Dos más dos son cuatro y secularización más apostasía es muerte
Hay cosas que no pueden dejar de ser como son. Si a dos le sumas dos, da siempre cuatro. Si a una manzana le rompes el rabillo que la une al árbol, cae al suelo. Y si a una sociedad cristiana le quitas a Cristo y el evangelio, se va derechita hacia el abismo.
Es lo que le ocurre a España. Desde que los españoles decidieron mayoritariamente olvidarse de la fe en la que fueron bautizados y vivir sin tener en cuenta a Cristo, su evangelio y lo que enseña la Iglesia, la descomposición social es imparable. Y si no lo remedia la nueva evangelización de la que tanto se habla -veremos lo que se hace-, el resultado final será catastrófico a todos los niveles.
Porque catastrófico es que una nación se convierta en un país de ancianos, sin niños por las calles, sin jóvenes en edad de trabajar, sin familias estables y sin valores suficientes para revertir la situación. En breve publicaré una reseña del libro “El suicidio demográfico en España” de Alejandro Macarrón, editado por Homo Legens, pero ya adelanto que el mismo pone los pelos de punta a cualquiera. Lo que nos vamos a encontrar de aquí a la vuelta de la esquina si las cosas no cambian es algo que dudo que tenga parangón en la historia de este país. Baste decir que hoy nacen menos niños en España que durante el peor año de la Guerra Civil. Y que a mediados del siglo XIX, las españolas tenían más hijos cada año que los que tienen hoy, a principios del siglo XXI. Si alguien cree que eso es normal y deseable, que se lo haga mirar.

Mañana empieza la semana de oración por la unidad de los cristianos. Por si alguno no lo sabía, diremos que según la web del Vaticano, en el hemisferio norte la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se celebra tradicionalmente del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de San Pedro y la de San Pablo, que tienen un significado simbólico. En el hemisferio sur donde el mes de enero es tiempo de vacaciones de verano, las Iglesias frecuentemente adoptan otra fecha para celebrar la semana de oración, por ejemplo en torno a Pentecostés (sugerido por el movimiento Fe y Constitución en 1926) que representa también otra fecha simbólica para la unidad de la Iglesia.
Todos los asistentes a la Misa de hoy han escuchado las palabras de San Pablo a los fieles cristianos. Palabras que, como bien confesará cualquiera que se precie de ser católico, son inspiradas por el Espíritu Santo. Por tanto, no son la mera opinión particular de un apóstol, aunque ello ya debería de ser lo suficientemente valorado como para tenerlas en cuenta. No, ese párrafo leído hoy lleva la autoridad del mismísimo Espíritu Santo, tercera persona de la Trinidad, que procede del Padre y del Hijo y que junto con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria.
La Congregación para la Doctrina de la Fe ha cumplido con su deber al ordenar la retirada de un libro de un pastor metodista, Pablo Manuel Ferrer, de la editorial católica San Pablo. El pastor no es evangélico, como se asegura en muchos medios. Pertenece a lo que se conoce como protestantismo liberal, que no se diferencia gran cosa de los teólogos heterodoxo-modernistas que sufrimos desde hace décadas en la Iglesia. La lástima es que todos “nuestros” liberales no se vayan con el pastor Ferrer a su chiringuito eclesial. Y también es una lástima que John Wesley no levante la cabeza para poner a ese pastor en el lugar que se merece.
El Supremo de los Estados Unidos ha emitido una sentencia histórica por la cual las iglesias -y resto de grupos religiosos- pueden despedir a aquellos empleados por motivos de coherencia de vida, ortodoxia en su labor de enseñanza o comportamiento. En España una ex-profesora de religión católica acaba de conseguir en los tribunales que se le paguen los sueldos que no ha percibido desde el 2001, cuando el obispado de Almería decidió no renovar el permiso para que enseñara esa asignatura. La razón es que se había casado por lo civil con un divorciado. Por tanto, desde el punto de vista de la moral católica, esa mujer era, y es, una adúltera.








