200 jubilados voluntarios para ir al infierno de Fukusima, ¡hurra por los abuelos!
Decía San Francisco Javier, respecto a la evangelización, que «no hay entre los infieles ningún pueblo más bien dotado que el japonés». Experiencia tenía y no es que lo agasajasen precisamente.
Las virtudes humanas sobreabundan. Es una pena que parte de sus pastores actuales les consideren unos tarados intelectuales, incapaces de recibir con plenitud el evangelio y les den sucedáneos insulsos, adaptaciones cursis y edulcoradas de la Buena Nueva. No se lo merecen.
Ayer leí en la BBC, la iniciativa de un grupo de 200 ingenieros y técnicos japoneses retirados, que se han ofrecido al gobierno para ser ellos, y no los jóvenes, los que procuren terminar de solucionar el problema de la central nuclear de Fukusima. Porque aunque ya no salga en los telediarios, aquella desgracia continúa.

Lino González Melitón, senador del PSOE por la provincia de Cáceres se sentará en el banquillo acusado de
Ayer se hablaba mucho del artículo del The American Spectator: 
Hoy tocaría análisis post-electoral. Me supera, ¡qué pereza!. Así que, aprovecharé la fecha para recordar una fiesta que se celebraba hoy en toda España: la Aparición de Santiago, que tenía misa propia, con la siguiente oración:
No suelo opinar mucho de artes plásticas —al menos, públicamente—. Quizá porque tiendo a pensar que los ingenieros, a veces, podemos tener el defecto de confundir arte con virtuosismo en el mejor de los casos, o con la utilidad en el peor. A todo lo más que llego es a lo de ‘facebook‘: «me gusta» o «no me gusta».





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