Llamado a los teólogos fieles a la Iglesia
En mi post anterior, Ignasi Garrido escribió un comentario que contiene no solo una denuncia sino una llamada importante: “Lo que me preocupa es que los teólogos catalanes, que hay de muy buenos y fieles al evangelio, callen como … Ya va siendo hora que alcen la voz".
Mi respuesta fue la siguiente:
A mí los teólogos ya me dan igual. No espero “heroicidades” de ellos. Se vive muy cómodo dejando que seamos nosotros, los “ultras", quienes hagamos el trabajo “sucio".
En realidad, no me dan igual. El papel del teólogo es fundamental para la Iglesia. Así lo explica la Dei Verbum, del Concilio Vaticano II:
Los exegetas católicos, y demás teólogos deben trabajar, aunando diligentemente sus fuerzas, para investigar y proponer las Letras divinas, bajo la vigilancia del Sagrado Magisterio, con los instrumentos oportunos, de forma que el mayor número posible de ministros de la palabra puedan repartir fructuosamente al Pueblo de Dios el alimento de las Escrituras, que ilumine la mente, robustezca las voluntades y encienda los corazones de los hombres en el amor de Dios.
(DV 23)
Obviamente el concilio se refiere a los teólogos católicos. Los hay de otras creencias, cristianas o no. A los católicos les corresponde, como ustedes acaban de leer, una tarea fundamental para la vida de la Iglesia y de los fieles. Pero, como recordó Benedicto XVI, la teología no puede ser una mera herramienta transmisora de conocimientos. Debe convertirse en instrumento que ayude a vivir la fe transformando nuestras vidas. De lo contrario, ocurre esto que dijo el Papa alemán:

Germinans germinabit
Algunos medios de comunicación están manipulando, cosa habitual, las declaraciones del Papa en el avión que le llevaba de vuelta a Roma procedente de Israel. En relación al celibato, Francisco no ha hecho otra cosa que repetir lo que han dicho los papas que le precedieron. A saber, que el celibato sacerdotal no es un dogma de fe pero que él lo aprecia mucho y que es un regalo para la Iglesia. Pero es más, ha añadido que la discusión sobre el mismo no está encima de la mesa.
Siempre he dicho que la democracia tiene la “virtud” de dar a cada nación los gobernantes y representantes que se merece.
Así empezaba la redacción de la


