(429) Confuso moderantismo

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El proceso de confusión, desde el nominalismo hasta el presente, ha sido largo pero efectivo. Pero no ha terminado. En estos momentos, el peligro estriba en la ambigüedad: que se sepa si es fe o esperanza, si es fe o convicción, si es fe o experiencia, si es fe o caridad.

La indefinición oscurece el camino del creyente, que deja de saber si debe creer, esperar y amar, como siempre, o sólo amar y experimentar pero no tanto creer ni esperar, como ahora. (Pues si uno, bajo esta perspectiva, ya se ha “encontrado” con el misterio, no hace falta esperar, pues ya se tiene, ni creer, pues ya se “ve").

 

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Privada de su fundamento intelectual, la fe se desvincula de la Revelación y se encadena a la historia. La Revelación pasa de ser también una comunicación de verdades a convertirse tan sólo en un presenciar momentáneo, situacional y circunstancial.

Ya no es reposo en lo recibido, sino búsqueda de lo que no se encuentra ni se quiere encontrar jamás. No se sabe, ya, si la fe es tener verdades recibidas o tan sólo buscarlas, (pero sin recibirlas de generación en generación; se exige incluso tener derecho civil a rechazar la verdad revelada (y heredada) y a buscar a capricho otra “verdad” particular o ninguna).

 

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La fe, entonces, es trasladada del orden cognoscitivo al orden apetitivo, como apunta certeramente Romano Amerio. «La confusión de la esperanza con la fe desciende del existencialismo», observa en Iota unum, n. 168. El hombre moderno cree porque espera, invirtiendo el orden lógico (que es esperar porque se cree).

Por eso, como sigue advirtiendo con razón Romano Amerio, «todos los Padres y los Escolásticos entendieron rectamente que la fe es […] substrato y fundamento de la esperanza: las cosas sobrenaturales que se esperan tienen como principio […] las cosas sobrenaturales que se creen. La fe es sustancia que da sustancia a la esperanza, no que la recibe de ella». 

 

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El neomodernismo católico ha dado la vuelta a este orden lógico y concebido un nuevo tipo de fe que surge del desear y del esperar. Entiende que es con la fe, y no con la esperanza, como deseamos y esperamos la salvación y confiamos en ella. Contra lo que siempre se ha enseñado:

«893. ¿Qué es Esperanza? - Esperanza es una virtud sobrenatural, infundida por Dios en nuestra alma, y con la cual deseamos y esperamos la vida eterna que Dios ha prometido a los que le sirven y los medios necesarios para alcanzarla»

Y es que «somos justificados por la fe, en cuanto esta es principio de la salvación del hombre, fundamento y raíz de toda justificación, y sin la cual es imposible hacerse agradables a Dios» (Concilio de Trento, ses. I, cap. VIII); pero, ojo,  no por la fe sola; no se puede separar la fe de las demás virtudes teologales, aunque cabe distinguirlas para no confundirlas. El organismo sobrenatural requiere la armonía entre ellas, no su disonancia, ni la pérdida de identidad de cada una, porque 

«se difunden al mismo tiempo en el hombre por Jesucristo, con quien se une, la fe, la esperanza y la caridad; pues la fe, a no agregársele la esperanza y caridad, ni lo une perfectamente con Cristo, ni lo hace miembro vivo de su cuerpo. Por esta razón se dice con suma verdad: que la fe sin obras es muerta y ociosa; y también: que para con Jesucristo nada vale la circuncisión, ni la falta de ella, sino la fe que obra por la caridad. Esta es aquella fe que por tradición de los Apóstoles, piden los Catecúmenos a la Iglesia antes de recibir el sacramento del bautismo, cuando piden la fe que da vida eterna; la cual no puede provenir de la fe sola, sin la esperanza ni la caridad» (Trento., cap. VII).

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Con esta confusión, que desdibuja cada virtud teologal, se confunde la unidad que debe haber entre ellas, introduciendo la fragmentación. Y esto conviene a moderantismo neomodernista, que precisamente fragmenta al hombre, escindiéndolo en individuo y persona, para que no sea demasiado hombre; rompiendo el compósito y absolutizando el cuerpo contra el alma. (Incluso hay quienes piden ya dejar de utilizar esta palabra, alma, para hablar mejor de una vaga dimensión espiritual en que no se note la fragmentación). 

El cuerpo, entonces, pretende realizar las funciones del alma y el alma las del cuerpo. La fe, reducida al orden apetitivo, es desplazada del entendimiento a la voluntad, como ambicionaban los nominalistas. Ahora creer es desear, querer, aspirar a, moverse a. Ahora se quiere que la gracia cualifique el cuerpo, no el alma.

 

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Este abandono del orden de la fe, que es el orden de la autoridad divina, conviene al moderantismo, porque así renuncia al orden de las certezas absolutas, que es un orden que repele el pacifismo a ultranza; así no tiene que afirmar un orden autoritativo que esté por encima de su exigencia de autodeterminación. Asi no tiene que afirmar ni el blanco ni el negro, ni saber cosas que no ve con una certeza absoluta; así no tiene que decantarse ni por la Modernidad ni por Cristo, para que quepan todas las medias tintas y no haya que oponerse a la Modernidad.

 

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La confusión no es teologal, sino humana, demasiado humana. La confusión total es revolucionaria. Confundir, pero no tanto, sólo un poco, conviene al moderantismo. Para que no haya que oponerse al error y no se vuelva necesario, si se da el caso, renunciar a todo por la verdad. 

El nuevo concepto de fe, por lo tanto, tiene como objetivo fundacional la evitación del martirio. Está montado sobre esta evitación, es su cimiento apetitivo: guardar la propiedad vital (y material) a toda costa. Y para ello, nada más práctico que confundir la propia fe. Si ésta ya no consiste en creer, se puede creer en otros dioses sin cometer pecado. La idolatría, de esta manera, se convierte en el primer delito descatalogado.

 

 

10 comentarios

  
Juan Andrés
Cuando no se espera porque se cree, cuando se descuartiza la fe de la esperanza y la caridad, tratándolas como compartimentos estancos, siendo ellas virtudes teologales lo que ocurre es que en realidad hay ausencia de fe teologal; será otra cosa, tales como sugestión, sentimentalismo temporal, emotivismo, algún tipo de hechizo o de espiritualidad epidérmica o seducción, pero no fe. Y cuando estamos en este último campo es muy fácil desvirtuar aquello del "encuentro" con Cristo o una persona y subiéndonos a un monte con una vista hermosa , vestido medio andrajoso, decimos ahora voy a ser espiritual. Muchas sectas de raigambre protestante trabajan en este campo.
17/06/20 1:06 AM
  
Hugo Alberto Verdera Salerno
Lúcido y esclarecedor, con siempre, estimado y admirado amigo Alonso. Sigo con solaz y gratitud sus agudos dardos doctrinales, en esta época de mediocridad y estultez, lamentablemente poco a poco consolidada en este neomodernismo (a mí me gusta llamarlo fariseísmo, como mi querido maestro el magnífico Padre Leonardo Castellani, tan bien lo caracterizó). Un abrazo en el Salud-Dador y no afloje en su labor de auténtico intelectual católico, auténticamente comprometido con la verdad.
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A.G.:
Muchas gracias por sus palabras de ánimo, apreciado Hugo. A su maestro Castellani, como sabe Ud., amigo, lo cito a menudo en este blog, junto al P. Meinvielle. Conviene tener en cuenta sus muchas enseñanzas y advertencias. Un abrazo en Cristo y María Inmaculada.
17/06/20 3:56 AM
  
Reggie Dunlop
Ya no es reposo en lo recibido, sino búsqueda de lo que no se encuentra ni se quiere encontrar jamás. No se sabe, ya, si la fe es tener verdades recibidas o tan sólo buscarlas
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Este tipo de disyuntivas son erróneas. La fe es tanto reposo en lo recibido como búsqueda. No es una cosa o la otra. Son las dos. Lo viejo y lo nuevo que decía Jesús.

Y esa búsqueda se hace necesaria porque el desarrollo histórico pone en riesgo el reposo de la fe.

Lo expondré con un ejemplo. Desde la construcción de la teoría sintética de la evolución biológica está se ha venido enseñando en las escuelas y universidades. Hay estudios que indican que hay correlación fuerte entre ateísmo y evolucionismo.

Por ello Pio XII en 1950 en Humani Generis permitió su estudio para ver si era posible concordar el Genesis Bíblico con el evolucionismo biológico.

Por ese motivo los tomistas empezaron a estudiar la cuestión. Pues bien, 80 años despues los tomistas no han llegado a ninguna conclusión. Unos dicen que el tomismo y la evolución son compatibles. Otros dicen que son incompatibles. Otros dicen que el tomismo no puede dar respuesta porque afirman que Santo Tomás no se ocupó de la teorías evolutivas. Y otros dicen que de algunos textos de Aquino se deduce la compatibilidad y de otros textos la incompatibilidad.

Este ejemplo es real. Hay libros de todas las tendencias arriba señaladas y se pueden adquirir fácilmente en Amazon. Todos escritos por tomistas. Si alguien tiene interés les doy la bibliografía.

El evolucionismo biológico es difícil de concordar con el cristianismo por una serie de cuestiones muy tecnicas: monogenismo, pecado original, hamartia...etc. Esa falta de concordancia esta tirando la fe de nuestros niños y jóvenes en la escuela y en la universidad, todo reforzado por los medios de comunicación.

Si te quedas solo en la fe como depósito esta cuestión no se va a resolver. Por eso, algunos tomistas están en búsqueda y escriben libros.

Alonso Gracia comete un error al equiparar metodológicamente error y verdad. La verdad es genealogía pero el error no lo es.

Santo Tomas construye sobre San Agustín, pero Darwin no lo hace sobre Guillermo de Ockham, Descartes o con quien otro que se le ocurra a través de una cadena de errores.

Cuando uno enferma de viejo por cáncer (darwinismo) es absurdo retrotraerse al pasado remoto de tu vida y relacionar la apendicitis (nominalismo) de tu juventud con el cáncer de tu senectud.

El error es un parásito que ataca el despliegue de la verdad en la historia. Dios une pero el diablo divide. Por eso no puede haber una gealogia error. Y tiene que haber un nexo entre reposo y búsqueda. La Tradición Viva de. B16.

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A.G.:
Se complica Ud. demasiado. La fe no es una búsqueda existencial.

Puede crecer, aumentar, suscitar un deseo de mayor conocimiento etc. Pero no es una búsqueda, en el sentido existencialista que le da el neomodernista, que es de lo que trata el post.
17/06/20 10:26 AM
  
Cristián Yáñez Durán
El presupuesto de la "ciencia" moderna, cartesiana, darwiniana, etc. es evidentemente el nominalismo; o sea, Ockham.
No advertirlo es no conocer la historia de la depravación del conocimiento y del pensamiento.
17/06/20 8:35 PM
  
Cristián Yáñez Durán
La Fe no puede ser búsqueda. Como virtud teologal se tiene o no. Lo que se busca es hacer la voluntad de Dios o actualizar el conocimiento del contenido de la Fe y hacerla más perfecta.
La Fe como búsqueda es uno de los lugares comunes del neomodernismo.
17/06/20 8:40 PM
  
Eduardo Vadillo
No encuentro correcta la argumentación de Reggie Dunlop sobre la evolución (mejor dejamos los -ismos) y santo Tomás. Santo Tomás afirma EXPLICITAMENTE en I, 73, 1 ad 3 que pueden aparecer nuevas especies, aunque siempre a partir de causas preexistentes. Para santo Tomás la generación y la corrupción de los seres vivos dependen del influjo de las esferas celestes, cuyo movimiento tan regular daba estabilidad a las especies, pero no hasta el punto de considerarlas algo eterno, como algunos leen platónicamente. Dado que en la esencia incluye la materia y la forma, y la forma depende de las causas, una variación de causas puede dar lugar a la aparición de una nueva especie.
El problema de Darwin era querer explicar la diversidad de los seres vivos mediante tres sencillas leyes al modo de la mecánica de Newton, que en su época con los desarrollos de Laplace, Legrende y Hamilton estaba en su apogeo. El problema es que atribuir las variaciones al azar es lo mismo que no decir nada, pues si se estudia en serio el azar, de una manera matemática, supone una serie de axiomas que constituyen un mecanismo demasiado lento para que aparezca la mutación oportuna. Falta mucho por comprender en biología toda la cuestión de la transmisión y generación de la información (no simplemente de las "letras" del ADN, sino de la información como magnitud física objetiva).

Por otra parte, si por ciencia entendemos el método hipotético-deductivo, esto consiste en reducir la realidad a una magnitud medible con una única escala matemática y atribuirle una ecuación. Eso da lugar a resultados interesantes y prácticos para explicar algunos procesos; lo que pasa es que si se quiere elevar eso a explicación última, nos encontramos necesariamente con el nominalismo. Es lo que pasó con el neo-positivismo lógico. Lo que sucede es que en cuanto los procesos son algo más complejos, hace falta otra fundamentación diversa que no se puede reducir a la lógica matemática tal como la formuló Russell, sino que se requieren otros instrumentos más complejos y abiertos de hecho a la metafísica.
17/06/20 9:35 PM
  
Jaime Astudillo
Magistral diagnóstico del mal que esta padeciendo nuestra iglesia; ha sido usted, como siempre, Don Alonso, el médico necesario para el Cuerpo Místico, pues ha acertado, con ojo clínico experimentado, en lo que infectando está, desde dentro, dicho Cuerpo.

Teología tradicional:
"La fe es el asentimiento racional a unas verdades reveladas que nos comprometen vitalmente y nos obligan a dar testimonio"

Moderantismo moderno:
"La fe es el movimiento sentimental para la búsqueda de novedades particulares que nos autodeterminan igualitariamente y nos evitan testimoniarlo en beneficio de una fraternidad universal"

Espero haber captado el diagnóstico del mal metafísico de nuestro muy herido y querido Cuerpo.

Saludos cordiales
18/06/20 3:28 AM
  
Reggie Dunlop
No encuentro correcta la argumentación de Reggie Dunlop sobre la evolución (mejor dejamos los -ismos) y santo Tomás. Santo Tomás afirma EXPLICITAMENTE en I, 73, 1 ad 3 que pueden aparecer nuevas especies, aunque siempre a partir de causas preexistentes.
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A mi no me lo cuente. Dígaselo a los tomistas americanos que estan en guerra civil por esta cuestión.

YO no tengo opinion sobre este asunto. Simplemte me limitó a levantar acta en que campo de los 4 se sitúa cada tomista.

Si quiere le doy a usted las fuentes bibliográficas, se los lee, y comprueba la guerra civil que se ha montado entre tomistas.
18/06/20 11:36 AM
  
Ecclesiam
Como siempre, distinción.

Una cosa es que se dispute sobre los principios de alguna ciencia, y otra que se dispuste sobre las supuestas conclusiones que se derivan de los principios de aquella ciencia.

Los tomistas pueden estar de acuerdo en todos los principios de las ciencias, pero no es necesario que estén de acuerdo con todas las afirmaciones que dicen concluir de aquellos principios, y esto es muy sencillo, porque muchas afirmaciones de este tipo no suelen ser conclusiones necesarias, sino contingentes, y allí cabe la disputa y discusión.

Y en caso de que estuviesen discutiendo entre los principios de las ciencias, ya no es discusión entre tomistas, sino entre tomistas y diversas escuelas filosóficas.

Pero en el caso de la evolución no es así. Es un tema disputable, no es un principio evidente de alguna ciencia y muchas de sus afirmaciones son conclusiones contingentes, y hasta que, Dios mediante, se lleguen a conclusiones necesarias, debe y habrá disputa.
18/06/20 3:23 PM
  
Eduardo Vadillo
Sobre tomistas:

Conviene distinguir, como bien nos indica Ecclesiam, y centrar la discusión no en etiquetas o en auto-denominaciones. Lo que dice santo Tomás de verdadero es porque resulta adecuado con la realidad, no porque lo diga santo Tomás. El problema es que cuando el tomismo era más o menos oficial se querían hacer pasar por tomistas autores como Rahner o Lotz, que afirmaban sobre el ser exactamente lo contrario que el Aquinate; o para algunos incluso De Lubac podía ser tomista, pues de vez en cuando cita a santo Tomás, aunque el mismo De Lubac reconoce explícitamente su dependencia de Blondel.
De ahí que el hecho de que personas de EEUU se denominan tomistas y sostengan opiniones contrapuestas no indica absolutamente nada. En los principios y en el texto de santo Tomás, como mostré en mi anterior comentario, aparece claramente que la evolución de especies en modo alguno se opone a la noción de creación, entendida como participación del ser en una determinada estructura causal.

Por eso es muy importante precisar todo lo que se pueda la argumentación. Consiguientemente es muy importante esta labor de D. Alonso Gracián de ver antecedentes y consecuentes de diversos sistemas filosóficos y su repercusión para la fe católica, pues tanto las proposiciones verdaderas como las falsas tienen antecedentes y consecuentes. Toda proposición se puede poner en relación con otras, y así, cuando hay filosofía y no retórica, se advierte que determinadas afirmaciones dependen de otras. No es cuestión de cómo se etiqueta a un pensador, sino de examinar sus proposiciones. Ya explicaba santo Tomás que estudiamos a los filósofos para conocer la verdad, no lo que han pensado unos y otros: "studium philosophiae non est ad hoc quod sciatur quid homines senserint, sed qualiter se habeat veritas rerum" (El estudio de la filosofía no es para saber lo que han opinado los hombres, sino cuál sea la verdad de las cosas") In de caelo I, lec. 22, n.8.

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A.G.:
Gracias Eduardo por tan iluminador comentario.
18/06/20 5:55 PM

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