Breve aclaración al jesuita Lamet sobre la cuestión del "primus inter pares"
A falta de saber en qué se sustancia la “revolución” del papado de Francisco, son muchos los que están escribiendo artículos sobre los posibles cambios que el Santo Padre va a introducir en la doctrina y la moral de la Iglesia. Parece que hay quienes creen que, en vez de su custodio, el Papa es el amo de la fe, de la doctrina y de la moral, pero intentar explicarles a estas alturas que eso no es así, me parece una pérdida de tiempo.
Para que vean ustedes el grado de histerismo de algunos, les copio un párrafo de un artículo infame del responsable de un medio de comunicación religioso de este país:
Tras tocar la estructura del papado y de la Curia, Francisco está iniciando también reformas doctrinales. En dos pasos. El primero, ya en marcha, es cambiar la tendencia respecto a temas “delicados” de moral sexual, como los matrimonios gays, el preservativo o las relaciones prematrimoniales. Francisco sabe que no puede reconquistar a los jóvenes, si les obliga a llegar vírgenes al matrimonio o a mantener relacione sexuales siempre abiertas a la procreación.
¿Se imagina ustedes a un Papa admitiendo que los jóvenes mantengan relaciones sexuales antes de casarse? ¿o cambiando la doctrina de la Iglesia sobre el gaymonio? Pues ese señor, sí.

“Creo que las indicaciones de dirección para el futuro, que los obispos estén revisando nuestros materiales, nuestras publicaciones y dirigiendo la asamblea es inaceptable“. Así de claro se expresa Sor Pat McDermott, superiora del Instituto de las Hermanas de la Misericordia, congregación religiosa a la que pertenecen once mil consagradas.
Bert Thelen ya no es jesuita. Y tampoco quiere ser sacerdote. En una carta publicada en diversos medios de comunicación estadounidenses (
Sin el menor género de dudas, al menos para mí, el documento
En octubre del año 2009, el cardenal Rodé, por entonces Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, envió una carta a la abadesa del monasterio benedictino de San Benet de Montserrat, en la que le pedía que exigiera a Sor Teresa Forcades que manifestara públicamente su adhesión a los principios doctrinales de la Iglesia. La razón era que, en relación al aborto, la religiosa había abogabado por el “derecho a decidir” de la madre -a decidir matar al hijo no nacido, se entiende- y se mostraba favorable a la distribución de la píldora abortiva.


