(497) Falsa paz

Texto 8

«La amplitud de las enseñanzas conciliares sobre la Iglesia ofrece ciertamente una mejor base para el diálogo —a condición, por supuesto, de no comenzar por reducirlas, reteniendo sólo una de sus partes, que además podría ser mal interpretada, como ya ha sucedido en más de una ocasión—. Esta forma de “pensar” según la disyuntiva “o esto o aquello” es un procedimiento simplista o sectario, que deforma la realidad y engendra polémicas sin solución. […] Progresar en el campo del conocimiento analítico no entraña siempre un avance en la inteligencia vital». (Henri DE LUBAC, Diálogo sobre el Vaticano II, Madrid, BAC Popular, 1985, pág.49

 

Paráfrasis crítica

8.1, «La amplitud de las enseñanzas […] ofrece ciertamente una mejor base para el diálogo —a condición […] de no […] reducirlas, reteniendo […] una [parte] […] mal interpretada».— Cuando uno quiere evitar la discusión con alguien, se pone a hablar de vaguedades, y no entra en temas polémicos concretos. Se expresa con mucha amplitud, para no hacer distinciones que provoquen el disenso. A veces es prudente, pero en no pocas ocasiones es falsa caridad.

Esta manera de hablar, aun sin quererlo, hiere el celo por la salvación de las almas. No quiere un recto proselitismo, sino intercambio de pareceres que deje a salvo la falsa paz; no aborda derechamente los temas candentes, ni matiza cuanto puede y debe. No contribuye al bien del errado; por su bienestar psicológico y espiritual, a veces es preciso contenderle: 

«Amados, por el gran empeño con que deseaba escribiros sobre nuestra común salud, he sentido la necesidad de hacerlo, exhortándoos a contender por la fe, que, una vez para siempre, ha sido entregada a los santos» (Judas 1, 3).

Por esto, la idea de Henri de Lubac, que a priori, en asuntos de doctrina, hablar ampliamente de las cosas es mejor para dialogar, no se refiere desde luego al diálogo mayéutico ni al apostólico, sino al político, al mundano o al diplomático; no al que pretende la conversión del interlocutor, cuyas objeciones se han resuelto con exactitud salvífica; sino al que se conforma con un intercambio afectuoso, vano y conformista de pareceres, que puede servir para despedirse sonrientes y para reunirse juntos y hacer declaraciones conjuntas de buenas intenciones, pero no para la metanoia.

Porque errores precisos requieren refutaciones precisas, no elásticas, sino rigurosas; para que, ablandado por esa caridad que es sol faciado de la verdad, el disidente autoengañado se rinda y crea.

Santo Tomás, y la traditio escolástica original, enseñan respondiendo objeciones y aportando soluciones, no apelando a una opinión arcana o al sentimiento de lo misterioso nouménico. Tras la oscuridad de las dificultades, por fin resueltas, ha de surgir la claridad, como expone Cristóbal Pérez de Herrera, en su epigrama:

«Los argumentos que ofrecen

La duda y contrariedad,

Aclaran más la verdad» (Amparo de pobres, 1598, f. 74, Emb. Post nubila Phoebus)

 

8.2, «como ya ha sucedido en más de una ocasión».— Ingenuidad pelagiana es suponer que, dando argumentos ambiguos por su amplitud, no vaya a haber disputas y malas hermenéuticas, cuando se aborde necesariamente lo esencial. De hecho, debido a la ofuscación originada por el pecado, y a la intrínseca dificultad de las cuestiones morales y religiosas, lo normal es que si las cosas no se precisan, se malquisten en la confusión, y se produzcan discusiones sin fin. Es absurdo aceptar unas premisas erróneas y luego lamentarse de su conclusión.

 

8.3, «Esta forma de “pensar” según la disyuntiva “o esto o aquello” es un procedimiento simplista o sectario, que deforma la realidad y engendra polémicas sin solución».— La verdad formulada lo más distintamente posible, sin la indefinición que proporciona una excesiva latitud, le parece sectaria al autor. Es lo propio del escepticismo moderno: la verdad no podría significarse en proposiciones acertadas, necesitaría ser expresada por pulverización; que impregne, como los valores, y poco más. Si se “afila” demasiado parece agresiva, no fomenta el diálogo. Vano discurso, sin embargo, que ambiciona deshacerse para fructíficar.

La polémica es buena si alcanza la clarificación de la verdad. Si Dios concede acertar en la diana y mueve el brazo y apunta el ojo, por qué arrojar, intencionadamente, el dardo fuera. Es alevosa ingratitud.

La polémica es dañina si ofende la caridad, si la verdad continúa oscurecida. Salvando la cortesía sobrenatural, contrastar al errado, en ocasiones clave, es sensato. Pero al autor le parece que toda doctrina indiscutible produce discusiones. Ciertamente, porque la verdad molesta al que prefiere el error. Descuajarla será un ardid diplomático, pero no apostólico. En definitiva, es colocar una falsa paz por encima de la verdad. 

 

8.4, «Progresar en el campo del conocimiento analítico no entraña siempre un avance en la inteligencia vital».— Es lo de siempre, desde hace más de cincuenta años: la experiencia subjetiva por encima del conocimiento natural y sobrenatural. El experiencialismo, el vitalismo de los escépticos, que al sospechar del entendimiento ensalzan la voluntad. Que el conocimiento de una cosa, por análisis, aumente, es bueno, pues es movido por Dios, que es Logos. Alcanzar ciencia, por regla general, es provechoso para el alma, y más si es ciencia moral y religiosa. Una recta definición de las cosas da gloria a Dios, beneficia la vida cristiana; analizar bien los asuntos nos da una sana inteligencia de ellos, para poder elegir sin abusar; pero el error, la ambigüedad, la indefinición de algo, tener la cabeza a pájaros, es malo para la fe, porque una casa no se aguanta sin muros.

Qué es una cosa, cuántos tipos tiene, cuándo deja de ser lo que es, dónde está, qué ejemplos la ilustran, cuál es su naturaleza, qué límites la definen…. saber todo esto, y aumentar en su sabiduría, es indudablemente querido por Dios, y factible, porque Él lo mueve. Nuestra razón es participación de la Suya. Y teniendo claro sus límites, da acceso a los misterios divinos, con el auxilio de la gracia.

En definitiva, el antiintelectualismo neomodernista conduce a menospreciar el legado intelectual recibido. Perfeccionar el entendimiento es bueno; en él radica la fe. En esto, nos asiste la tradición. No estamos solos. Si la inteligencia discierne mejor el bien, podrá proponerlo más lúcidamente a la voluntad, para que ésta lo alcance decidida por la gracia y perfeccione al sujeto entero. Y esto debe interesar a la Iglesia.

Este tipo de reflexiones confirman la mente católica en el escepticismo moderno, aplicado moderadamente a la religión; la sustitución de fe y razón por la llamada inteligencia vital, esto es, la experiencia subjetiva, liquida la doctrina de la Iglesia y la pluraliza. La gente deja de saber en qué cree exactamente, se abre a vientos de doctrina, confía temerariamente en su sensibilidad adámica. Otra cosa diferente es la sana experiencia sobrenatural, que da la gracia de la justificación cuando crece, y es objetiva en su “sujetidad", como la ley natural, pero no subjetivista. Los santos entienden de eso.

No cabe duda que el confusionismo disminuido que proponen personalistas y neoteólogos propiciará diálogos muy sonrientes y cálidos apretones de manos, cantos de guitarra y endebles comuniones; pero lo que no suscitará, desde luego, son conversiones.

 

3 comentarios

  
Norberto E.
Muchos, obispos incluidos, dirán, y dicen, que la experiencia personal de Dios es el primer paso para la profundización en la doctrina, ¿hay contradicción con lo expuesto en el hilo?.
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A.G.:
La gracia santificante produce una experiencia de Dios que es ordenada por los dones del Espíritu Santo. Ahora bien, esto es efecto de la gracia, no causa, como propone esta imprudente teología del experiencialismo personal, de inspiración protestante y modernista.
27/12/21 12:08 PM
  
Rexjhs
Muchas gracias, Alonso. El irenismo o falsa paz es herejía condenada por la Iglesia. El falso profeta y el AC traerán la falsa paz del mundo, con soluciones humanas a problemas sanitarios, sociales, ambientales y políticos, pero al precio de quitar de enmedio la Verdad de Cristo y las enseñanzas de la Iglesia católica de siempre. Ya estamos percibiendo eso, a marchas forzadas, dentro de la Iglesia.
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A.G.:
En efecto, es el irenismo moderno, que inutiliza la doctrina, porque deja a la fe (y a la razón) sin objeto, confiando sólo en la experiencia subjetiva.
27/12/21 1:20 PM
  
Norberto E.
"Ahora bien, esto es efecto de la gracia, no causa..."
Volvemos a la Controversia De auxiliis, con otros matices. Parece que cuesta trabajo entender, aceptar, predicar y formar a los formadores en que la iniciativa es de Dios, y que sin su gracia santificante no vamos a parte alguna, pese a las apariencias. Resulta llamativa la fanática ceguera de los pastores. Gracias.

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A.G.:
Este asunto no tiene que ver con Auxiliis, es simplemente la doctrina de la Iglesia sobre la gracia santificante. Su desarrollo produce la experiencia mística, como parte de la acción del organismo sobrenatural.
El problema es, como ud dice, la gran falta de formación que existe, a todos los niveles.
28/12/21 5:21 PM

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