Los profetas políticamente correctos
Leer el libro del profeta Jeremías es una experiencia dura a la vez que gratificante. Vemos en él a un hombre atormentado por la responsabilidad que recae sobre sus hombros, por ser consciente de que le toca anunciar a un pueblo rebelde el castigo de Dios, cosa que no le hace ser especialmente querido por sus coetáneos.
Vemos que junto a él había en Jerusalén otro tipo de profetas, que sin duda tenía mejor fama y mejor imagen mediática. Tenemos una descripción de ellos en el capítulo 23:
Jer 23,14-16
Mas en los profetas de Jerusalén he observado una monstruosidad: fornicar y proceder con falsía, dándose la mano con los malhechores, sin volverse cada cual de su malicia. Se me han vuelto todos ellos cual Sodoma, y los habitantes de la ciudad, cual Gomorra. Por tanto, así dice Yahveh Sebaot tocante a los profetas: He aquí que les voy a dar de comer ajenjo y les voy a dar de beber agua emponzoñada. Porque a partir de los profetas de Jerusalén se ha propagado la impiedad por toda la tierra. Así dice Yahveh Sebaot: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan. Os están embaucando. Os cuentan sus propias fantasías, no cosa de boca de Yahveh.
No pensemos que la fornicación de la que habla el texto bíblico es sólo de tipo sexual. La fornicación espiritual es igualmente una enfermedad mortal para el alma del pueblo de Dios. Y cuando buena parte del pueblo está corrompido, tiende a escuchar al que podríamos denominar como “profeta políticamente correcto:
Jer 23,17-21
Dicen a los que me desprecian: “Yahveh dice: ¡Paz tendréis!» y a todo el que camina en terquedad de corazón: «No os sucederá nada malo.” Porque ¿quién asistió al consejo de Yahveh y vio y oyó su palabra?, ¿quién escuchó su palabra y la ha oído? Mirad que una tormenta de Yahveh, su ira, ha estallado, un torbellino remolinea, sobre la cabeza de los malos descarga. No ha de apaciguarse la ira de Yahveh hasta que la ejecute, y realice los designios de su corazón. En días futuros os percataréis de ello. Yo no envié a esos profetas, y ellos corrieron. No les hablé, y ellos profetizaron.
A los profetas pacifistas se les llena la boca de paz, tolerancia, talante, buen rollito, contemporizaciones con el mal, diplomacia, etc, etc, etc.
De ellos habla el verdadero profeta:
Jer 6,14-16
Han curado el quebranto de mi pueblo a la ligera, diciendo: «¡Paz, paz!», cuando no había paz.
¿Se avergonzaron de las abominaciones que hicieron? Avergonzarse, no se avergonzaron; sonrojarse, tampoco supieron; por tanto caerán con los que cayeren; tropezarán cuando se les visite - dice Yahveh.
Así dice Yahveh: Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por los senderos antiguos, cuál es el camino bueno, y andad por él, y encontraréis sosiego para vuestras almas. Pero dijeron: “No vamos".
La verdadera paz, señores míos, no viene de la ausencia de conflicto, del pacto con los que llevan al pueblo por la senda de la rebelión contra la ley de Dios, con los que ahogan el alma cristiana de los pueblos, con los que hacen leyes inicuas que extienden el mal. No, ni mucho menos. Esa es una paz mentirosa, profetizada por los dicen amar a Dios con la boca pero sólo buscan acomodarse al espíritu de este mundo. Mas ellos caerán, como dijo el Señor hace milenios y como sigue diciendo hoy a quien tiene oídos para oir y corazón para creer.
La verdadera paz, el verdadero shalom, viene sólo de la fidelidad a Dios. Y por lo general, el que está en paz con Dios está en guerra con el mundo, porque este mundo no quiere escuchar a Dios: ya dijo Cristo “que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Jn 3,19-20).
Algunos bloggers somos objeto del dedo acusador de aquellos que se molestan por nuestras críticas, por nuestras denuncias y por nuestras exigencias de coherencia. No hay ningún Jeremías entre nosotros, pero sí somos conscientes de que tenemos en frente a los profetas de Baal, que buscan que el pueblo se aparte del verdadero Dios, y que además pueden llegar a pactar con los profetas oficialistas que halagan los oídos de los pastores de almas, tanto si hacen bien como si yerran el camino. No somos profetas pero no nos vendemos a nadie. Podemos equivocarnos, pero siempre estaremos dispuestos a reconocer nuestro error. La comodidad, el buen feeling, la palmadita en la espalda, el hooliganismo partidista, la acepción de personas y de cargos, que se lo queden otros. Con todas nuestras limitaciones, nuestros fallos, nuestras pasadas de rosca ocasionales, preferimos seguir la senda de Jeremías que la de los profetas buenistas. Al fin y al cabo, siempre puede darse la circunstancia de que aparezca una Nínive dispuesta a convertirse tras la advertencia del profeta Jonás.
Luis Fernando Pérez Bustamante



