InfoCatólica / La Mirada en Perspectiva / Archivos para: Octubre 2020

14.10.20

(444) No es tiempo de grises

No la imposible fraternidad caída, ni la moderna y revolucionaria, sino la sobrenatural, la que Cristo consiguió con su Sangre, para nosotros, expertos en cainismo y venganza. No la falsa fraternidad decimonónica, ni la de los adoradores de becerros. Sino la otra, la que fue lavada con agua y sangre y no probó vinagre, la de los que han muerto a sus concupiscencias y sangran a hechura del Crucificado. La de la Comunión de los Santos. La de los hijos de Dios, por gracia y sólo por gracia hermanados.

 

No temas, que hay roca suficiente en la Iglesia para hacerte un refugio, y Dios es bueno.

 

No es tiempo de escala de grises sino de la Inmaculada Concepción, que pisa la serpiente. No es tiempo de escala de grises sino de la escala de Jacob. No es tiempo de tablas de náufrago a la medida de cada uno, sino del Arca de Noé, que es nuestra Iglesia, en crisis o no. No es tiempo de grises sino de estar en vela; marque el creyente con punta de plomo, si hace falta, la línea de la templanza, que existe el gris pero no lo queremos en esta traza. Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto y nadie se queje de nada.

 

Traditio. Pavesas y lascas de murícidos, en muros de casas, de iglesias, de antiguos edificios. De luz, de claridad de ornato de piedra, de mina excavada en la gracia.

 

Te conservó la vida para Él, para que completaras su cruz y conquistaras la herida redentora a base de plegaria, para que fueras hijo adoptivo y no sólo criatura. No hay filiación gratuita sin muerte de cruz. Que no te engañe este mundo caído. Nadie es hijo si no muere y renace con el Hijo.

 

No hay forma de silenciar la voz esplendorosa que atraviesa milenios, que pronuncia tu nombre con sal y claridad, y te llama, para que tengas palmas en las manos y huesos en los pies, con que entregarte contento a los clavos. No dudes, eres carne de Cristo si estás en gracia, y no te mereció la vida para desperdiciarla.

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3.10.20

(443) Globalización de la Caída

56

La mente postilustrada, en su empeño por globalizar la Caída, no deja de invocar a su diosa libertad. No la quiere para hacer el bien, sino para hacerse con ella un Anillo.

 

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No es la libertad de la que, a imagen y semejanza de la divina, dispone el alma para salvarse con el auxilio divino; sino la otra libertad, la que dice no, la negativa, la que pretende autodefinirse y poner ella misma los límites que quiera, como quería Pico de la Mirandola; derechos de negación, derechos para autodeterminarse para bien o para mal, derecho a no tener límites ni esencia definida; derecho a actuar por sí solo y porque da la gana.

Cuando los católicos hablemos de libertad, pues, no hablemos de la libertad caída, no reivindiquemos la libertad de las guillotinas; ni la libertad recreada en salones decimonònicos, hoy convertida en derecho de Estado Mundial pachamámico.

 

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Tengamos en la boca la libertad natural, moral y cristiana, no la libertad negativa. Pues, «¿de qué libertad hablamos? De la libertad como libre arbritrio, […] que no se identifica con el poder de autodeterminación». (Danilo CASTELLANO, Libertad y derecho natural, Verbo, núm. 471-472 (2009), pág. 149). Pues

 

«La autodeterminación, en cambio, es la posibilidad, que depende en último término exclusivamente del poder, de realizar la propia voluntad: Hegel, por ejemplo, escribe que “la libertad del querer (…) está determinada en sí y por sí porque no es otra cosa que el autodeterminarse”. En esta segunda perspectiva no existen, pues, alternativas frente a las que el sujeto viene a encontrarse, sobre todo al obrar. Su obrar es libre si y solamente si puede realizar su propia voluntad sin referencia a la naturaleza real del acto y a las reglas que de él surge». (Ibid., pág. 150).

 

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De acuerdo con el orden de la verdadera libertad, defendamos su razón de justicia, que obliga a todos. Porque «[e]l derecho natural (clásico) impone escoger; no permite la autodeterminación» (Ibid., pág. 150). La sabidurìa divina es necesitante, también en la estructura de justicia con que ha ordenado las cosas, en bien del hombre y de la sociedad.

 

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No nos engañemos. «La libertad de la modernidad no es la libertad del orden justo y en el orden justo». (Ibid., pág. 152). Porque el orden de la subjetividad no es el orden de la realidad, sino el orden de la mente, tramoya del Teatro del Mundo apeado de la gracia; remolino colosal de apariencias, en cuyas aguas navegar sin brújula ni estrellas, acuciados por grandes bestias de oscuridad.

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