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10.03.11

“Sintió compasión de ellos”

“Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.»” (Mateo 9,36-38).

“Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras Él viniendo a pie de las ciudades. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.” (Mateo 14,13-14).

“Él, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.» Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.” (Marcos 6,31-34).

“Por aquellos días, habiendo de nuevo mucha gente y no teniendo qué comer, llama Jesús a sus discípulos y les dice: «Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos.»” (Marcos 8,1-3).


En el sitio web de Misereor, obra de cooperación para el desarrollo de la Iglesia Católica en Alemania, se dice lo siguiente:

“MISEREOR fue fundada en el año 1958 como entidad de ayuda para “combatir el hambre y la enfermedad en el mundo". En su carácter de organización de desarrollo de la Iglesia Católica de Alemania, MISEREOR ofrece su cooperación a todos los hombres de buena voluntad, para combatir la pobreza a nivel mundial, abolir estructuras de injusticia, promover la solidaridad con los pobres y oprimidos y contribuir a la construcción de “UN MUNDO". […]

MISEREOR llama a los católicos y demás ciudadanos de Alemania a tomar conciencia de la pobreza y la miseria existentes en el mundo, a percibir al mismo desde la perspectiva de los pobres y oprimidos, y a sentir y sufrir con ellos, conforme al ejemplo de Jesús: “MISEREOR super turbam” - “Siento compasión de esta gente".”

Naturalmente, todo esto está muy bien, pero –como se verá a continuación– es de lamentar cierto sesgo unilateral o reduccionista en esta “exégesis alemana”.

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28.02.11

Nota sobre dos errores opuestos (C. S. Lewis)

La idea de que toda la raza humana es, en un sentido, una misma cosa –un inmenso organismo, como un árbol– no debe ser confundida con la idea de que las diferencias individuales no importan o que las personas reales como Tom, Nobby y Kate son de algún modo menos importantes que las cosas colectivas como las clases, las razas, etcétera. De hecho ambas ideas son opuestas. Cosas que forman parte de un mismo organismo pueden ser muy diferentes unas de otras; cosas que no lo hacen pueden ser muy parecidas. Seis peniques son cosas separadas y muy parecidas; mi nariz y mis pulmones son muy diferentes, pero sólo están vivos porque forman parte de mi cuerpo y comparten su vida común. El cristianismo piensa en los individuos humanos no como en meros miembros de un grupo o componentes de una lista, sino como en órganos de un cuerpo: diferentes unos de otros y cada uno de ellos contribuyendo con lo que ningún otro podría. Cuando os encontréis queriendo convertir a vuestros hijos, o a vuestros alumnos, o incluso a vuestros vecinos, en personas exactamente iguales a vosotros mismos, recordad que probablemente Dios jamás pretendió que fueran eso. Vosotros y ellos sois órganos diferentes, y vuestro cometido es hacer cosas diferentes. Por otro lado, cuando os sentís tentados a no dejar que los problemas de otro os afecten porque no son “asunto vuestro”, recordad que, aunque él es diferente de vosotros, forma parte del mismo organismo. Si olvidáis que pertenece al mismo organismo os convertiréis en individualistas. Si olvidáis que es un órgano distinto que vosotros, si queréis suprimir las diferencias y hacer que toda la gente sea igual, os convertiréis en totalitarios. Pero un cristiano no debe ser ni un totalitario ni un individualista.

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13.02.11

Navegar en la nave de Dios (Albino Luciani)

Dulcísimo santo [Francisco de Sales]:

[…] ¡Si te oyeran los políticos! Éstos miden las acciones por su éxito. “¿Tiene éxito? Entonces, vale”. Tú, en cambio, dices: “La acción, incluso si no tiene éxito, vale con tal que esté hecha por amor de Dios. El mérito de llevar la cruz no está en el peso de ésta, sino en el modo de llevarla. Puede haber más mérito en llevar una pequeña cruz de paja que una grande de hierro. El comer, el beber, el pasear, si se hacen por amor de Dios, pueden valer más que el ayuno y los golpes de disciplina”.

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7.02.11

Correr, pero ¿a dónde? (Vittorio Messori)

Veinte siglos de cristianismo no han transcurrido sin más como agua que resbala en la roca. Han impregnado a fondo la tierra sometida ahora a sus nuevos maestros, mientras aquella fuente ha sido desviada y declarada no potable. Lo que ha quedado agrava aún más la angustia.

Dice Oliver Clément, un escritor que se sitúa en la tradición de la ortodoxia eslava: “El cristianismo ha enseñado al hombre que es un ser único y que tiene que resucitar. Del mensaje cristiano, las culturas seculares sólo han conservado la convicción de que el hombre es un ser único, olvidando o rechazando la resurrección. Por eso la muerte nunca se ha presentado tan desnuda y terrible como ahora. Si el hombre es único, percibe con inaudita fuerza la angustia del morir. Tras la caída de las ideologías de la especie y el progreso, queda tan sólo la persona, el cada uno, inerme ante su fin”.

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15.01.11

“Obrar la verdad” (Josef Pieper)

La prudencia, como base formal y “madre” de todas las virtudes humanas, es el troquel delicado pero firme de nuestro espíritu, que moldea el conocimiento de la realidad transformándolo en ejecución del bien. Encierra en sí la humildad del escuchar silencioso, es decir imparcial, la íntima fidelidad de la memoria, el arte de dejarse informar de algo, la serenidad ante lo inesperado. La prudencia es gravedad pausada y, por decirlo así, filtro de la reflexión, a la par que audacia frente a lo definitivo del decidir. Denota nitidez, rectitud, apertura, imparcialidad de ánimo por encima de todos los enredos y utilitarismos únicamente “tácticos”.

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