¿Hasta cuándo, Señor, Santo, Verdadero, no juzgarás y vengarás nuestra sangre?
Mientras nosotros estamos cómodamente sentados delante de las pantallas de nuestros ordenadores, nuestros hermanos en la fe son machacados, asesinados, torturados, violados, perseguidos, etc, por todo el mundo. Cuando leemos noticias como la del último atentado suicida en Pakistán, nos conmovemos un poco temporalmente. Quizás “un mucho” pero a los pocos días, nos olvidamos de ello hasta que aparece otra noticia similar.
La Iglesia en España va a celebrar en breves días una beatificación de 147 mártires del siglo pasado. No estaría de más que se diera un espacio al recuerdo de los mártires que se añaden al cielo semana tras semana en nuestros días.
Mientras tanto, me sumo a la petición de aquellos que ya derramaron su sangre por Cristo y que están en la presencia de Dios. Evidentemente, también acepto la respuesta que se les da:

Cuando un porcentaje importante de los medios de comunicación de todo el mundo (*) están informando de la entrevista del Papa de tal manera que parece que la semana que viene se va a abrir una clínica abortista en pleno Vaticano y al mes próximo el Santo Padre va a ser padrino de una boda entre lesbianas oficiada por la primera sacerdotisa católica, algunos miembros destacados del lobby gay en Argentina no lo ven tan claro. Y si no, lean, lean:
Está siendo inmenso el revuelo mediático creado por la
Aunque el P. Jorge González
Desde determinados sectores del progre-eclesialismo español se viene anunciando -o más bien deseando- la aceptación por parte del Papa de la renuncia del cardenal Rouco como arzobispo de Madrid. Su Excelencia Reverendísima cumplió 77 años el pasado 24 de agosto, así que ya lleva más de dos años de prórroga al frente de su archidiócesis. Se podría pensar que ni Benedicto XVI ni Francisco han querido “jubilarle” antes debido a su condición de presidente de la Conferencia Episcopal Española. No sabemos, aunque yo más bien creo que no, si Benedicto XVI tenía en mente ese asunto, pero hoy queda claro y diáfano que no es el caso del papa Francisco.








