El amor como excusa para justificar el mal
Los precandidatos democrata¿cristianos? a la presidencia chilena mantuvieron ayer un debate público en el que abordaron la cuestión del reconocimiento civil de las uniones homosexuales. No sé si ambos son católicos, pero para el caso, da lo mismo. Claudio Orrego sostuvo la tesis de que dichas uniones deben ser reguladas por el estado pero sin llegar a considerarlas como matrimonio. Tal postura es contraria al magisterio de la Iglesia, que ha decretado que las uniones homosexuales no deben recibir ningún tipo de reconocimiento legal. Ximena Rincón, por su parte, está a favor de darle el estatus matrimonial a ese tipo de relaciones. Su argumento fue que «si hay amor», por qué negarles a los gays la posibilidad de unirse en matrimonio. Eso mismo valdría para aprobar la poligamia, la poliandria, el incesto y cualquier otra cosa que se les ocurra. “Si se aman, llamémosle matrimonio".
Desde el punto de vista de la moral cristiana, el amor, que forma parte esencial de la naturaleza divina, se ha convertido en una excusa muy socorrida para justificar lo injustificable. Por ejemplo, entre los adúlteros suele darse una relación amorosa y no meramente física. Lo mismo ocurre entre los novios que no esperan a que Dios bendiga su unión para poder ser, como dice la Escritura, una sola carne.

Siria lleva unos cuantos meses inmersa en una guerra civil -financiada desde fuera- cuyo resultado sigue siendo todavía incierto, aunque todo apunta a que el régimen dictatorial laicista puede caer. La consecuencia de esa caída será la llegada del fundamentalismo islámico al poder, lo cual acarreará, por mucho que haya urnas de por medio, que la situación de los derechos humanos y las libertades seguirán igual o peor. Para los cristianos, sin duda, mucho peor, como se ha demostrado en la vecina Iraq y va camino de demostrarse en Egipto.








