Calvino decía que la Iglesia era la Madre de los creyentes y que no debía ser dividida

Viendo el absurdo revuelo que se ha montado porque la Iglesia Católica haya vuelto a decir, sobre sí misma, lo que ya dijo en el Concilio Vaticano II, no quiero ni imaginarme el cirio que tendríamos ahora si hubiera dicho lo mismo usando el lenguaje de los padres de la Iglesia y muchos santos a lo largo de la historia. Por ejemplo, ¿qué pasaría si Monseñor Levada y compañía hubieran citado a San Agustín (de cuyos escritos pretenden depender, en gran parte, Lutero y Calvino)?:

Epist 141,5
"Cualquiera, pues, que se haya separado de esta Iglesia Católica, aunque crea que vive virtuosamente, está separado de la unidad de Cristo por ese solo crimen: no alcanzará la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él."

Sermo ad Caesariensis ecclesiae plebem 6
"Fuera de la Iglesia él puede tenerlo todo menos la salvación: puede tener el honor del episcopado, puede tener los sacramentos, puede cantar el `aleluya´, puede responder `amén´, puede tener el Evangelio, puede tener y predicar la fe en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; pero nunca podrá encontrar la salvación sino en la Iglesia Católica."

Señores protestantes y adherencias agnóstico-ateas-laicistas-"progrecatólicas", ¿se sorprenden ustedes de que la Iglesia Católica siga diciendo esencialmente lo mismo ahora que hace 16 siglos? ¿y qué se supone que debemos de hacer? ¿abandonar la verdad para no molestarles?

Estimados hermanos evangélicos, de entre todos los que han reaccionado amargamente al escrito de la CDF, vosotros sois los que más afectados parecéis estar. Pero, ¿por qué no probáis a leer lo que escribió Calvino sobre la Iglesia?:

Comenzaré, pues, por el tratado de la Iglesia, en cuyo, seno Dios quiere recoger a sus hijos, y no solamente para que sean mantenidos por ella mientras son niños, sino también para que con cuidado de madre los rija y gobierne hasta que lleguen a ser hombres, consiguiendo el objetivo a que conduce la fe. Porque no es lícito a nadie separar lo que Dios unió (Mc.10,9); a saber, que la Iglesia sea la madre de todos aquellos de quienes Dios es Padre.

Y….

Ésta es la razón por la que la Iglesia se llama católica o universal, porque no es posible dividirla en dos o tres partes sin despedazar a Jesucristo, lo cual es imposible. Los elegidos de Dios están unidos de tal manera en Cristo, que así como dependen todos de una sola Cabeza, así todos ellos no constituyen más que un solo cuerpo: la misma unión que vemos existe entre los miembros del cuerpo humano. Así es que todos forman una sola cosa, viviendo de una misma fe, esperanza y caridad por el Espíritu de Dios, siendo llamados a ser herederos de la vida eterna y a participar de la gloria de Dios y de Jesucristo. Por tanto, aunque la horrible desolación que vemos por todas partes dé a entender que todo está destruido y que no queda ya Iglesia, estemos seguros de que la muerte de Cristo es fructífera, que ha de producir su efecto, y que Dios protege milagrosamente a su Iglesia, según leo fue dicho a Elías : "Yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal" (1 Re. 19, 18).

Qué cosas decía la misma persona que estaba dividiendo la Iglesia, ¿no?Sí, ya sé que no consideráis infalible a Calvino y que vosotros sólo creéis lo que interpretáis privadamente de la Escritura. Pero es que precisamente vuestro Sola Scriptura y vuesto libre examen son el mayor arma de destrucción masiva de la unidad de la Iglesia. Así que el día en que seáis capaces de celebrar un concilio ecuménico protestante para arreglar vuestras abismales diferencias doctrinales en asuntos fundamentales de la fe cristiana, podréis decir al mundo: nosotros sí somos iglesias de Cristo porque tenemos una misma fe y un mismo bautismo. Hoy no tenéis ni siquiera la misma fe sobre el bautismo. Doctrina esa, la del bautismo, que el mismísimo San Pablo consideraba como básica, elemental.

No hay ecumenismo sin verdad. Y si el espíritu ecuménico tiene que enfriarse temporalmente porque la Iglesia Católica dice la verdad, que se enfríe. Es preferible ir más despacio pero en la buena senda, a estar dando vueltas a una noria que no conduce a ningún sitio. Y si no se puede ir, pues no se va y punto. Ya se encargará el Señor de unirnos a todos llegado el momento.

Luis Fernando Pérez