitir. Y así, exterminaron miles de monasterios, los robaron y a comienzos del siglo XX otros tantos pasaron a poder del Estado hasta el día de hoy.

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