InfoCatólica / Razones para nuestra esperanza / Categoría: Teología dogmática

10.01.16

De los hijos de Dios (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica)

136. ¿Qué quiere decir la Iglesia cuando confiesa: «Creo en el Espíritu Santo»?

Creer en el Espíritu Santo es profesar la fe en la tercera Persona de la Santísima Trinidad, que procede del Padre y del Hijo y «que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria». El Espíritu Santo «ha sido enviado a nuestros corazones» (Ga 4, 6), a fin de que recibamos la nueva vida de hijos de Dios.

147. ¿Qué designamos con la palabra «Iglesia»?

Con el término «Iglesia» se designa al pueblo que Dios convoca y reúne desde todos los confines de la tierra, para constituir la asamblea de todos aquellos que, por la fe y el Bautismo, han sido hechos hijos de Dios, miembros de Cristo y templo del Espíritu Santo.

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8.01.16

El principio protestante de la “Sola Escritura” no es bíblico

Uno de los principios fundamentales de la Reforma protestante es el de la sola Escritura (sola Scriptura).El principio protestante de la sola Escritura dice que la Divina Revelación no es transmitida por la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición (como enseña la Iglesia Católica), sino sólo por la Sagrada Escritura. También dice que la Sagrada Escritura es la única autoridad en materia religiosa establecida por Dios en la tierra, lo cual implica el rechazo del Magisterio de la Iglesia (contra lo que enseña la Iglesia Católica).

En este artículo mostraré que siete doctrinas protestantes contradicen el principio protestante de la sola Escritura, basándome sobre todo en argumentos tomados del estupendo libro: Scott y Kimberly Hahn, Roma, dulce hogar. Nuestro camino al catolicismo, Ediciones Rialp, Madrid 2001. Presentaré esas siete doctrinas en el orden en que aparecen en esa narración del dramático camino de conversión al catolicismo del pastor y teólogo presbiteriano Scott Hahn y su esposa Kimberly. Junto al subtítulo de cada una de las siete secciones del artículo indicaré las páginas del libro en las que se trata la doctrina respectiva.

1. El bautismo de los niños (cf. pp. 30-32)

Dentro del protestantismo hay algunas comunidades eclesiales que aceptan y practican el bautismo de los niños pequeños y otras comunidades eclesiales que lo rechazan. La fuerte corriente que niega la validez del bautismo de los niños pequeños tuvo su origen histórico en el movimiento anabaptista del siglo XVI, que se enfrentó a Lutero y sus seguidores. Los protestantes que rechazan el bautismo de los niños pequeños sostienen que ese bautismo es inválido porque los niños que no han alcanzado la edad del uso de razón no pueden creer. También enfatizan que los adultos que fueron bautizados de pequeños ni siquiera recuerdan su bautismo. Sin embargo, la doctrina de la invalidez del bautismo de los niños no es bíblica.

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27.12.15

La descalificación del lenguaje católico tradicional

Hace años, en una conferencia en Montevideo, un sacerdote católico muy inteligente, profesor de filosofía y de teología, afirmó que a él el lenguaje cristiano tradicional “no le decía nada”. Recuerdo que me apenó mucho oír eso. Me preguntaba cómo podía ser que a un sacerdote tan culto “no le dijera nada” el lenguaje de la Biblia y la Tradición eclesial, de los Papas y los Concilios, de los Padres y los Doctores de la Iglesia, de los santos y los grandes maestros de espiritualidad… Naturalmente, la expresión “esto no me dice nada” puede tener varios sentidos diferentes. Se me ocurren dos sentidos principales: 1) no entiendo nada de esto; 2) lo entiendo pero me deja frío; no suscita en mí ninguna emoción, ningún sentimiento, ningún propósito. Aplicadas a nuestro caso, las dos alternativas son inquietantes. La primera alternativa vuelve imposible la labor del teólogo, dado que no le permite comprender (en ningún grado) lo que cree. La segunda alternativa vuelve imposible la labor del misionero, dado que excluye el necesario entusiasmo apostólico. Por supuesto, es posible que el sacerdote exagerara y que no hubiera que tomar su afirmación del todo en serio. De todos modos sus palabras serían criticables porque entrañan un serio riesgo de “escándalo”: es decir, de suscitar en otros cristianos un desapego o desafecto injustificados al venerable lenguaje tradicional que expresa los contenidos de nuestra fe.

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26.12.15

La era de las herejías imperiales (Vladimir Soloviev)

En el dominio de las relaciones temporales, en el orden puramente humano, el Estado debía realizar la solidaridad absoluta de cada uno y de todos representada por la Iglesia en el orden espiritual con la unidad de su sacerdocio, de su fe y de sus sacramentos. Antes de realizar esa unidad era necesario creer en ella; antes de llegar a ser cristiano de hecho, el Estado debía abrazar la fe cristiana. Este primer paso fue dado en Constantinopla, pero toda la obra cristiana del Bajo Imperio se reduce a ese comienzo.

La transformación bizantina del Imperio romano inaugurada por Constantino el Grande, desarrollada por Teodosio y fijada por Justiniano, sólo produjo un Estado cristiano nominal. Las leyes, instituciones y parte de las costumbres públicas conservaban ciertos caracteres del viejo paganismo.

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21.12.15

La religión verdadera –3

El 6 de agosto de 2000, la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), con la aprobación del Papa Juan Pablo II, emitió la Declaración Dominus Iesus sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia (en adelante citada como DI). Éste fue uno de los documentos doctrinales más importantes del largo pontificado de San Juan Pablo II. Cabe subrayar que en ese entonces el Prefecto de la CDF era el Cardenal Joseph Ratzinger, luego Papa Benedicto XVI.

En el contexto del diálogo interreligioso impulsado por el Concilio Vaticano II han surgido o prosperado algunas teorías teológicas relativistas, que ponen en peligro el perenne anuncio misionero de la Iglesia. La DI pretende volver a exponer la doctrina de la fe católica sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Cristo y de la Iglesia y refutar los errores que se le oponen (cf. DI, nn. 1-4). En otras palabras, el objetivo de la DI es reafirmar la profesión de fe católica en el catolicismo como única religión verdadera, contra el relativismo teológico. Para demostrar esto, a continuación citaré varios textos clave de la DI.

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