Día de reflexión antes de las elecciones

Hoy estamos en la jornada de reflexión anterior a la cita electoral. Dudo que haya más allá de un 0.01% de españoles que dediquen el día de hoy a pensar en quién van a votar mañana, pero al menos nos libramos de toda la parafernalia de mítines, declaraciones rimbombante y vehículos por la calle haciendo sonar a todas horas la propaganda "musical" de los partidos.

Aunque no hace falta ser un lince para sospechar que en realidad estamos ante una especie de primarias de las próximas generales, que posiblemente se adelanten al próximo otoño, estas son las elecciones donde es más probable que la gente vote a una opción política en una urna y a la opuesta en la otra. Se supone que para elegir alcalde el ciudadano debe de mirar la gestión realizada o las propuestas de los candidatos antes que su militancia política. Y quizás las elecciones autonómicas son más dadas a votar según la ideología de cada cual.

En realidad, dado el cada vez más alto nivel competencial de las comunidades autónomas, es mucho lo que nos jugamos a la hora de elegir quién va a gobernar las mismas. No sé cuál será el porcentaje de españoles que pueden variar su voto de una elección a otra. Tengo para mí que la inmensa mayoría votará siempre a "su" partido, aunque esté presidido por el mismísimo diablo en persona. Hay todavía demasiada mentalidad simplista que prefiere que le malgobiernen los "suyos" antes que votar al "de enfrente". Como mucho, llegan a abstenerse.

Siendo sinceros, son pocos los españoles que se plantean el voto de acuerdo atendiendo a su escala de valores morales y convicciones religiosas. A diferencia de otros países democráticos, sobre todo EEUU, acá la gente no vota teniendo en cuenta la postura de los partidos y sus candidatos ante el aborto, la eutanasia, matrimonio y adopción gay, etc. Es más, ni siquiera creo que tengan en cuenta el hecho de que, en materia de educación, son las comunidades autónomas las que pueden marcar acusadamente la línea de esa asignatura que supone un ataque contra los derechos paternos y que se llama "educación para la ciudadanía". En los últimos días hemos tenido bastantes noticias sobre libros pornográficos cuya lectura ha sido recomendada o directamente han sido distribuidos a muchachos de temprana edad y adolescentes. Si eso no sirve para hacer cambiar el voto a los padres con hijos en edad escolar, no sé qué más hace falta.

Por razones que no vienen al caso, yo no podré votar mañana a menos que me traslade unos cientos de kilómetros, cosa que no pienso hacer. Pero sí diré que, aunque cada vez soy más excéptico ante la teoría del mal menor a la hora de ir a las urnas, hay al menos una comunidad donde no tendría la menor duda de a quién votar: Navarra. Y es que en Navarra nos jugamos mucho. No sólo los navarros sino todos los españoles. Me parece fundamental que allá se repita el actual gobierno. De lo contrario, esa comunidad histórica será presa del expansionista nacionalista radical de sus vecinos vascos. Fuera de eso, el resultado de estas elecciones me preocupa muy relativamente. Es en las generales donde los que amamos España tenemos que volcarnos para mandar al paro a quien ha revolucionado este país echándose en manos de Eta, cambiando la institución familiar, reabriendo heridas del pasado y, en definitiva, desarrollando un plan de cambio de régimen que puede situar a nuestra patria de nuevo ante el abismo del enfrentamiento fratricida o su disolución como nación unida.

Luis Fernando Pérez Bustamante